Tarde de expectación en Zaragoza, lleno en los tendidos y tres toreros de gran tirón. Regresaba Padilla a una de sus plazas, y la afición maña lo sacó en volandas de la plaza tras cortar dos orejas al que hizo cuarto. Por su parte Simón también consiguió tocar pelo a base de tesón y recursos y Marín, el mejor de la tarde, consiguió rallar a gran nivel por ambos pitones, dejando claras sus intenciones en este complicado mundo del toro. La corrida de Olga y García Jiménez, falta de casta y venida menos, sirvió para el lucimiento de los toreros en cada una de sus tauromaquias.

Abrió Padilla la corrida de la prensa con una larga cambiada de rodillas, lo único a destacar en el saludo capotero. Después del tercio de varas entró López Simón a realizar un quite, eso si muy despegado del animal y sin excesiva lucidez. Padilla, siempre querido en todas las plazas, pero en esta con un marcado acento, regaló al público un par mas de banderillas de los tres reglamentarios. Ya con la muleta poco pudo hacer el jerezano, un animal falto de casta y flojo, que en varias ocasiones amagó con rajarse. Padilla, siempre en Padilla, tiró de recursos y de vistosidad ante un toro ya en tablas y con ganas de echarse. Lo mató de una media estocada tendida y su labor fue silenciada. Ya en el cuarto, un ejemplar con más movilidad que su antecesor, volvió el jerezano a deleitar a su público. Antes de salir el toro, un espontaneo se arrancó a cantar des del tendido del 8, y ya provocó las primeras palmas de la faena. Después de recibir a Fanfarrón con dos largas de rodillas y pasar desapercibido en varas, volvió a realizar una faena de las suyas. Encandiló a los espectadores que llenaban el coso de La Misericordia hoy, con pases por alto y adornos en el remate de las tandas. Mató de una estocada entera pero tendida y el palco, le concedió dos orejas, algo justas para una plaza de primera. Al término de la vuelta al ruedo algunos pitos y palmas por tango, criticaron la concesión de ese segundo trofeo, que le abre la Puerta Grande.

Por chiqueros salió el segundo de la tarde y el primero de López Simón. La faena a este segundo fue un compendio de pases sueltos, sin rematar y muy despegados de la cara del animal. Al final de faena se vivieron los mejores momentos, cuando ya en los terrenos de cercanías consiguió robarle algún muletazo templado. Una faena cargada de recursos técnicos. Después de unas ajustadas manoletinas, Simón, mató de una media desprendida y tras tres descabellos su labor quedó silenciada. En el quinto de la tarde, un toro con poca casta y venido a menos, entró Ginés Marín a realizar el quite correspondiente, pero solo pudo aliviarse ante un toro que ofrecía más bien poco. Por alto y pegado a tablas lo recibió Simón. Se situó en los medios para empezar toreando con la diestra, enseñado a embestir al animal. Ahora sí se pudo ver al torero más ajustado, enganchando delante el muletazo hasta rematarlo por bajo. Un toreo siempre muy en paralelo. Destacaron los derechazos donde sí se cruzó y expuso el pecho, al final de faena. Volvió a terminar la faena como empezó, pegado a tablas. Pinchazo y media estocada dieron paso a la oreja.

En el tercero de la tarde entró la gente de lleno en la corrida. Derribado que así se llamó el de Olga Jiménez fue un toro con trapío y apto para la lidia “moderna”, con movilidad y transmisión y con la fuerza justa para aguantar tres o cuatro pases por tanda. Lo toreó Marín despacio, girando la muñeca y rematando atrás. Los soberbios pases de pecho que remataban cada serie hacían vibrar a los tendidos. Marín que sabe lo que es triunfar en plazas grandes, hizo todo lo posible para alcanzar un nuevo éxito y lo consiguió. Su temple natural, la inteligencia y el valor que le atesoran, dejan constancia de la figura que se avecina. Lo mató de una media estocada en el sitio y de efecto fulminante. Las dos orejas que concedió el presidente le dieron derecho a salir en hombros de la plaza. Salía el sexto por toriles y Marín se disponía a revalidar lo conseguido en su primero. Pero el toro que le tocó en suerte no propició el ansiado triunfo para rematar su tarde. Una labor aseada la del extremeño. Derechazos templados y por abajo en el mismo centro del ruedo. La capacidad de este torero con la izquierda no tiene techo, los coge muy delante y termina descargándolos por abajo y hasta el final del muletazo. Gran capacidad la que ha demostrado Marín en su paso por la capital maña. En los terrenos de las cercanías mostró una gran capacidad e inteligencia. Mató de una estocada y el toro dobló en pocos minutos. Gran ovación la que se llevo el diestro.

El poco juego de los toros y la excesiva permisividad del respetable fueron los condicionantes de la última corrida a pie de la Feria del Pilar 2017. Juan José Padilla y Ginés Marín salieron en hombros por la Puerta Grande.

Ficha del festejo;

Plaza de toros de La Misericordia de Zaragoza. 8ª de abono.

Entrada: Lleno en los tendidos.

Toros de Olga y García Jiménez (5º y 6º). Flojos pero nobles, venidos a menos en líneas generales, destacando el cuarto. Excelente presentación de los seis.

Juan José Padilla, (negro y oro) ovación con saludos y dos orejas;

López Simón, (marfil y oro) silencio tras aviso y oreja;

Ginés Marín, (corinto y oro) dos orejas y ovación.

Imágenes: Simón Casas Productions.

Carlos Grasa Pejenaute/ @CarlosGrasa