Arrancaba el paseíllo en Bilbao con la quinta de abono, con un cartel del culto al toro y muy de cara al aficionado con toros de la A coronada para Diego Urdiales, Manuel Escribano y Paco Ureña, que firmaron una gran tarde.

El primero de Victorino, serio como el solo, hizo honor al hierro y encaste del que precede pero en negativo. Mirón y buscando ya en el capote, queriendo llegar al cuerpo del riojano. ¡Una alimañana! Urdiales lo enseñó por ambos pitones, pero el intento y la labor imposible y lo despachó de manera certera, y el respetable se lo agradeció.

En el cuarto, Urdiales desprendió alquimia con el capote toreando por verónicas, cincelando una obra maestra,  y escuchó los fuertes olés del aficionado de Bilbao. En el  caballo, el toro ya despertó cierta expectación al igual que en el tercio de banderillas. Con la muleta, Diego pronto lo vio claro, y pronto y en la mano como diría Antoñete, conemenzó su obra maestra de corte clásico, dónde primero domeño la embestida del toro, para acto seguido torear totalmente entregado y sin dudas al natural. Tandas lentas y largas con la mano baja ovacionadas ante la miranda atenta del aficionado, que quedó eclipsado ante el torero de Arnedo. Todo temple, gusto y torería…Pinchazo y estocada.

El segundo de la tarde, salió con otro tranco, dejándose torear de salida ante el capote de Escribano (Una embestida más noble) en el caballo, y en el tercio de banderillas protagonizado por el torero, mostró fijeza y prontitud en el cite. Con la muleta, Escribano pulseó al cárdeno por el pitón izquierdo firmando naturales con mucho gusto. Un toro que con ese punto de dulzura, estuvo entre el bien y el mal de lo que se espera de  esta casa. Pinchazo, estocada baja y varios golpes de descabello.

El quinto, un cárdeno claro, fue un toro con clase. Escribano, con más confianza que en otras ocasiones tras su percance sufrido el año pasado, se pudo expresar por verónicas, y formó un lío en banderillas. Ya con la moral por las nubes, y la muleta en la mano, Manuel cinceló otra obra de diferente calibre que la de Urdiales, pero de la misma magnitud, y con el mismo calado, sobre todo desde la mitad de la faena en adelante, donde se gustó por ambos pitones, sobre todo ligando por la mano derecha, qué ahí fue donde alcanzó las cotas más altas. Estocada

El tercero de Victorino, no salió muy sobrado de fuerzas. Ureña lo toreó con compás toreando por verónicas. En el caballo, no le pegaron en exceso y en el tercio de banderillas, ya manifestó su falta de fuelle, pero evidenció que tenía cierta clase y nobleza. Con la muleta, Paco tenía el compromiso de no poderle bajar mucho la mano, y tener que perderle pasos. Con la zurda, Ureña supo mantenerse en el sitio dando el medio pecho y metiendo los riñones. Algunas series ligadas, y otros tantos muletazos sueltos todo al natural, calaron en los tendidos y tras una estocada fulminante, Matias concedió la primera oreja.

El sexto bis de el Marques de Domecq, fue el garbanzo negro de la tarde. (Indefendible el tener sobreros de otro encaste) ¿Qué podemos decir de un torero que iba con la moral por las nubes después de dar un golpe en la mesa con el tercero? Una lástima el cierre con un toro que no ofrecía nada y soltaba la cara en todo momento.

FICHA DEL FESTEJO.

Diego Urdiales. Palmas y oreja

Manuel Escribano. Ovación y oreja

Paco Ureña. Oreja y silencio