Día D y hora H para la ganadería del hierro legendario de Miura, en una tarde extremadamente calurosa en en Madrid. ¡De sol y moscas! Tres toreros, cada uno con sus circunstancias anunciados para intentar poner el broche de oro en la primera feria de la feria de San Isidro del nuevo ciclo Plaza 1. Pero…Dios propone, el hombre dispone y el toro lo descompone.

El primero de la tarde salió cogiendo el capote de Rafaelillo con cierta templanza. En el caballo y en banderillas, no mostró malas ideas, incluso tuvo buen son, pecando de tener las fuerzas «justas». En la muleta de Rafael Rubio, se desplazó en los primeros compases de faena, con cierta «suavidad» y templanza. El torero lo supo entender por ambos pitones y no le obligó en ningún momento. Quizá el público buscaba ese plus de emoción en el toro de la «A» con asas, y carecía de ello. Media estocada y dos golpes de descabello.

Rafaelillo recibió al cuarto con un farol de rodillas, pero…Rápido mostró esa falta de fuerza, tónica anterior de los toros lidiados, pero con esa característica de soltar la cara, o bien por su adn, o por síntoma de defensa. En la muleta mostró mansedumbre y un peligro menos vistoso para el tendido de lo habitual en éste tipo de toro. El murciano, muy por encima de las circunstancias y del toro, recibió un derrote seco, aparentemente sin consecuencias. Media estocada para recoger una ovación respetuosa y cariñosa desde el tendido.

El segundo (bis) de Buenavista, salió sin quererse enterar de nada. (Propio de llevar mucho tiempo en los corrales) en el caballo, picado de malas maneras, no siguió mostrando mejor condición, y así sucesivamente en banderillas. En la muleta de Eduardo, el toro mostró desde el principio por el pitón derecho, cierta condición para embestir. El torero por dicho pitón, le sacó todo lo que tenía pero sin eco y brillantez alguna.

Quinto bis de El Ventorrillo… La tarde ya pesaba en el ruedo y en los tendidos. Gran decepción para Dávila y los aficionados. (Se palpaba la apatía en los primeros tercios) El torero comenzó la faena doblándose por bajo con la mano derecha, y ahí ya se pudieron ver la virtudes del animal. Clase y nobleza. Pues visto lo visto, y vistas las virtudes del animal, Dávila se quitó el pesimismo e hizo lo propio, torear con gusto, templanza ritmo y cadencia tanto al natural, como al natural por la derecha, pues tiró la espada simulada y dejó una tanda tal cual, con  profundidad toreando para él mismo. Pinchazo y media estocada eficaz.

El tercero, fue otro toro falto de fuerzas desde sus inicios en el saludo capotero de Pinar, hasta los inicios de la faena con la muleta del torero manchego. (El público en contra) Pinar voluntarioso por ambos pitones y con ambas manos, no pudo construir esa faena propicia para llegar al tendido. Corrección y mostrarlo para justificar de alguna manera la condición del toro. Estocada y silealto.

El sexto, del hierro titular, fue en la misma línea que los anteriores de Miura. Sin opciones, sin esos mínimos para bien o para mal. Pinar prácticamente no pudo hacer nada, y simplemente lo probó por ambos pitones, y empuñó la espada de verdad para dejar una estocada en todo lo alto, aunque tuviera que dar varios golpes de descabello.

Parte médico de Rafaelillo, durante la lidia del cuarto. (En ese momento no aparentaba estar herido por hasta de toro)

FICHA DEL FESTEJO:

 Rafaelillo: Silencio y ovación

Dávila Miura: Silencio y división de opiniones.

Rubén Pinar. Silencio en ambos.