«Y pá chulo yo, con los míos, con la negación de la primera oreja al torero de Chiva en el día de hoy, (17 de marzo de 2018) y con la consecuencia de saltarme el reglamento por ahí mismo, y punto» 

Un presidente, siempre debe proteger el espectáculo y poner cordura y coherencia en el mismo, pero nunca debe ser el protagonista yendo en contra del reglamento, y de esta manera condicionar una tarde de toros. Valencia, y esta feria de Fallas, están siendo condicionadas por los bailes de corrales por las mañanas rechazando corridas sin criterio, y por las tardes, con un criterio en el palco más propio de una persona con la imposición de imponer su ley, en vez de aplicar el reglamento con coherencia y en su justa medida.

Un mal criterio en el palco, puede marcar el devenir de una tarde en negativo, con la consecuente alteración del orden público y sin razón alguna. Y lógicamente, el cauce de las tardes, debe estar marcado por el juego de los toros, y por la capacidad de los toreros de ser capaces o no, de ver las cualidades o defectos del juego de los toros, y bajo el concepto personal de cada uno, dar color al espectáculo. El público, bajo su percepción, pondrá de manifiesto su conformidad o disconformidad según lo acontecido en el ruedo. Pero el presidente en el palco, nunca, y bajo ningún concepto, puede ser protagonista. Simplemente, debe velar en positivo por el desarrollo del festejo, poniendo ese orden y coherencia, tantas veces ausente.

La chulería e imposición con la negativa de trofeos cuando con el reglamento en mano así lo contemplan, no dan caché al espectáculo, ni elevan la categoría de la feria, ni de la plaza, y más siendo de primera. Hoy en día, las funciones funciones del presidente están reguladas en España por el ministerio del interior: Ministerio del interior (BOE Nº 56 DE 5/3/1992) real decreto 176/1992, de 28 de febrero, por el que se aprueba el reglamento de espectáculos taurinos, siendo la autoridad quién dirige la corrida de toros, coordinando las actuaciones de todos los protagonistas. En sus funciones está asesorado por un técnico taurino y un veterinario, cuyas opiniones no son vinculantes.