El juicio paralelo de los presidentes en una plaza de toros, y más siendo de primera categoría, parece no tener techo, y así lo demostró ayer D Justo Polo en la plaza de toros de Las Ventas, con medía sonrisa irónica y con cara de «Aquí mando yo y punto»

Hay que ver cómo son algunos de los presidentes de plazas de toros de primera. Algunos, tan excéntricos como los presidentes de una comunidad de vecinos. Aunque quizá la diferencia más grande, sea que uno pone orden sacando pañuelos de colores y el otro impone el desorden cuando el vecindario le saca los colores.(Pero lo que tampoco se puede hacer, es pretender convertir en el origen de todos los problemas a quien no lo es)

Lo primero que habría que plantearse es cuál es el objetivo de un presidente en una corrida de toros (mantener y salvaguardar el espectáculo, poner rigurosidad y seriedad en una plaza de toros según sentido común y reglamento como telón de fondo, o el «aquí mando yo con cuentas pendientes con toreros y ganaderos y punto»)

Lógicamente, en Madrid hay diversidad de opiniones según quién ocupe el palco, pues hay cinco presidentes en funciones, y cada cual aplica su criterio. Un desmadre ¿Verdad? Y una locura de enfado colectivo en los tendidos tarde tras tarde para quién sostiene el espectáculo pasando por taquilla.

Don Justo, ayer quizá no fue «justo» y tenía prisa por terminar la corrida de toros, no devolviendo al sexto de Cuadri, pero la cosa es qué, José Carlos Venegas, aún toreando poco o nada, también es merecedor de tener un toro en óptimas condiciones para la lidia.