Tarde nublada, pero de temperatura agradable con un cartel muy típico de la década de los 80 y 90, aquel de los toreros banderilleros. Aquel del «No hay billetes» por la expectación del tercio de banderillas. Pero hoy Padilla, Ferrera y Escribano en el año del güasa, facebuu, y más modernidades comunes del siglo XII, no tocaron ese techo de los años de las chupas de cuero, los golf GTI, y de las vacaciones en el pueblo de la abuela. El toro de hoy, también es distinto…¡Ah! Las comparaciones son odiosas. 

Se lidiaron seis toros de Las Ramblas. Flojos y faltos de casta y raza en líneas generales.

Padilla en con su primero, lo único que pudo hacer fue compartir el tercio de banderillas, y matar de manera eficaz y en todo lo alto, al flojo y cogido con alfileres toro de Las Ramblas. El público agradeció el gesto de Padilla con una ovación al doblar el burel. Con su segundo, ni una ni dos, hasta cinco largas cambiadas con el capote para recibir al cuarto de la tarde, Jardinero. Padilla, no quería irse de vacío y protagonizó un brillante tercio de banderillas para iniciar de igual manera el tercio de muleta con las rodillas en tierra. Y lo intentó, pero todo fue un espejismo de lo que pudo ser y no fue. Toro rajado y buscando tablas al que mató de estocada tendida y un golpe de descabello, para recoger desde el tercio una ovación del público, indicativa de una reconciliación total y absoluta.

Ferrera venía con alas, y con ese duende de triunfar recientemente en la feria de abril de Sevilla bajo lección de maestro indiscutible y consumado, pero se estrelló de pleno con su primero, un toro noble, pero sin casta. Apuntó, y dejó verónicas con clase ganando terreno y compartió de igual manera el tercio de banderillas. Poco pudo hacer con la tela roja, pues cuando no hay agua en el pozo, nada de él se puede sacar. Matarlo, lo mató y bien. Con su segundo, saco de nuevo la toga, y simplemente con los lances de recibo con el capote, dejó ver en el momento que se encuentra. Banderilleó con brillantez, e hizo un inicio de muleta sacándose al toro como si nada al centro del ruedo. Naturales largos ligados, profundos, y el «olé» en el tendido, toreando para el mismo, y para el toro. Ritmo, compás y armonía con la derecha. Pausado…Cambios de mano, haciendo paradas en el tiempo, y por momentos, toreando con el alma, abandonado totalmente el cuerpo. Simplemente, Don Antonio, toreó de salón con toro pero sin toro, para pasaportarlo de una estocada en todo lo alto, y cortar una oreja de una cotización muy alta.

Manuel Escribano, está en ese proceso de recuperación de facultades. Y digno de admirar ver que sigue en el sitio y en su sitio. Su primero, de medio mejor condición que sus hermanos, dejó que Escribano hablase con su muleta, tirando con suavidad por ambos pitones. Estocada entera. Con su segundo, Escribano no quería quedarse atrás, y tras un tercio brillante de banderillas, con un último par de mucho riesgo, decidió comenzar la faena con la mano derecha, donde dejó buenos muletazos, algunos muy lentos y templados, por la condición del animal. Noble, pero muy falto de casta. Faena muy voluntariosa y medida, reconocida durante la lidia por el respetable. Templanza, y mano baja, igual que la estocada que le empañó lo visto. Ovación fuerte y calurosa.

FICHA DEL FESTEJO:

Juan José Padilla. Ovación en ambos

Antonio Ferrera. Silencio, y oreja.

Manuel Escribano. Silencio y ovación.