La década de los 80 en España, fue una década de cambio en la sociedad española, pero también de un gran avance tecnológico, de moda, y forma de diversión. De ahí, la llamada movida madrileña conocida en toda la geografía. Era el momento del gran cambio en los jóvenes, y no tan jóvenes. La movida fue un movimiento contracultural surgido durante los primeros años de la transición en España posfranquista.

Las chupas de cuero, mini faldas, patillas, y pantalones de campana, daban paso al mítico Golf GTI, Ford Fiesta XR2, Renault 5 Copa Turbo, o los afamados Opel Kadett GSI qué alcanzaban velocidades de vértigo, de cuando en cuando mal combinadas con los minis de calimocho, y otras sustancias nocivas liadas en papel. Pero también fue el paso de las televisiones de blanco y negro, al lujoso televisor de color y vídeo en formato Beta o VHS. ¡Toda una aventura montarte en tu coche con carácter deportivo, y calarte esa chupa de cuero negra! Pero la movida fue mucho más. Era el momento del destape, las películas eróticas, y portadas de revistas  con modelos muy ligeras de ropa, o con un desnudo integral. Momento bueno para el ladrillo, y para las playas bañadas por el mar Mediterráneo.

Pero…¿Qué pasaba en el mundo del toro? ¿Cómo giraba la tauromaquia en la plaza de toros de Las Ventas? ¿Cual era su contenido y esencia? Las Ventas, también tuvo su movida, y quizá Antoñete, fue el torero de los 80 en la movida madrileña y en su plaza.

Manolo Chopera, fue el gestor de la plaza de toros de Madrid, (Madrid Toros SA) donde abundaban la variedad de encastes, y sus toreros de referencia entre otros, eran Víctor Mendes, Francisco Ruiz Miguel, Manili, Curro Vázquez, José Luis Palomar, Julio Robles, José Antonio Campuzano, Ortega Cano…

Era otro momento, ni mejor ni peor, simplemente diferente. Era otro época, la del toreo más clásico. Era la época de toreros de culto y con personalidad, como Curro Romero o Rafael de Paula como máximo exponente. En 1982, ocurrió un acontecimiento de gran relevancia, Ruiz Miguel, Esplá y Palomar, salen en hombros junto con Victorino Martín. Era la consagración del ganadero de Galapagar, junto con el indulto del toro Belador, o Velador (según qué medio). Fue el momento de cambio de conceptos, como por ejemplo con los maestros Paco Ojeda, o Dámaso Gozález, o la actitud apabullante de Espartaco cogiendo el bastón de mando por momentos. Tiempo de distancias y colocación, según dictaba en la plaza el torero del mechón blanco, Antoñete…Yiyo de consagró como figura del toreo en 1983. Niño de la Capea en 1985 y 1988, demuestra la capacidad de maestro consagrado en dos tardes que marcan mucho su carrera. Ortega Cano, posiciona su carrera en 1986, con un toro de Baltasar Iban al que corta las dos orejas. En otoño 1987 Roberto Dominguez pega un golpe en la mesa, y se instala en la cima del toreo. De igual manera el torero gitano de Paula, en ese mismo año y en otoño, asienta su leyenda en Las Ventas, y convierte la plaza en un manicomio. En 1988, Manili abre la puerta grande con una de Miura…

Lo claro y palpable sobre el papel y en el ruedo, era la rivalidad dentro. Fuera la película era otra cosa en el trato de tú a tú. Pero enfundados en el chispeante, el amiguismo era prácticamente nulo, y las miradas perdidas en la lejanía, lo decían todo, o prácticamente todo, y antes de ese toque seco, ese clarinazo, los cigarros y su humo, eran el consuelo mientras se masticaba la tensión, minutos antes del paseíllo.

Momento de grabadoras, de locura en las redacciones de los periódicos con las crónicas y de los corrillos en los bares comentando lo mejor y lo peor de la tarde anterior.

La movida madrileña sin duda alguna, dejó un enorme legado cultural por su carácter innovador, liberalizador y moderno que supo romper con el tradicionalismo de la sociedad, y de ahí, grandes poblaciones y ciudades, tomaron el testigo al gran cambio. Barcelona, Bilbao, Málaga y en general la costa del sol, Valencia…