Javier Cano, presidente de la plaza de toros de Las Ventas.

Con su permiso señor presidente, hablaré de su nefasta presencia en el palco, en el día de ayer.

Dicen, cuentan, hablan, de sus malas intervenciones, o no intervenciones mejor dicho, en el palco de la plaza de toros de Las Ventas. Precisamente en la primera plaza del mundo, y feria más larga e importante en el orbe taurino, denegado en dos ocasiones, la concesión de la primera oreja por petición mayoritaria del respetable público. En la primera ocasión con David Fandila El Fandi, y ayer en la primera novillada, con Jesús Enrique Colombo. ¡Menudo es usted!!

Quizá usted no sepa, que una oreja en Madrid, da crédito y ambiente para el resto de la temporada, o por lo menos, es la llave y vía de negociación para otras ferias. Pero no, usted no. Y no, no y no, por sus santas narices, saltándose el artículo 81 del reglamento taurino. ¡Y punto!

Quizá usted busque otro tipo de faena, o bien otro concepto de interpretar el toreo. Pero más allá de su búsqueda, gustos personales, o la amargura interior suya, un reglamento, es o debería ser un telón de fondo, y usted está en la obligación de vigilar un espectáculo, cuidar su integridad, y tomar decisiones en momentos puntuales en pro de la tarde y no en contra. ¡No quiera ser el novio de la boda, ni el muerto del entierro!

De no ser así, y no cuidar un espectáculo, (segundo en España por debajo del fútbol) usted obtiene gratuitamente, el título de «cacique» otorgado por el público soberano asistente en plaza, o espectador, también soberano, viendo la corrida por televisión.

Simplemente, y siendo más concreto, ni usted ni otros presidentes de su corte o título «cacique» deberían ser censados de la fiesta más culta y democrática del mundo.