Tarde agradable en cuanto a lo meteorológico y entretenida en el ruedo más por el buen hacer de los diestros acartelados que por el juego de los astados de García Jiménez que han apuntado cosas buenas pero que ninguno ha roto a embestir tal y como lo hicieron sus hermanos de camada en septiembre en el mismo escenario. Además, salió una corrida muy desigual de presentación y juego.

José Antonio Morante de la Puebla acudía a la Real Maestranza de Caballería a realizar su tercer paseíllo de la temporada en Sevilla y eso se notó en la disposición y en el compromiso que demostró en el albero el de la Puebla del Río. Con el primero de la tarde, José Antonio dejó un ramillete de buenas verónicas por ambos pitones que hacían presagiar que la tarde iba a comenzar con buen pie pero dichas ilusiones se fueron desinflando a medida que iba avanzando la lidia del astado.

Le faltó fuerza y casta para llegar al final, acortando el recorrido y perdiendo la fijeza al llegar a la muleta. Morante lo probó por ambos pitones, lo enseñó al público y tras comprobar que la faena no iba a llegar a mayores se dobló con torería con el toro para clavarle una gran estocada y provocar una fuerte ovación en los tendidos que obligaron al diestro a saludar.

Con el cuarto toro la historia cambió, y es que si con el primero empezó bien y se diluyeron las ilusiones ahora fue todo lo contrario. Salió el toro sin fijeza, quedándose corto y embistiendo muy informal, tanto es así que el de García Jiménez hizo emplearse a José Antonio Carretero que bregó magistralmente al astado. Morante cogió la espada y la muleta de manera muy decidida, tanto es así que hasta sorprendió al toro obligándole por abajo de inicio a embestir dejando dos grandes derechazos con la figura enfibrada y transmitiendo a los tendidos.

Se sacó el toro casi a los medios para continuar mandando sobre el toro, haciéndolo poco a poco, pudiéndole y sometiéndole ¡Para que luego digan que el de la Puebla es un torero artista solamente!. Dejó auténticos carteles de toros toreando al natural con la figura muy relajada y metiendo al público de lleno en la muleta. Hubo técnica, poder, corazón, gusto, compromiso y sobre todo mucha torería.

Lástima de espada porque la oreja la tenía cortada Miguel Ángel Perera corrió en suerte en primer lugar con un astado rajado, manso, y sin transmisión en su embestida. Recibió al toro de manera lucida en el capote, saliéndose a los medios ganándole pasos y demostrando a Sevilla el buen gusto que ha adquirido con el percal. Vino Perera decidido a Sevilla, una sola tarde en la temporada, y dejó al toro casi sin picar. Destacar el gran tercio de banderillas que protagonizó, una vez más, Curro Javier.

Con la muleta poco lucimiento hubo, el toro se salía de la suerte al revés, y Perera le dejaba la muleta en la cara y le ganaba el paso, pero ni así consiguió sacarle más de tres muletazos seguidos.

Con el quinto de la tarde el toro comenzó bien, volviendo a dejar al extremeño expresarse con el capote. De nuevo se dejó crudo al toro. En quites rivalizaron el propio Perera, con mucha quietud pasándose al toro de frente por la espalda, y Javier Jiménez, con unas tafalleras muy ajustadas rematadas con una buena media.

En banderillas brilló la cuadrilla entera, la lidia perfecta de Curro Javier, y las banderillas de Javier Ambel y de Guillermo Barbero. Comenzó la faena de muleta Perera con unos ayudados por alto a dos manos muy toreros, y después fue imponiendo su mando y su ritmo al toro que iba perdiendo fuelle y que en ningún momento se rebosó en la muleta.

La superioridad de Perera fue tal que se metió entre los pitones para realizar un final de faena muy «ojedista» llegando a contactar muy fuerte con los tendidos. Dejó una estocada caída y esto le privó de la petición de oreja.

El más novel Javier Jiménez dejó en el coso del Baratillo su sello de torero templado, técnico y elegante a la hora de ejecutar el toreo. Con el tercero de la tarde fue dónde más se pudo ver las condiciones del de Espartinas. Con el capote llegaron los primeros olés, saliéndose con el toro a los medios, toreando siempre a su favor y con mucho temple.

Cambió el tercio de varas dejándose al toro prácticamente sin picar, y llegó a la faena de muleta con nobleza aunque falto de casta. Jiménez no le obligó en ningún momento, con temple fue haciéndole las cosas y el toro lo agradeció. Tandas cortas, en línea recta y echándole gusto a cada pasada.

El público entró en la faena, siempre con la ligazón en las tandas. Obligó al toro por abajo y llegó el momento clave de la faena, cuando la Banda de Música del Maestro Tejera, por enésima vez en lo que va de Feria, comenzó a sonar cuando el torero estaba ya en las postrimerías de la faena, y esto hizo que alargase en exceso la misma, aunque consiguiera buenos muletazos sueltos por ambos pitones.

Pinchó, posiblemente por pasarse de faena, y dejó una buena estocada, llevándose con ello la oreja.

El último de la tarde tuvo poco que comentar, un toro con genio, sin fijeza y que no permitió que Javier Jiménez estuviera cómodo en ningún momento. A pesar de ello, el de Espartinas lo intentó dejando tandas con importancia pero sin llegar a explotar la faena. En banderillas se desmonteró Abraham Neiro.

Real Maestranza de Caballería de Sevilla
Novena de Abono. Tres cuartos de plaza.

Toros de García Jiménez, de desigual presentación y comportamiento.

Morante de la Puebla (negro y azabache). Saludos en ambos.

Miguel Ángel Perera (verde botella y oro). Saludos y saludos.

Javier Jiménez (azul y oro). Saludos y silencio.

Sergio Maya.