27 años de alternativa, cerca de 3.000 corridas de toros, récord en toros indultados y en alternativas dadas, y con la misma ambición que cuando se vistió de luces por primera vez. Este torero de Chiva, un pueblecito de Valencia, y que por nombre tiene Enrique Ponce Martínez ha cautivado a Córdoba en la tercera de abono de la Feria de Nuestra Señora de la Salud toreando, como el mismo dice en sus redes sociales, «#despacitoyacompás».

Llevaba desde 2014 sin pisar Córdoba y parecía, por su actitud en la plaza, que estaba obligado a triunfar para ganarse la repetición el año próximo. Cortó dos orejas que pudieron ser tres si el presidente hubiera correspondido a la mayoritaria petición del primer toro de la tarde. ¿Qué podemos decir de la tarde de Enrique Ponce hoy en Córdoba? Podemos calificarla de sublime, de magistral, de torería, de inteligencia, de técnica, de ambición …Le tocaron en suerte los dos toros menos malos de la corrida, o al menos eso parecían en sus manos.

El primer Juan Pedro de la tarde tuvo calidad y casta pero le faltó fondo para posibilitar a Enrique culminar la obra. Recibió al toro por verónicas acompasadas, sin bajar mucho la mano, ya que temía que el toro perdiera las manos. Le dio un escaso castigo en varas y estuvo muy encima de la lidia durante el tercio de banderillas. Comenzó Ponce la faena de muleta abriéndole los caminos al toro, alargándole las embestidas y dándole confianza. Realizó toda la faena entre las dos rallas, seguramente por lo molesto que estaba el viento durante toda la tarde. Fue una faena en la que llevó siempre al toro cosido a los vuelos de la muleta, le pudo más por el pitón derecho y lo consintió para que el toro tuviera duración. La faena fue de más a menos. Iba perdiendo fuelle el toro a medida que avanzaba la obra, y por ello Ponce relajó la figura para rematar la faena en tablas y poner lo que el toro no ponía, emoción. Dejó una estocada arriba tardando el toro al caer. El público pidió con insistencia la oreja que el presidente no le otorgó.

Con el cuarto de la tarde, Ponce salió enrabietado por la negación del trofeo en su primer toro. Recibió al toro con una larga cambiada de rodillas en el tercio, seguidas de una gran tanda de verónicas, ganándole terreno al toro y dejando lances al ralentí que pusieron al público en pie. Con el quite artístico también dejó unas chicuelinas ajustadas y con sabor. Este Juan Pedro fue el mejor de la tarde, empujó con los riñones al caballo en las dos entradas y tuvo embestidas con emoción y clase aunque no tuvo mucha duración.

Con la muleta el maestro de Chiva desplegó absolutamente todo su repertorio. Estuvo con la ambición de un novillero y con la inteligencia y la madurez de un maestro consagrado y en figura del toreo. Faena larga, con gusto, administrando al toro, con mando, con torería, y enroscándose al toro a la cintura toreando «despacito y a compás». Al final de faena el toro se paró, y Ponce con inteligencia empleó su famosa «poncina» con ayuda de los terrenos para volver a levantar al público de sus asientos. Estuvo imaginativo y original al final de la faena empleando una especie de pase de las flores con el reverso de la muleta pasándose al toro muy cerca. El remate de la obra fue cerrando al toro con unos doblones con la rodilla semiflexionadas culminadas con un abaniqueo torero. Mató de una estocada corta un tanto desprendida que tuvo mucha muerte. Esta vez el presidente no tuvo dudas y dio las dos orejas sin dudarlo permitiendo al maestro salir por la Puerta de los Califas.

El cartel lo completaban Finito de Córdoba y Cayetano Rivera Ordóñez. El primero de ellos jugaba en casa, y eso se palpaba en el ambiente. El público quería verlo, quería disfrutar con su torero y lo hizo con un gran recibo a la verónica a su primer oponente. Tuvieron empaque, gusto y sabor esas verónicas, que sin duda han sido las mejores que se han dado en la Feria. Este toro protestó en el caballo y mantuvo un comportamiento noble pero falto de raza y fondo. Destacó en banderillas su cuadrilla, tanto a la hora de parear como en la brega del «Algabeño». Con la muleta, el de Córdoba estuvo inspirado dejando destellos de su gran concepto del toreo. Rugió la plaza con su primera tanda de derechazos en los medios que tuvieron gusto y belleza. El toro fue acortando el recorrido y el motor. Dejó algunos naturales también de gran belleza y factura. Al final el toro se paró y se rajó. Tras dos pinchazos el de Juan Pedro se acobardó y se echó al refugio de las tablas.

Con el quinto el Fino también estuvo a gusto por verónicas, aunque sin alcanzar las cotas tan altas de su primer toro. Este astado se paró muy pronto, y tenía embestidas defensivas. Dejó detalles de buen gusto, muletazos sueltos por ambos pitones pero sin compactar la obra que no pudo alcanzar el lucimiento deseado. De nuevo dos pinchazos y una estocada entera para pasaportar al toro.

Cayetano Rivera Ordóñez volvió a demostrar el gran torero que es. Con su primero lanceó a la verónica buscando al toro que salía huidizo de los capotes rematando el ramillete de verónicas con una larga cambiada de rodillas en los medios y una revolera posterior. Galleó por chicuelinas para llevarlo al caballo, dónde cumplió el astado. Hay que destacar los buenos pares de banderillas a cargo de Iván García. Cayetano comenzó con un inicio muy torero. Aprovechó la movilidad inicial del toro para ligar pases con la derecha en los medios de la plaza que calentaron a los tendidos. Sin embargo, la emoción se redujo al acabarse el motor del toro. Cayetano intentaba sacar lucimiento ante la embestida sosa del toro acabándose ahí la faena. Voluntad del torero y sosería del toro. Pinchazo y media estocada tendida sirvieron para finiquitar al toro.

El último de la tarde fue devuelto a los corrales ya que al salir del segundo puyazo el toro se cayó y no pudo levantarse teniendo que ser apuntillado. En su lugar salió otro toro de Parladé con embestida sosa, y falta de clase. En banderillas se lucieron Joselito Rus y Alberto Zayas y con el percal Iván García. Cayetano sacó la raza de su padre y la clase de su abuelo y comenzó la faena con una rodilla en tierra pasando al toro. Fue sobando al toro, encelándolo, con escaso eco en los tendidos hasta que decidió apretarlo y obligarlo a repetir. El toro le respondió dejando dos buenas tandas de toreo en redondo y una tanda de naturales con alguno suelto de gran factura. De menos a más fue la faena. La estocada le valió la oreja, un gran volapié de perfecta ejecución y trasera de colocación le valió la oreja.

Ficha técnica

Plaza de toros de los Califas de Córdoba.

Tercera de abono. Media plaza.

Toros de Juan Pedro Domecq. Buena presentación. Nobles, descastados y sin fondo en general. El mejor el cuarto que fue ovacionado en el arrastre. Devuelto el sexto a los corrales.

Enrique Ponce (blanco y oro). Saludos y 2 orejas.

Finito de Córdoba (azul marino y oro). Saludos y saludos.

Cayetano (Azul pavo y oro). Saludos y oreja.

Incidencias: Se guardó un minuto de silencio por el anterior cirujano jefe de la Enfermería de Córdoba, Eugenio Arevalo, y también por el banderillero local Cristobal Molina.