En el día de ayer, quedaron destacadas las figuras de los toreros de plata, Raúl Cervantes, Juan Navazo y Niño de Santa Rita. Hoy, queda destacada la figura de Sergio Aguilar, tras la segunda novillada, y tercer festejo del ciclo fallero en Valencia.

Fue el gran acierto, pero seguramente comprometido y doloroso, tener que cambiar en la temporada 2017, los galones de oro, por los de plata. Pero la vida, muchas veces no es de la manera que la idealizamos, y la tenemos que aceptarla según viene. Aguilar, aceptó la ausencia de contratos en las grandes ferias, y no ver su nombre tampoco reflejado en los circuitos inferiores de tercera categoría. Doloroso, ¿Verdad? Quizá más doloroso, sea ver los toros en el tendido, con la resignación de lo que pudo ser y no fue. Hoy por hoy, el mundo del toro gana un gran profesional con nombre propio, y reconocido por la prensa y aficionados.

Y yendo al día de ayer en la segunda novillada del tercer festejo del ciclo fallero, (tarde larga y plomiza por el juego de los pupilos de El Juli) Aguilar, militando en las filas de Marcos, estuvo siempre bien colocado toda la tarde, y airoso y solvente con el capote. Pero la ovación más sonora y cerrada de toda la tarde, llegó en el sexto y último novillo, tras dos pares de banderillas dejándose ver, ganándole la cara al animal, sacando los brazos desde abajo, y clavando en todo lo alto de manera reunida y lucida. ¡Cumbre! Lógicamente, montera en mano, Sergio saludó al respetable.