«Ven pasajero, dobla la rodilla, que en la Semana Santa de Sevilla porque ha muerto José, este año estrena, lágrimas de verdad, la Virgen de la Macarena».

A pesar de haber escrito algunas noticias ya en esta página web, es de recibo que me presente para todos aquellos que no me conozcan. Soy Francisco Urbano, y recientemente he tenido el privilegio de entrar a formar parte de esta familia taurina que son los redactores y compañeros de La Tierra del Toro. Desde Granada les contaré todo lo que pase en esta preciosa ciudad, así como en ferias cercanas a la misma.

Y creo que no hay mejor carta de presentación que unir en un artículo las que son dos de mis grandes pasiones: Tauromaquia y Semana Santa. La tercera de ellas, es la que sin duda actualmente me reporta más enfados y desilusiones, siendo mi afición al Granada Club de Fútbol una autentica penitencia en esta última temporada.

Los toreros, aunque parezcan personas hechas de otra pasta, lo dan todo por una ilusión, por una forma de vida, por una pasión y que son capaces de dar cada tarde hasta su propia vida.

Pero los toreros, cuando entrenan en el campo, ese lugar donde nadie los ve, donde sus pensamientos e ilusiones se hacen aún más fuertes esperando el día señalado en el calendario por el que merece la pena hacer todos los esfuerzos, no están solos. Siempre tienen una compañía especial, quizás la más especial de todas. Una compañía que ellos mismos piden en muchas ocasiones para que les ayude y les guíe en todo momento: Jesucristo, El Señor, El Padre, Dios. Para los toreros es una compañía que se hace amigo cuando tienen que partir desde su ciudad a otra para expresar todo lo que llevan dentro, su toreo.

Cuando llegan a esa ciudad de destino en la que tienen que torear, hay un rito en el que el torero se encomienda a ese Ser Supremo que le acompaña y le ayuda. Le reza para que todo salga bien, para que sea un día especial y que todo el esfuerzo realizado anteriormente se convierta en alegría, gloria y triunfo. Para ello, la mayoría de los toreros ponen en su misma habitación de hotel una pequeña capilla con las imágenes que normalmente les regalan familiares, amigos, o aficionados, o a las que ellos tienen más devoción.

Una vez en la plaza, van a la capilla y siguen rezándole para quizás recordarle lo que le han pedido anteriormente en su habitación. Y es que esta es una compañía muy importante para ellos, les hace fuertes en muchas ocasiones y es la que parece que les empuja a superar todos los obstáculos del camino.

Desde el Tato a Pepe Hillo, de Joselito El Gallo a Belmonte, de Pepe Luis Vázquez a Antonio Ordoñez, desde la casa Miura hasta Sebastián Castella. La mayoría de hermandades sevillanas han tenido y tienen entre sus hermanos a diferentes personas relacionadas con el mundo del toro.

La primera cofradía de la Semana, la de La Borriquita, que sale a la calle el Domingo de Ramos, cuenta con la especial querencia de muchos y variados toreros y en sus anales quedan ya los años 1992, 1993 y 1994 cuando un joven Eduardo Dávila Miura sacaba el paso como un costalero más.  Por su parte, cuenta Sebastián Castella que cada año sigue teniendo una emoción incluso mayor que a la que cuando se ajusta el traje de luces, en esos momentos en los que el Domingo de Ramos se viste la túnica y la capa de su Hermandad de la Virgen de la Estrella, a quien acompaña desde el anonimato bajo el antifaz.

Ya en la tarde del Martes Santo podemos contemplar a Nuestra Señora de Gracia, de la Hermandad de Los Javieres, con una saya de color azul pavo realizada en el año 2000 con un traje de luces donado por Curro Romero.

Pero también en este día, al ver pasar por las calles de Sevilla la Hermandad de Nuestro Padre Jesús ante Anás y María Santísima del Dulce Nombre, el recuerdo se vuelve a este gran hombre de toros que es Julio Pérez “Vito”.

Pero esta relación entre los toreros y la Semana Santa de Sevilla llega a uno de sus puntos culminantes en la tarde del Miércoles Santo con las hermandades de San Bernardo y El Baratillo. La cercanía del Matadero de Sevilla a la Hermandad de San Bernardo fue el motivo de que muchos toreros fueran hermanos de la cofradía, como Costillares y Cúchares, que murió siendo Hermano Mayor y está enterrado bajo el altar del Santísimo Cristo de la Salud. También, en el siglo XIX, el legendario Antonio Sánchez ‘El Tato’ fue Hermano Mayor de la hermandad. Además, en su nómina figuraron Pepete, Manuel y Pepe Bienvenida, Diego Puerta y la saga de los Vázquez. Pepe Luis salió de nazareno muchos años. Manolo fue Hermano Mayor y le regaló a la Virgen del Refugio el traje de su alternativa con el que se le confeccionó una saya de color blanco que luce la Virgen en su paso en la tarde del Miércoles Santo.

En este Miércoles también la Hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de la Piedad y María Santísima de la Caridad en su Soledad, conocida popularmente como El Baratillo, se puede contemplar una de las cofradías más “torera”. Dada la proximidad de la Capilla con el coso de la Real Maestranza de Caballería, antiguamente antes de la lidia los toreros solían encomendarse a la Virgen de la Caridad, que además es, desde 1939, Patrona de la Vejez del Torero.

Ejemplo también de esta unión histórica, esta hermandad tiene Carta de Hermandad con la corporación de los Maestrantes desde 1992 oficialmente, aunque ambas instituciones han estado hermanadas desde hace siglos. Por eso, no es casualidad que uno de los guiones que salen en el cortejo cofrade corresponda a los Maestrantes del coso.

Pero es que, además,  el siempre cuidado albero de la Maestranza es estrenado cada año en esta tarde del Miércoles por los nazarenos de la cofradía, pues en ese espacio se forma el numeroso cortejo de nazarenos  para salir en procesión. Asimismo, se mantiene la costumbre de que la misa previa al desfile procesional se  oficie en la propia capilla de la Plaza, en una de cuyas paredes se puede contemplar un azulejo con la imagen  de  María Santísima de la Caridad.

Como una muestra de esta unión con todo lo taurino, el Baratillo estrenó en 2002 un llamador esencialmente taurino. Se trata de un llamador del paso sobre el que reposan dos ángeles que sujetan un capote de paseo que tiene grabado en su centro la insignia de la Hermandad. Además, el ángel de la derecha lleva en la cabeza una montera. La pieza, preciosa obra del orfebre Marmolejo y donado por un hermano, contiene unos siete kilos de plata.

Entre los diestros sevillanos que fueron hermanos, destaca la devoción de “Pepe Hillo”, quien donó el 17 de abril de 1774 la imagen del Patriarca Bendito Señor San José, para su colocación en el mismo altar en que hoy se venera, y que después se incorporó como titular de esta Hermandad. En la actualidad, toreros hermanos del Baratillo recordamos a Manuel Jesús El Cid o a Morante de la Puebla, entre otros.  Por otro lado, se cuenta que Manuel Álvarez El Andaluz, hermano del Baratillo, regaló una saya a la Virgen de la Caridad. Y desde México el maestro Juan Silveti suele venir todos los años a Sevilla para salir con su hermandad. Hermano del Baratillo lo fue también su hermano, el malogrado matador de toros David Silveti. Y el hijo de éste, Diego Silveti, no olvida acercarse al Baratillo cada vez que tiene cita en el ruedo maestrante. A la Hermanadad también pertenecen jóvenes aspirantes, como Carlos Corradini, periodistas y críticos taurinos, empresarios, apoderados y un extenso número de personas familiar o profesionalmente relacionadas con la fiesta de los toros.

Y como no podía ser de otra manera, en la Madrugada del Jueves al Viernes Santo, cuando las dos Esperanzas de Sevilla salen a la calle, un amplio rosario de toreros están bajo el amparo de distintas hermandades. La dinastía de los Ordóñez, con Antonio Ordóñez, Hermano Mayor de Hermandad de la Esperanza de Triana desde 1978 hasta 1982, con Paquirri, quien fue costalero, y con Francisco Rivera Ordóñez, que ha sido miembro de su Junta de Gobierno, y costalero del paso de Cristo, ha estado muy ligada a la Hermandad del Santísimo Cristo de las Tres Caídas y Nuestra Señora de la Esperanza., a la que también pertenece el torero trianero Emilio Muñoz, que en alguna ocasión ha salido como costalero.

Antonio Ordóñez, además, fue Hermano Mayor de otra hermandad sevillana: la de la Soledad de San Lorenzo. A ella también pertenece su hermano Alfonso. Pero antes, a esta Hermandad estuvo muy ligada la familia de José Gómez, Joselito. Se cuenta que un año, a comienzos del siglo XX, esta Hermandad modificó el itinerario de regreso a su templo para poder pasar por la puerta de la Casa de Joselito, para que la Señora Gabriela pudiera rezar ante su Virgen.

La Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santísima de la Esperanza Macarena, La Macarena, tiene entre sus hermanos a diversos y populares matadores de toros: los Martín Vázquez o Andrés Luque Gago, por ejemplo.  Fue en 1920 cuando la Macarena vistió por única vez en su historia de rigoroso luto por la muerte de Joselito el Gallo. A Joselito le arrancó la vida un toro de la viuda de Ortega, quinto de la tarde, de nombre Bailaor, en la plaza de Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1920. Fue una verdadera conmoción para Sevilla y para la Hermandad macarena, a la que el torero, que fue fiscal de paso y consiliario, estaba unido por fuerte devoción. Fue él quien regaló a la Virgen las espléndidas esmeraldas que luce y que son una de sus características de exorno más conocidas a nivel popular.

La llegada del cuerpo embalsamado de Joselito a Sevilla el día 19 de mayo supuso una auténtica manifestación de dolor popular, con balcones con crespones negros y banderas a media asta. El funeral por el diestro se celebró el día 21 en la Catedral, templo reservado hasta entonces para entierros de personas regias.

Hubo voces, como es habitual con independencia de las épocas históricas, que se alzaron ante aquel dispendio devocional por el torero, pero fue el canónigo Francisco Muñoz y Pabón quien supo ahogarlas en varios artículos en su encendida defensa por celebrar las exequias del torero en el templo metropolitano.

Conocidas son las famosas esmeraldas o mariquillas, un regalo del torero y  que cada Madrugada van prendidas en el pecho de la Virgen, que aparecen además  junto a la pluma de oro que Sevilla regaló al canónigo Muñoz y Pabón. Este canónigo es muy conocido popularmente por la defensa que hizo para que los funerales por Joselito El Gallo se oficiaran en la catedral de Sevilla, que hasta entonces era honor sólo para príncipes y casas reinantes. Célebre es la bellísima fotografía de la Macarena vestida de luto riguroso a la muerte de Joselito, por una decisión llena de sensibilidad de su Junta de Gobierno de la Hermandad.

Otro torero, pariente además de Gallito, su cuñado Ignacio Sánchez Mejías llevó la Cruz de Guía de la cofradía macarena durante muchos años. Los ganaderos José Luis de Pablo-Romero y Eduardo Miura ostentaron el título de Hermano Mayor de La Macarena. Hoy entre otros miembros de la Casa Miura, Dávila Miura es uno de sus más de quince mil hermanos. Y un detalle: el compositor Abel Moreno le dedicó un pasodoble a este torero y en la composición lleva sones de la marcha “Macarena”.

Pero si Joselito se identificó siempre con la Macarena, Juan Belmonte sintió especial pasión por la hermandad de El Cachorro, a la que también están ligados Tomás y José Antonio Campuzano.

Otra hermandad de Sevilla a la que pertenecieron muchos toreros es la del Gran Poder: El Gordito, Chicuelo, Luis Fuentes Bejarano, Cayetano El Niño de la Palma (hijo), o Rafael Ortega Gallito, amortajado con la túnica de la Hermandad. En las dependencias de la Basílica del Señor del Gran Poder todavía hoy puede contemplarse la Oreja de Oro que el torero sevillano Joaquín Rodríguez “Cagancho” consiguió en una de sus temporadas en Méxicoy donó a la propia Hermandad.

Pero no solo en Sevilla se produce esta relación taurino-cofrade. En su provincia, Manuel Escribano es hermano de la Vera+Cruz de Gerena, y Olivo Soto lo es de la Hermandad del Gran Poder de Camas.

En Albacete, no podía ser menos y al igual que sucede en otras capitales españolas, los toreros tienen a su virgen predilecta, que no es otra que Ntra. Sra. Reina de la Esperanza Macarena. Manuel Jiménez «Chicuelo», Pedro Martínez «Pedres», Juan Montero, Dámaso Gonzalez, Abelardo Vergara, Juan Martínez, Manuel Caballero, Sergio Serrano, etc., son devotos de Ntra. Sra. Reina de la Esperanza Macarena, muchos de ellos, en agradecimiento, le han regalado machos, que lucieron ellos en alguna tarde importante y hoy lucen en el palio de Ntra. Sra. Reina de la Esperanza Macarena.

Cuentan que Manuel Jiménez «Chicuelo», en unos de sus viajes a América vino con dos piedras preciosas, las cuales regaló a la Virgen Esperanza Macarena albaceteña como agradecimiento, porque un día alguien le había regalado una estampa y con ella en el pecho, toreó, cosechando un gran y sonado triunfo. Actualmente esas piedras siguen en uno de sus mantos, que luce cada semana santa por las calles de Albacete.

Y en Córdoba, debemos apuntar que el Jueves Santo sale la imagen de Nuestro Padre Jesús Caído, al que tradicionalmente se han vinculado los toreros cordobeses. Entre ellos están Rafael Molina Sánchez, Lagartijo y Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete, primer y cuarto califas del toreo, que ejercieron como hermanos mayores. Esta es una tradición en la que año tras año podemos ver al maestro Enrique Ponce y a los hermanos Antonio y José Maria Tejero. Además, también están presentes los matadores de toros Rafael González Chiquilín y Sergio Sanz, y el banderillero Rafael Gago año tras año.

Y de Córdoba a Granada, donde Pedro Pérez ‘Chicote’ hace estación de penitencia con la popular cofradía de la ‘Concha’, su hermano Carlos ‘Chicote’ se viste de costalero en los pasos de la Burriquilla, Jesús de la Humildad, y Tres Caídas. Jesús Fernández ‘Yiyo’ hacía lo propio en las hermandades del Despojado y el Rosario, mientras que David Fandila `el Fandi´ sale de costalero cada Madrugada del Jueves Santo portando al Cristo de la Misericordia, más conocido como “el Silencio”.

En Almería, la Virgen de la Macarena es trasladada cada año desde la Iglesia Parroquial de San Ildefonso, donde se establece su sede canónica, hasta la capilla de la Plaza de Toros, donde se encuentra durante todos los días que dura la feria taurina, aguardando y velando por los deseos de los toreros que hasta esta capilla se acercan.

Esta tan solo es una pequeña muestra de la unión que desde hace siglos existe entre la tauromaquia y la Semana Santa, donde arte y religión se unen en un único sentimiento.