Los toros es emoción y a la emoción se puede llegar por muchas formas. El Juli, en su vigésimo aniversario como matador de toros, soñaba con un triunfo grande que le permitiera abrir la Puerta del Príncipe. Sin embargo lo ocurrido superó al sueño. Cuatro orejas pero por encima de eso estuvo el cómo sintió el toreo en la Maestranza. Cortó las dos primeras a ‘Chumbo’ y no se las cortó a ‘Orgullito’ porque le perdonó la vida tras romperlo por abajo.

Garcigrande tuvo una de sus mejores tardes de su historia. Salió una corrida buena que permitió no sólo el triunfo del Juli si no también la oreja de Ponce al cuarto de la tarde. La corrida tuvo un nombre, el de ‘Orgullito’ que se ganó la vida a ley, tras tragarse una gran cantidad de pases de mano baja del Juli, empujando con bollantía y calidad. La plaza al unísono pidió su indulto y el presidente accedió a ello. Tarde histórica, tarde para el recuerdo.

Con nobleza y temple salió el primero para Enrique Ponce que decidió no obligarle con la capa. Se le dio dos puyazos en el sitio pero algo largos de tiempo. Estuvo queriendo el de Chiva con la muleta, desengañando al astado, jugando con las distancias y los terrenos pero el ‘garcigrande’ fue poco agradecido al buen trato de Ponce. A regañadientes pudo sacar una tanda en redondo que produjo los primeros ‘olés’ en los tendidos. No fue larga la faena entendiendo público y torero que no había toro para más. Pinchazo hondo y varios descabellos. Silencio.

El segundo de la tarde, agradable de cara y de bonitas hechuras, embistió con temple y calidad en el capote del Juli que lo toreó por verónicas ceñidas y obligadas saliéndose a los medios. Empujó al caballo con los riñones permitiendo el lucimiento de José Antonio Barroso. Por chicuelinas ajustadas, ceñidas y de mano baja rivalizaron tanto El Juli como Talavante. En la faena de muleta el Juli entendió a la perfección al gran toro de Garcigrande. Lo toreó al ralentí, con gusto e incluso arrebatado por momentos. El toro seguía el engaño con ahínco, con celo, clase y humillación. El lado izquierdo del toro tenía más temple, el derecho más transmisión. Conjugó ambos pitones con maestría el madrileño metiéndose al público en el bolsillo. Se fue a por la espada en el momento justo, cuando el toro ya venía más parado y sin transmisión y nada más terminar un natural eterno. Con la espada, un cañón. Cayó el toro y 2 orejas.

Sin excesivo brío ni clase salió el tercero de la tarde. No pudo lucirse Talavante con el capote. Tampoco hubo nada que destacar ni en varas ni en banderillas. Con la muleta tampoco pasó nada ni el toro se entregó con el torero, ni el torero con el toro. Pinchazo y estocada. Silencio.

Le faltó fijeza de inicio al cuarto de la tarde, eso hizo que Ponce tuviera que coger las riendas de la lidia para ir metiéndolo en el engaño. Decía poco el astado en los avíos transmitiendo sosería. Decidido salió Ponce con la muleta, firme y con ganas de que Sevilla disfrutase de su toreo. El toro transmitía pero tenía un punto de mansedumbre que hacía que se saliera del engaño. Toreo vertical, girando talones, obligando al toro. Puso al público en pie en las primeras tandas en redondo. El astado protestaba, tenía su carbón pero Ponce sacó su magisterio y le sacó todo lo que tenía. Al natural el toro no tenía tanto ritmo, ni Ponce tanto poder y ese fue el motivo de volver a la diestra. Faltó redondez por culpa de las informalidades del toro. Carteles fueron los últimos pases en los medios para ir cerrando el toro con rodilla genuflexa made in Ponce. El toro acabó rajándose y Ponce dándole un estocadón. Cayó pronto y el presidente le concedió una oreja.

Con movilidad salió el quinto de la tarde al que Juli no quiso obligarlo con el capote de inicio. En el quite el Juli enseñó al toro. Lo toreó a la verónica enroscándose el toro a la cintura y el toro siguiendo el engaño con ritmo y clase. El Juli bordó el toreo con ambos pitones. Lo paladeó, lo sintió, lo acaricio, lo soñó y el toro de nombre “Orgullito” se ganó el indulto rompiéndose a embestir por abajo y al ralentí por ambos pitones. Era pronto, humillador, fijo en los engaños y tenía una transmisión fuera de lo común. El Juli fue sometiéndolo cada vez más, con muletazos rastreros enganchándolo adelante y terminando atrás, una y otra vez. Naturales a cámara lenta, redondos arrebataos. La plaza fue un clamor de pañuelos blancos pidiendo el indulto  que el presidente no tuvo más remedio que conceder por unanimidad. Indulto merecido, pocos toros son capaces de embestir de esa manera. Poco se puede describir cuando toda la plaza fue un manicomio al unísono pidiendo el indulto. 2 orejas simbólicas.

El sexto de la tarde salió con el público todavía descentrado con lo que acababa de vivir en el quinto. Sin lucimiento transcurrió los primeros tercios con permiso de dos grandes pares de banderillas a cargo de Juan José Trujillo. Sin alma anduvo Talavante con la muleta. No tuvo su tarde. El toro brusco pero sin ser un imposible. Falló a espadas. Silencio.

Ficha del festejo: 

Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 8º de abono. Lleno.

Toros de Garcigrande y Domingo Hernández. Agradables de presentación. El 5º ‘Orgullito’ fue indultado. 2º buen toro con mucha clase. 5º manso encastado.

Enrique Ponce (buganvilla y oro). Silencio y oreja.

El Juli (verde agua y oro). 2 orejas y 2 orejas simbólicas.

Alejandro Talavante (catafalco  azabache). Silenciar en ambos.

Sergio Maya / @sergiomaya7