Manolo Cortés ha fallecido en la noche de este sábado en Sevilla tras una enfermedad galopante que en unos meses ha acabado con la vida del maestro que tenía 68 años. Nació en Ginés (Sevilla) el 11 de junio de 1949. La vocación torera que surgió en su infancia le llevó a dejarlo todo por el toreo, al principio en un espectáculo cómico durante su adolescencia. Aquellos años de pueblos, talanqueras, viajes y experiencias le llevaron a madurar su profundo sentido del toreo y su formación como persona. Se vistió por primera vez de luces en 1965 y su debut con picadores llegó en septiembre del año siguiente en Cortegana (Huelva).

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Un novillo del Conde de la Maza puso a prueba su afición el 28 de marzo del año 67 con una grave cornada que le partió la vena safena. Pese al fuerte percance no dejó de luchar por conseguir su gran sueño: que le diera la alternativa su admirado Antonio Ordóñez, como ocurrió el 14 de marzo de 1968. El doctorado llegó en Valencia como se había ganado la temporada anterior: cinco novilladas y cinco puertas grandes en el coso de la Calle Xátiva. El maestro de Ronda le cedió la lidia de ‘Reventador’ de la ganadería de Carlos Urquijo, tarde en la que cortó una oreja. Las crónicas dicen que los trofeos podrían haber sido más de no fallar con la espada, talón de Aquiles que le acompañaría toda su carrera.

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En plena feria de San Isidro confirmó la alterativa en Las Ventas de manos Antonio Ordóñez de nuevo, su referente como torero y su padrino por partida doble. Miguel Mateo ‘Miguelín’ actuó como testigo en una tarde en la que empezó a tomar vuelo una carrera extensa llena de altibajos pero con un exquisito concepto a la hora de interpretar el toreo. La siguiente tarde que toreó en Madrid fue el 25 de mayo de la misma Feria de San Isidro, la tarde con la que ganó cartel ya que cortó tres orejas a la corrida de Antonio Pérez.

La falta de regularidad, pese a su fino corte, le llevó a acartelarse en numerosas ocasiones en corridas complicadas, de hierros poco apetecibles para los toreros de primera fila. En esa etapa empezó a navegar entre el reconocimiento de la afición por su buen gusto y la dureza de las cogidas que se empezaron a suceder. La primera cornada grave de matador de toros se la dio un toro de Pablo Romero en Pamplona en los Sanfermines de 1970.

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Ángel Luis Bienvenida dirigió su carrera artística a partir del año 71, campaña en la que empezó a salir del complicado circuito gracias a una primorosa faena firmada en Sevilla a un toro de Samuel Flores. Cortó dos orejas y consiguió el reconocimiento unánime de La Maestranza, plaza que siempre le mostró su cariño como torero sevillano; por nacimiento y por concepto. Por ese motivo fue el torero que más veces ha toreado en El Baratillo por detrás de Curro Romero.

Si en Sevilla fue querido, en Madrid fue admirado. Trenzó el paseíllo en 41 tardes en Las Ventas en las que dejó patente su oficio a la hora de enfrentarse a las corridas menos comerciales y su elegante temple con los toros con los que se pudo expresar. Fue un torero de una prodigiosa facilidad capotera, un suave poder muletero y una afición inigualable que le llevó a estar en activo casi 30 años.

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La plaza que el vio tomar la alternativa vivió una de sus cumbres como torero cuando logró dos orejas de un toro de Miura en la Feria de Julio de 1978. Vicente Zabala Portolés tituló su crónica: «Y temblaban de emoción los gitanos de Benlliure…» y en el epílogo describió la sensación con la que se iba de Valencia: «Y termino con la misma satisfacción con la que inicié esta crónica. He visto torear a Manolo Cortés con la emoción en la garganta, con el temblor de mi pluma mientras emborrona con mis pobres garabatos el papel. Yo no sé si va a repetir lo de hoy, pero esta faena me la llevo para Madrid, muy juntita a las mejores que laten en el archivo de mis sentimientos, allí a la vera del corazón».

En 1997 se despidió del toreo en activo tras una carrera extensa en la que consiguió el reconocimiento de todos sus compañeros. Después se dedicó al apoderamiento buscando siempre los toreros que tuvieran una de sus grandes virtudes: el temple, entre los que se encontraron Pepe Moral, Manuel Escribano, Tomás Campos o Salvador Vega. En la plaza y en los despachos, siempre se le recordará por su elegancia incomparable.

Desde la redacción de La Tierra del Toro queremos dar nuestro pésame a todo su familia,hasta siempre Maestro.