Tres días, cinco festejos, y la lluvia presente siendo un elemento más de los mismos, en una feria de exitoso marcador de cara al inicio de temporada para los toreros consagrados, para los que fueron revelación en la temporada pasada, y para los que sin ser novedad por sus años de alternativa, hoy por hoy, son de los que apetece ver, como si fuesen jóvenes recién doctorados.

Padilla en el año de su despedida, junto con Perera, Talavante, Marín, Ponce, Ferrera, y Roca Rey, fueron los afortunados en salir por la puerta grande de la plaza de toros de Olivenza, en una feria de carácter amable dónde se impuso el toreo en sus diferentes versiones y conceptos según el coleta, con toros en líneas generales de escaso trapío, poca cara, pero por su escasa romana, con movilidad pero sin asustar y sin poner en apuros a los del chispeante. Unos reafirman los los triunfos cosechados en la temporada pasada, otros, siguen demostrando quién manda manda temporada tras temporada, y sin cruzar el umbral de la puerta grande a hombros, José Garrido, pide paso independientemente del resultado numérico.

Pero el punto, o los puntos más amargos, que siempre están escondidos detrás de la mata, pero afortunadamente salen en contadas ocasiones, son los percances de la novillera María del Mar Santos, resultando feamente cogida al entrar a matar al primero, un novillo con raza y genio de El Freixo, y Luis David Adame en su primer toro de El Tajo, en la segunda de la feria de Olivenza, recibiendo una cornada de unos siete centímetros en la axila izquierda cuando realizó la suerte suprema.

Olivenza, tiene ese peso de responsabilidad por ser una de las ferias más madrugadoras de la temporada con la prensa de por medio al pie del cañón, con carteles de campanillas para asegurar el «No hay billetes» y destinada al gran público aunque también en parte, para el aficionado. Pero por poner un «pero», en un resumen escueto de lo acontecido en la localidad y municipio español situado en la parte occidental de la provincia de Badajoz, es la escasa seriedad del toro, qué en ocasiones resta importancia de lo acontecido en el ruedo, pero al mismo tiempo, es de rigor decir, que es compensado ese «pero» por la movilidad y el juego colaborador de los animales lidiados.