Ayer, en la primera novillada de la temporada venteña y tercer festejo de la misma, debutó en el palco en calidad de presidente, D. José Magán Alonso. Y con él, vino el segundo escándalo en el tercer festejo, imponiendo su criterio por encima del reglamento.

Carlos Ochoa, en su primer novillo, segundo de la tarde, tuvo en la mano la primera oreja del festejo, y también de su temporada. Y al margen de la opinión de un servidor, oreja SÍ, oreja NO, merecida o no merecida, la primera oreja según el reglamento taurino actual, la tiene que conceder el presidente, siempre y cuando, exista una petición mayoritaria por el público en los tendidos. Y ayer, la hubo. Otra cosa es la concesión de la segunda oreja, dónde ahí intervienen otros factores, y queda en potestad del presidente.

Desconozco, cual será la vara de medir de José Magán en las novilladas y corridas de toros, y de igual manera, desconozco y me quedaré con la duda, de la medición que tuvo sobre la faena de Carlos Ochoa. Pero afirmo, hubo los suficientes pañuelos para conceder el trofeo. ¿Entonces? ¿Qué pasó?

Sin duda alguna, una no concesión bajo la petición mayoritaria en una tarde pesada y plomiza, marca el devenir de la mima, y puede influir psicológicamente en los novilleros, y quizá Ochoa, ya salió marcado y algo podido en su segundo novillo, quinto de la tarde. La exigencia Magán la puso por las nubes, y no nos podemos olvidar del escalafón en el que se ubica Ochoa, ni lo que estaba presidiendo dicho presidente. Una novillada con picadores. Efectivamente, en la primera plaza del mundo, pero novillada con picadores.

Ochoa, hizo ayer el paseíllo en Las Ventas, por méritos propios tras una temporada 2017 en progresión y demostrando ganas de adquirir una mejor posición en su escalafón, pegando toques de atención en diferentes certámenes. Su actitud y ganas, siempre están presentes en cada festejo sin escatimar en jugarse el bigote en cada tarde cuando es necesario. Y ayer, con sus defectos y virtudes en una faena intermitente en intensidad y contenido, no fue menos, y firmó una muy buena tanda con la diestra. A parte, de estar participativo en quites toda la tarde, y con la habilidad de poner al novillo en suerte y no al relance y de cualquier manera.

Quedan unas cuantas novilladas por delante, antes de la Feria de San Isidro, y cada novillero, llega en una posición y número de novillas en el esportón. Es vital conocer cual es la posición de cada uno, para hacer una medición real y no bajo criterio personal y gustos de uno mismo. Pero por encima de todos los gustos, preferencias, y mediciones en el palco, está el criterio, acertado o no, de las personas que pasan por taquilla, y sostienen con su bolsillo este espectáculo. (Hablando siempre de la concesión de la primera oreja)