En el largo y duro invierno, muchos toreros cruzan el charco y hacen temporada en América tras terminar la temporada española. Otros, después de un pequeño descanso, fraguan en el campo la temporada 2018, indagando en su concepto o tauromaquia, o simplemente por no perder el contacto con el animal en los tentaderos, y de alguna manera entrenando para no perder el ritmo.

El campo, es el laboratorio, y El Cid, con nuevos aires junto tras su cambio de apoderamiento en la temporada 2017, es de los toreros (En esta ocasión) en tomar el invierno para profundizar, indagar, y reinventar su tauromaquia tentando en diferentes ganaderías de la geografía española. En esta ocasión, en la casa de Osborne.

El de Salteras, tentó tres vacas gustándose, indagando, y sintiendo la formula mágica de su mano izquierda de cara al 2018. Pues hay manos, y «manos» con ese don especial  y esa capacidad de hacer fácil lo difícil, lo regular hacerlo bueno, y lo bueno hacerlo excelente. ¿Y lo excelente? pues lo excelente, es ser capaz de crear arte en un espectáculo, con la capacidad de poner una plaza con 24.000 almas en pie y que parezca un manicomio. Y la capacidad de poner en pie todas esas almas, y crear ate con el juego de muñeca de la mano izquierda convirtiendo una plaza de toros en una locura colectiva, esta solamente en la mano de muy pocos, siendo uno de ellos Manuel Jesús Cid, El Cid.

Pero el bueno de Manuel no estuvo solo. Estuvo tentando también dos vacas, el novillero cordobés «Lagartijo» A parte, cabe destacar la presencia en dicho tentadero, del Club Taurino de Pamplona.

Sin duda alguna, un plan perfecto para una mañana cualquiera de jueves en pleno invierno, donde el campo y su silencio, cuenta cosas que la ciudad no sabe.