«El hombre propone, Dios dispone y el toro lo descompone» ese podría haber sido el titular de la tarde de hoy, 26 de mayo, en la Plaza de Toros de los Califas de Córdoba de no ser por la arrolladora actuación de Andrés Roca Rey en medio de una tarde en la que los astados de la ganadería de Zalduendo estuvieron muy por debajo de lo esperado.

El cartel, a priori, era uno de esos a los que los aficionados a este bello arte lo marcan en rojo en su calendario. Se daban cita Morante de la Puebla, José María Manzanares y el peruano Roca Rey y eso se notó en los tendidos, ya que se registró una entrada por encima de los tres cuartos de aforo, muy meritorio en Córdoba tras llevar varios años perdiendo público en la Feria. Además gran parte del público que se dio cita en los tendidos era gente muy joven, en su mayoría que asistían por primera vez a los toros esperando ver una gran tarde de toros y comprobando, después, que en el toreo dos y dos no son cuatro.

Andrés Roca Rey pasó por Córdoba como lo lleva haciendo en todas las plazas que está pisando desde que tomó la alternativa. La ciudad de la Mezquita quería verlo, y el peruano quería que lo viesen. Con su primer toro, justito de raza, motor y clase, estuvo muy variado con el capote y eso caló en el público que se pusieron desde salida a su favor. Alternó tijerillas, verónicas, delantales, chicuelinas ajustadas, saltilleras y remates por abajo con mucho sabor. Dejó crudo al toro en el caballo, consciente de que al toro no le sobraba la casta ni el motor.

Con la muleta comenzó su actuación en los medios de la plaza con un pase cambiado por la espalda de los que quitan el hipo, y encendiendo la mecha con su quietud. Fue una faena poderosa, de mano baja, de dominación que calentaron a los tendidos. El toro a medida que iba avanzando la faena perdió fuelle y fijeza, saliendo con la cara por encima del palillo de la muleta en cada pase. Con la izquierda, el peruano, dejó una buena tanda templada de mano baja. El toro no le dejó redondear la faena con un final a los que nos tiene acostumbrado el diestro, ya que se aburrió y se rajó quedándose todo en un casi. Dos pinchazos y una estocada baja sirvieron para finiquitar al toro.

Parecía que la tarde se iba de vacío con el último, un toro que embestía muy brusco, defendiéndose y soltando mucho la cara desde que salió, pero Roca Rey no estaba dispuesto a que el público se fuera con mal sabor de boca. En los primeros tercios el toro no permitió el lucimiento del peruano, y no fue hasta que llegó a la muleta cuando el público se calentó. Comenzó la faena por estatuarios hasta los medios de la plaza, con una embestida huidiza del toro. Ante la informalidad del toro, la templanza del torero, obligando al toro a seguirla.

 El secreto de la faena fue, sin duda, el temple y la firmeza. A pesar de los cabezazos del toro no le tocó la muleta hasta las últimas tandas, alargó las embestidas y tiró del toro. Sacó raza el peruano y el público enloqueció con su actuación. Acabó entre los pitones pegándose un arrimón, y tras irse a por la espada quiso rendirle homenaje a Manuel Rodríguez «Manolete» en su plaza con una tanda de manoletinas mirando a los tendidos que puso al público en pie. Una buena estocada arriba un poco trasera y dos golpes de verduguillo bastaron para que le cortara la única oreja de la tarde.

José Antonio Morante de la Puebla tuvo en su primer oponente al toro de mayor casta y clase pero también más justo de fuerzas de todo el encierro y que levantó las protestas en los tendidos. A pesar del leve castigo en varas que recibió, el animal perdió en repetidas ocasiones las manos sin que el presidente lo devolviera al corral. En banderillas se lucieron José Antonio Carretero y Araujo aunque sin llegar a saludar. Con la muleta llegó el toro sin mucha emotividad en su embestida y con varias teclas que tocar. El toro requería mando en la muleta pero sin poder obligarle demasiado porque perdía las manos. Morante puso lo que le faltaba al toro, es decir gracia. Dejó varios naturales sueltos de categoría y un par de tandas con la derecha muy estéticas y ligadas. Tuvo altibajos la faena y algún que otro enganchón, motivo por el que la faena no cobró mayor fuerza.

Con el cuarto de la tarde poco hay que contar. El toro humilló desde el principio pero no se salía de los vuelos de los engaños, reponiendo muy rápido. Morante no estuvo cómodo con él y decidió abreviar yéndose a por la espada tras enseñarlo por ambos pitones. La bronca se acrecentó por el reiterado fallo a espadas del de la Puebla del Río.

Por su parte José María Manzanares estuvo muy técnico durante toda la tarde. Su primer toro, también justo de fuerzas, le faltó motor y clase, y a pesar del buen trato tanto del propio diestro como de su cuadrilla no acabó rompiendo. Comenzó la faena confiándolo, alargándole el recorrido y sin obligarle. Ponía gusto y empaque a los muletazos el alicantino pero el toro no le regalaba unas embestidas con transmisión para llegar al público. El animal acabó muy parado una vez que Manzanares le exigió y la faena no fue a más. Con la espada un cañón como nos tiene acostumbrados el alicantino.

El quinto de la tarde tampoco dejó expresarse a José María Manzanares. Otro toro sin gracia en su embestida, sin humillar ni una sola vez y sin fijeza. Poco que destacar en los primeros tercios, aunque de nuevo todo se le hizo a favor del astado. Con la muleta Manzanares estuvo poderoso, obligando al toro a seguirla y realizando un esfuerzo con un toro que nunca se le vio metido en la muleta. Cuando la faena llegaba a su fin Manzanares sacó la raza y provocó al toro consiguiendo una tanda a regañadientes en la que le tragó alguna que otra colada. Fue una faena en la que Manzanares tuvo que desplegar toda su técnica y mando. Finalizó con otra buena estocada, aunque menos efectiva que en el segundo de la tarde.

Ficha técnica

Plaza de Toros de los Califas de Córdoba.

Segunda de abono. Más de tres cuartos de plaza.

Toros de Zalduendo. Bien presentados y de escaso juego. El mejor el primero.

Morante de la Puebla (grana y oro). Saludos y bronca.

José María Manzanares (corinto y oro). Saludos y saludos.

Roca Rey (obispo y oro). Saludos y oreja.