Importante corrida de toros de Victorino Martín con el denominador común de la buena presentación y la emoción en todos los tercios de la lidia. Casi tres horas duró el festejo que parecieron media hora, ya que tuvo mucho que analizar y en los que el aficionado no se aburrió en ningún momento.

El torero de la tarde fue sin dudas Antonio Ferrera. Volvía el de Buyonla tras un año de ausencia por lesión a una de sus plazas favoritas y lo hizo nuevamente con la corrida de Victorino, consiguió el trofeo a la mejor faena de la Feria de 2014 y 2015 con el mismo hierro, derrochando sobre el albero maestrante su maestría a la hora de lidiar los toros.

Ya lo decía el recordado maestro Chenel «Antonio Ferrera sabe torear» ¡Y como lo hizo! En su primero toreo de capa con un quite por verónicas ajustadas torerísimas y ligadas con una media enroscada a la cintura y con el segundo fue cuando demostró todo su saber para ir haciendo poco a poco al negro entrepelao hasta que lo pudo torear a placer.

Salió el primer toro y la Maestranza lo ovacionó con fuerza por su presentación. Un toro serio, bien hecho y cárdeno que desde el principio enseño su humillación y también su falta de recorrido. El toro permitió un gran tercio de varas en el que José María González toreo a caballo y fue ovacionado. En banderillas Ferrera tuvo la cortesía de invitar a Escribano y entre los dos consiguieron un lúcido tercio.

Con la muleta solo tuvo una tanda buena con la mano derecha en la que se vislumbró el gusto y el poso que ha adquirido este torero. A partir de aquí el toro se paró y se agrió y Ferrera tiró de valor para acortar las distancias y montarse encima del toro que acabó en tablas rajado.
Con el cuarto Ferrera fue haciéndolo poco a poco desde que salió siempre toreando a favor del toro. En el tercio de varas llegó a derribar de forma espectacular a Pedro Iturralde. Poco después, en banderillas se vivió el momento más emotivo de la tarde, Ferrera invitó a Manolo Montoliú, hijo del recordado Manuel Montoliú que falleció en la Real Maestranza de Caballería en 1992, a compartir reiletes, cuajando un gran tercio los dos, sobre todo el último par al quiebro cerrado en tablas puesto por Antonio Ferrera.

En la muleta comenzó desengañándolo y tragándole mucho al animal, que era encastado, pero que tenía un peligro sordo sin terminar de desplazarse. Poco a poco Ferrera fue encontrándole el sitio, las distancias y los toques hasta hacerlo embestir de manera lenta, humillado y con emoción. Fueron cuatro tandas cortas pero profundas por el lado derecho perfectas y otras dos por el izquierdo, el pitón peor del toro, que pusieron en pie a la Maestranza.

Dejó una estocada trasera y un poco tendida que hizo que el victorino tuviera una muerte de toro bravo agarrándose a la vida. Corto una oreja que debieron ser dos pero que el público no pidió con insistencia, quizás porque cada vez hay más público y menos aficionados en los tendidos.
Escribano corrió en turno con el toro de más peligro, su primero, y con el mejor de la tarde. Al segundo de la tarde lo recibió a portagayola, teniendo que «tragar paquete» ya que el toro venía muy parado, después le arreó y puso en apuros al de Gerena.

Cumplió en el tercio de varas y durante la lidia se pudo ir viendo como el toro se quedaba cada vez más corto. En banderillas, Escribano le devolvió la invitación a Ferrera, y esté puso el mejor par de los tres, al cuadrar en la cara asomándose al balcón como marcan los cánones.

Con la muleta poco se puede destacar del toro que fue la típica «alimaña» que a Victorino le sirve. El quinto de la tarde fue el mejor de la corrida, con una gran clase en su embestida. En los primeros tercios el toro estaba sin definir, aunque apuntaba a esa humillación que en la muleta demostró. En banderillas el de Gerena puso cuatro pares, ya que uno se le cayó, en los que expuso mucho.

Con la muleta el toro fue a más, comenzó a embestir con clase, muy despacio y muy largo pero requería toques precisos, muleta abajo, sin tirones y mucho temple, algo que consiguió con frecuencia Manuel Escribano. Tenía «Mudéjar» un pitón derecho soñado y un izquierdo notable. La espada le privó de una oreja al torero. Al final se ovacionó fuertemente al toro y saludó desde el tercio el torero.
Por último Paco Ureña logró con el tercero de la tarde la faena más destacada de su actuación. Su primero, también aplaudido al salir, permitió al de Lorca dejar una tanda importante de verónicas con una gran humillación. En varas se aplaudió el gran tercio realizado por Pedro Iturralde, arrancándose el toro de largo con codicia y midiendo el castigo, ya que no estaba muy sobrado de fuerzas.

La faena de muleta fue para aficionados, fue de menos a más, sin obligarle al principio y sin que tampoco tuviera un eco aparente en los tendidos, pero cuando parecía que el público iba a desconectar de la faena obligó al toro por abajo y el astado le respondió con gran clase y profundidad en la embestida. Toreó encajado en los riñones, con su particular forma de concebir el toreo que conectó rápido con el respetable. Cerró la faena con unos naturales de uno en uno a pies juntos con una estética y pureza sobresalientes. Mató bien, de una estocada arriba que le valió la oreja.
El último de la tarde fue el más sin sustancia de la tarde. El toro, de imponente presencia, recibió otra gran ovación de salida pero no tuvo raza para seguir la muleta hasta el final. Lo más destacado en la lidia de este toro lo hizo, nuevamente, Antonio Ferrera que sacó al toro del caballo con unas chicuelinas torerísimas rematadas con una media con la pierna flexionada.

Con la muleta no tuvo mucho que destacar, fue acortando el recorrido y agriándose por momentos e incluso llegó a prender al torero tras un pase de pecho, que por fortuna Paco Ureña salió ileso.
Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla
Sexta de abono. Casi lleno.
Toros de Victorino Martín. Bien presentados (aplaudidos al salir 1º, 3º y 6º) y de dispar juego. Destacó el sobresaliente 5º. Ovacionados en el arrastre 1º, 3º, 4º y 5º.
Antonio Ferrera (turquesa y oro). Saludos y oreja.
Manuel Escribano (nazareno y oro). Silencio y saludos.

Paco Ureña (caña y oro). Oreja y silencio.

Sergio Maya