Arrancaba el paseíllo  bajo el techo cubierto de la plaza de toros de Valdemorillo, en una tarde gélida para abrir la feria de San Blas. Gélida al igual que los de Montealto. Sin ese fondo de casta, clase y fijeza para poder permitir expresarse a los novilleros. Toñete, Alejandro Gardel y Angel Téllez, tuvieron la papeleta sin premio en las manos, independientemente del resultado numérico en el marcador con dos orejas cortadas. Una por Toñete premiando el esfuerzo, y otra para Gardel sin entender el por qué. Y aquí, cada uno puede sacar sus conclusiones sobre el juego de los animales, y de sus pitones claramente sospechosos de manipulación.

(Minuto de silencio tras terminar el paseíllo, por el fallecimiento del ganadero Domingo Hernández)

Toñete, segundo en el escalafón en la temporada pasada, intentó recoger de salida la sosa y distraída embestida del primero de la tarde. En el caballo, el de Montealto, sin hacer pelea se durmió en el peto del varilarguero. Con la muleta, fue un querer y no poder por parte del novillero, sin lucidez y transcendencia al tendido por la sosa pero brusca embestida del animal. Tras una faena comedida en el tiempo, Antonio Catalán despachó al primero con una estocada casi entera.

El cuarto, jabonero sucio, iba y venía así sin más. Sin clase, codicia y sin opciones de lucimiento para el novillero, y así lo cantó en el capote de Toñete. En el caballo, el de Montealto, dejó constancia de su escasez de casta. La faena de muleta, no caló en el tendido por la nula condición del novillo, y Toñete estuvo ahí intentando sacar agua de un pozo vacío con la única recompensa de las leves palmas, premiando la disposición del novillero cuando metía al novillo en la muleta. Estocada y oreja al premio por la disposición.

El segundo de la tarde, salió distraído sin querer saber nada en un principio del capote de Gardel hasta que consiguió meterlo en su jurisdicción. En el caballo, siendo una norma habitual, pues fue un puro tramite. Con ayudados por bajo comenzó Gardel la faena de muleta para situarse prácticamente en el centro del ruedo con la diestra y enjaretar un par de tandas en redondo perdiendole pasos. Con la zurda, el novillero no encontró acople y la faena no cogió vuelo quedando en un querer y no poder por la condición del animal. Reservón y sin fijeza. Tras un pinchazo, Gardel con habilidad dejó una entera y tuvo que hacer uso del descabello en reiteradas ocasiones.

¿No hay quinto malo? El de Gardel, sin ser malo, no fue bueno. En el capote del novillero, medio se dejó. En el caballo, pues…Sin más historia acudió al peto. Con la muleta, Alejandro quiso y no pudo ante una sin clase de un quinto novillo de Montealto que tenía obediencia en los toques. La espada y la abreviatura de faena, lo mejor de la misma.

El tercero de la tarde, salió con otro son, y fue recogido de salida por Téllez con cierta brillantez. En el caballo, lógicamente, el puyazo fue también un puro tramite. Aunque ese son de salida, en el tercio de banderillas se fue al traste. El burraco de Montealto, rápido bajó el cierre del kiosko sin dar opción alguna al novillero toledano y rápido tuvo que coger la espada. Angel puso voluntad y mostró las nulas opciones del novillo por ambos pitones poniéndose plomizo por momentos estirando de más una faena sin lógica. Media estocada tendida.

«Torero» sexto y último, feo de hechuras, salió sin celo ni fijeza alguna. En el caballo…Dejamos ahí los puntos suspensivos. Con la muleta, Téllez tenía una papeleta con el feo y último de la tarde. El novillo sin fijeza y sin entrega, estuvo en el ruedo sin más, desentendido totalmente de los engaños y mirando al tendido (Comportamiento inexplicable sin más)

FICHA DEL FESTEJO:

Afluencia de público, 3/4 de entrada.

Ganadería, 6 novillos de Montealto desiguales de presentación, faltos de casta y raza en líneas generales, y sin fijeza.

Toñete. Palmas y oreja

Alejandro Gardel. Palmas y oreja

Angel Téllez. Silencio en ambos.