Quizá la más emotiva, o la de más nostalgia, pero quizá también la corrida qué seguramente nunca hubieron querido protagonizar, Enrique Ponce, Curro Díaz y Morenito de Aranda con toros de Adolfo Martín, en memoria por el aniversario de la muerte de Víctor Barrio. Arrancaba el paseíllo entre un sinfín de emociones encontradas entre público y toreros. ¡Esto es el mundo del toro! ¡Esto es el toreo! Esta es el arte más bella, de las más bellas artes, cuando en día tan señalado, fluyen tantos sentimientos ahondados en lo más profundo del corazón.

Salió el primero de la tarde para Enrique Ponce, después de las emociones encontradas y contenidas. Con el capote, el de Chiva, rápido busco el acople. El de Adolfo, simplemente cumplió en los dos siguientes tercios. Con la franela en la mano,  no quedaba otra qué apostar con un toro que se quedaba corto en el capote, pero una vez más, y sin ser repetitivos, Ponce hace el «todo» de la «nada», primero con la derecha, y posteriormente con la izquierda, donde dejó naturales con buen gusto, llevando la embestida del toro muy pulseada, y acoplandose a su escasa velocidad.. De nuevo con la mano en la derecha, fue cerrando poco a poco la faena, donde caló de manera profunda en el tendido. La principal virtud del toro, la humillación y la calidad. Oreja tras estocada donde el toro cae sin puntilla.

Ponce con su segundo, cuarto de la tarde, de igual manera buscó el acople para torear de salida con el capote. En caballo y banderillas, el toro, cumplió sin más. De escaso recorrido y sin entrega el de Adolfo, Enrique lo tuvo que poner todo con la muleta. La técnica, el alma y el corazón, para buscar la embestidas chochonas del animal, y desde ese momento, eclipsó al tendido, con una faena de magisterio de mano baja, muy elaborada. Cambios de mano, naturales de gran largura, y derechazos muy templados, fueron la composición principal de la faena.  El de chiva tras matar, tuvo que usar el descabello.

Curro Díaz, pronto caló las ideas del segundo, de peor calidad en la embestida. Y así lo siguió mostrando en el peto del caballo, y con las frías. El de Linares, comenzó domeñando la embestida por la derecha, que siendo de peor calidad, sí tenía más recorrido. Díaz, de corte artista, mostró firmeza y seguridad. Con la zurda, más de lo mismo, el toro con la cara por las nubes, y saliendo desentendido del muletazo. Estocada caída y tendida.

Con el quinto, Díaz, seguro que pretendía irse de vacío, pero el hombre propone, dios dispone, y el toro…Con el capote, el torero de Linares buscó la lucidez. En varas y en banderillas, ya el toro mostró su nula condición. Con la muleta, Curro lo intento por ambos pitones, pero sin esa lucidez que ya buscaba desde los primeros compases con el capote.

Con compas, y con gusto toreó Morenito con el capote, dándo un buen ramillete de verónicas. En el caballo, poco se le picó, y en banderillas, tuvo ese trote dulzón pero casi sin decir nada. Con la muleta, Jesús desplegó su tauromaquia de gusto con la izquierda, sintiéndose en cada natural. Con la derecha, hizo lo propio bajo su concepto, torear con ese sello característico, haciendo posteriormente un cambio de mano para seguir de nuevo con la izquierda, qué llegó fuerte al respetable y cada vez yendo la faena a más. En el último tramo de la faena, Morenito se metió entre los pitones, y buscó más la emoción que la estética.

FICHA DEL FESTEJO

Enrique Ponce: Oreja en ambos

Curro Díaz: Ovación con saludos y ovación

Morenito de Aranda: Oreja en ambos