Andrés Roca Rey rozó la Puerta del Principe de la Real Maestranza de Caballería. Arrollador el peruano en sus dos toros sacando su versión de toreo hondo, profundo y poderoso y que la espada le privó en su segundo oponente de la posibilidad de cortar el trofeo que le quedaba para abrir tan ansiada puerta.

La corrida de Victoriano Del Río estuvo bien presentada, con algunos toros de preciosa lámina, de esos que gustan en Sevilla, aunque todos, menos el cuarto de la tarde, pecaron de una falta de raza preocupante. De los toros hay que destacar al mencionado cuarto, «Derramado» de nombre número 51, que tuvo mucha clase y bravura siendo premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.

La tarde tuvo emoción, la plaza llena hasta la bandera presentía una tarde en la que tenían que pasar cosas muy importantes, y así fue. Comenzaba la tarde con Sebastián Castella yéndose a la puerta de chiqueros, con gran mérito ya que el viento tampoco quiso perderse la tarde y molestó toda la corrida. Salió muy ajustada la porta gayola y después Castella recogió al toro toreándole en su querencia por verónicas vibrantes. El momento de mayor peligro de la tarde vino a continuación, el toro se arrancó al caballo que guardaba la puerta y que acaba de salir al ruedo derribándolo y quedando a merced el picador, José Doblado, aunque por fortuna no pasó nada. El toro tuvo genio, embestía fuerte, con fuelle hasta que el francés se impuso y el toro perdió la transmisión quedándose en nada la faena.

Con el cuarto toro, sin dudas el toro más importante de lo que va de Feria, Castella lo cuajó. Comenzó con un templado recibo capotero por verónicas saliéndose a los medios. En el caballo el toro cumplió e incluso se arrancó de largo en el segundo envite y en el tercio de banderillas ya se intuía cómo podía ser el toro. Iba largo y humillado. Brilló con los palos, sobre todo con el último par José Chacón. Castella cogió la muleta e inició la muleta con unos ayudados por alto combinándolos con trincherilllas y ayudados por bajo que llegaron a los tendidos. En los medios fue toda la faena estando cimentada en la mano derecha y en interminables cambios de mano. Fue una faena vibrante, templada, profunda, con mando de Sebastián. Si en septiembre lo bordó, hoy lo volvió a hacer. Lástima que le desarmara el toro en la última tanda, cuando más rotundo estaba, a pesar de ello el francés le dio otra tanda a favor de tablas rematada con otro cambio de mano que aún no ha acabado. Coronó la faena con unas manoletinas. La estocada cayó trasera y el descabello, hasta tres intentos, le privaron de cortar las 2 orejas.

Antes de esta faena, irrumpió en la Maestranza Roca Rey. El peruano viene pidiendo mandar y la Maestranza se rindió a sus plantas. El tercer toro fue humillador, con clase y transmisión pero que acabó rajado, siendo el típico toro manso encastado. La clave de la posterior faena fue como se cuidó al astado. Prácticamente no se le picó y sobresaliente fue la brega de Juan José Domínguez. Con estatuarios comenzó la faena el peruano rematando la primera tanda con una espaldina, ajustadisima, y un pase de pecho ligado. En ese momento el toro se rajó, yéndose a los terrenos de sol. A Roca Rey pareció no importarle y se puso firme, le plantó plana la muleta, desafío al viento y obligó al toro a seguirla con un temple y una firmeza que pusieron al público en pie. Se sucedieron las tandas por la mano derecha, profundas, despacio, emocionantes. También consiguió una tanda de naturales con la mano arrastrando y con un gusto especial. La penúltima tanda puso al público en pie, la mano baja y enlazando seis o siete derechazos ligados con un gran pase de pecho. La última fue a base de valor, circulares, arrucinas y pases de las flores. Mató recibiendo al animal y tras aguantarse en caer el público reaccionó pidiendo los dos apéndices que el presidente concedió.

El sexto no se lo puso fácil. Desde que salió apuntaba su mansedumbre y su genio. Rehuyó el caballo y se volvía del revés en banderillas. Roca Rey sabía que no lo tendría fácil y decidió imponerse obligando al toro con una tanda de derechazos muy importantes ligados y sin quitarle la franela de la cara. Ese era el secreto pero el toro cada muletazo se agriaba más y acortaba el recorrido. Cuando vio que se venía abajo la muleta se lo sacó por la espalda volviendo a sorprender y a incendiar los tendidos deseosos de ver un gran triunfo. Con la izquierda cayó la faena y la recta final tuvo emoción pero también muchos enganchones. Entró a matar, consciente de que se jugaba la oreja y con ello la Puerta del Principe, falló y comenzaron las prisas en el peruano, la única vez que se le vio impaciente. Tras varios intentos acabó con el toro malayandose de la oportunidad perdida.

Manzanares corrió en suerte con el peor lote, a pesar de ello dejó patente su firmeza y su gran momento ante dos oponentes rajados y venidos a menos. Destacó más con su primer toro, le permitió sacar tres tandas importantes, de gran belleza y estética rematadas con buenos pases de pecho. Desafió al viento y a las embestidas broncas del animal. Al llegar la cuarta tanda se acabó, se fue a tablas y el alicantino lo pasaportó con otra estocada de libro de la que nos tiene acostumbrados.

En el quinto de la tarde, otro toro rajado, Manzanares se empleó a fondo consciente de que era su último toro. Lo peleó y lo busco sin fortuna. El toro soso no permitió el lucimiento al alicantino a pesar de dejar una tanda bastante meritoria.

Plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla

Duodécima de abono. Lleno de no hay billetes.

Toros de Victoriano Del Río. Impecable presentación, le faltó raza en general. Extraordinario el cuarto premiado con la vuelta al ruedo. Devuelto el tercero de la tarde por inválido.

Sebastián Castella (malva y azabache). Silencio y vuelta al ruedo.
José María Manzanares (azul purísima y oro). Saludos y saludos.
Roca Rey (verde botella y oro). 2 orejas y saludos.