Que la tauromaquia depende de los toros no es ningún secreto, y es que si el toro se mueve, se mueve la fiesta, si el toro se para, se para la fiesta y si el toro se cae, se cae la fiesta. Pues eso es precisamente lo que ha pasado esta tarde, 26 de agosto, en Bilbao. Los toros del Puerto de San Lorenzo pecaron de falta de fuerzas, clase, motor, emoción, y en definitiva, falta de casta.

Era uno de los carteles claves de la Aste Nagusia 2017. Enrique Ponce regresaba 24 horas después de haber salido a hombros de Bilbao tras su gran faena en el día de ayer a un exigente toro de Victoriano del Río, Diego Urdiales volvía tras cortar una oreja el pasado miércoles a un toro de Victorino Martín, y Roca Rey hacía lo propio tras cortar una oreja a cada uno de sus oponentes de Jandilla del pasado martes, mientras que la ganadería del Puerto de San Lorenzo recibió el premio de la Aste Nagusia 2016 por la corrida más completa.

Lo sucedido hoy se quedó lejos de lo que se esperaba. Sólo Diego Urdiales y Roca Rey consiguieron tocar pelo del segundo y del sexto de la tarde, los toros que aguantaron unas faenas cortas y sin ser exigidos por los diestros. El tercero y el quinto de la tarde se rompieron las manos en la faena de muleta quedándose inutilizados.

Enrique Ponce, visiblemente afectado por el fallecimiento de Dámaso González, venía a Bilbao con la ilusión de repetir su éxito de ayer pero no pudo ser. Sus dos oponentes los imposibilitaron pero Enrique volvió a dejar muestras de su gran momento que conectó con los tendidos rápidamente. En el primer toro de la tarde, Ponce en los primeros tercios decidió siempre torear en favor del toro, sin atosigarle, sin exigirle, llevándolo y confiando a un toro con escasa fuerza. Con la muleta consiguió los mejores muletazos al natural, dónde el toro parecía tener un recorrido mayor que por el derecho. La naturalidad y torería de Ponce hizo que el público entrase en la faena. El final de la obra fue con media muleta, cerca de los pitones e intentando ponerle emoción al trasteo. Con la espada pinchó en primera instancia, y a la segunda le dio un espadazo efectivo. Ese pinchazo se llevó la oreja.

Con el cuarto de la tarde, Ponce tuvo que ejercer de enfermero. Un débil toro del Puerto de San Lorenzo que tuvo buen aire pero escasa transmisión imposibilitó a Ponce redondear la faena que estaba formando a base de temple, gusto y conocimiento. Tiró del toro, y cuando estaba entrando el público el toro se derrumbó en un pase y todo se vino abajo. Aquí se acabó el poco fuelle del toro, y Ponce culminó la faena entre los pitones, con pases de uno en uno, haciéndole un homenaje a Dámaso González. Gran estocada.

Diego Urdiales consiguió cortar una oreja del segundo de la tarde. Fue una faena clásica, llena de torería y de naturalidad que no se pudo completar por el poco motor del astado. Los mejores momentos llegaron por la diestra, dónde con la figura totalmente erguida y media muleta, el diestro riojano consiguió enroscarse a la cintura al noble del Puerto dando pases bellísimos. Con la zurda el toro no tenía el mismo recorrido. El temple y el no obligarle por abajo fueron las claves de la faena, ya que al toro tampoco le sobraban las fuerzas. La buena estocada le permitió cortar la oreja.

Del quinto de la tarde poco hay que comentar. Un toro deslucido, sin recorrido, sin gracia y emoción que se rompió la mano en los primeros compases de la faena de Diego Urdiales que no tuvo más remedio que abreviar, al igual que le ocurrió a Roca Rey con el tercero de la tarde, de mayor clase que el quinto, pero que igualmente se partió la mano y obligó al peruano a acabar con él.

El sexto de la tarde fue el mejor toro de la tarde. Permitió a Roca Rey lancearlo a la verónica, sin excesivo ajuste, hasta llegar a los medios. El peruano tuvo que pasar a la enfermería tras sufrir un pisotón del tercero de la tarde, y este fue el motivo de que se viese al peruano cojear durante la lidia del sexto. En la muleta, Roca Rey sacó su versión más pura. Intentó torear al toro por abajo, con temple y con muletazos profundos, que el toro aguantó en tres tandas. A partir de ahí, se paró y Roca Rey tuvo que acortar las distancias, dejándoselo llegar hasta los muslos y pasándose el toro por delante y por detrás, en muletazos menos obligados pero jaleados, en varios ocasiones. La gran estocada hizo que aflorasen los pañuelos en los tendidos concediéndose una oreja con petición de la segunda.

Ficha del festejo:

Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao.

Penúltima de la Aste Nagusia 2017. Casi tres cuartos de plaza.

Toros del Puerto de San Lorenzo. Bien presentados y escaso juego, en general.

Enrique Ponce (azul marino y oro). Ovación y ovación.

Diego Urdiales (verde hoja y oro). Oreja y silencio.

Roca Rey (grana y oro). Silencio y oreja con petición de la segunda.

Incidencias: al romper el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Dámaso González.

Sergio Maya / @sergiomaya7