Coso estellés,por Areizalde

Nadal ha vuelto a dar una exhibición, y lo ha hecho sobre tierra hasta cierto punto muy hispana. Los «parisiens de toute la vie» llaman a la pista suprema de Roland Garros Les Arenes. Y ello porque así nombraban a la más longeva de sus plazas, que en ese preciso punto se alzó (la otra lo hizo junto a la torre Eiffel). Me acuerdo de esta coincidencia entre deporte y tauromaquia, ya que cumple cien años el actual ruedo de Estella, segundo de los que ha tenido la ciudad. Para celebrarlo, el Club Taurino ha programado diversas actividades meritorias, a las que se sumó el Ayuntamiento suprimiendo los encierros de la Virgen del Puy, a pesar de que la empresa aportaba gratis las vaquillas. No obstante, una corrida de toros de Antonio San Román, para Curro Díaz, que sustituye a Iván Fandiño QEPD, Diego Urdiales y Javier Marín, inaugura la mini feria del centenario. Le siguen cuatro novillos de Hermanas Azcona para un mano a mano entre Juan Carlos Benítez y el Adoureño, y una corrida de José Rosa Rodrigues para los rejoneadores Joao Moura, Pablo y Gillermo Hermoso de Mendoza, más un espectáculo taurino infantil y un concurso de recortadores con reses de la empresa Macua que regenta el coso.

El coso estellés ha estado ligado siempre a la familia Hermoso de Mendoza, primero por Ciriaco, encargado de mulillas y alguacilillos dese el día de su inauguración; luego por su hijo Pablo, responsable de las mismas tareas; después por el maestro del toreo a caballo; y luego por el vástago de este y bisnieto del Ciriaco, Guillermo. También a los Marco, por el novillero Marquitos o su hijo Francisco, de alternativa. No quiero dejar de citar a Agustín Hipólito Rivero, «Facultades», la persona que más veces ha lidiado sobre su albero. Matadores estelleses aparecen citados desde 1393, como Juan Saintander. Otro, Jaime Aramburu falleció de una cornada que le propinó en Valencia un toro, también navarro, de la ganadería Guenduláin, en 1786. Les siguieron Noáin, en el XIX, o SaturioToron en los inicios del XX. Como trágica curiosidad, este coso solo ha sufrido un muerto por percance taurino. Ocurrió ni más ni menos que durante la charlotada del 4 de agosto de 1952 y no en el ruedo. Un pinchazo en la cruz fue escupido con tal fuerza que el estoque voló hasta el tendido de sombra, matando al niño Alberto Osés Abaigar, de seis años.

Hablando del sincretismo antedicho, este ruedo ligero y coquetón, aparte de su uso propio, tiene mucho que ver con el fútbol. Su constructor fue Matías Colmenares Errea, quién realizó la Cruz de Peñaguda, el primer quiosco de la ciudad del Ega, o la elogiada Teatral Estellesa. Además, sus inquietudes culturales se plasmaron en la creación del periódico La Merindad Estellesa. En Barcelona edificó el estadio Sarriá, casa de los «periquitos», y sede, tanto de la Copa Mundial de fútbol 82, como de esa disciplina en los Juegos Olímpicos. Matías logro edificar en la calle Yerri estas 3.500 localidades de tenido y 20 palcos pese a la cicatería económica de aquellos munícipes contra su proyecto de 5.000 y 80. Para ello tuvo que usar el subterfugio de invertir todo en ruedo y gradas, sin edificar corrales, por lo que el consistorio tuvo que aflojar el puño en una ampliación presupuestaria a hechos consumados.

El edificio se inauguró en septiembre, para lo que hubo que retrasar las fiestas de agosto, con dos corridas de los hierros navarros Zalduendo y Alaiza para Francisco Posada y Francisco Peralta.

Pero Matías llegaba más allá, y fue delantero titular del FC Barcelona durante nueve años, y otro más del Real Club Deportivo Español. Además, participó en muchas construcciones como la ciudad jardín Florida. No sabemos cuántas cosas otras hubiera podido aportar este estellés ya que, detenido en 1937 en la Cataluña de Companys “por español” (sic), fue asesinado en una cuneta por fuerzas frente populistas.

Pero como se trata de la celebración por cien años, quiero terminar con algo alegre, aunque contrario al sincretismo citado. Cosa de puristas que entonces existían. Cierta vez dieron invitaciones para un partido de fútbol entre los dos equipos sevillanos a Juan Belmonte, que ofreció compartir con un amigo. Y este le contestó:

—Mira Juan, te lo agradezco mucho, aunque perdona que no te acompañe. Yo, gracias a Dios, todavía sigo siendo belmontista.

Jesús Javier Corpas Mauleón, Navarra.