Hay homenajes que pesan mucho. Demasiado. Homenajes que un torero, que un hombre, nunca hubiera querido dispensar. Es mejor –era mejor, por desgracia- el homenaje cotidiano del cariño, la admiración y el respeto compartido. A Iván le gustaban mucho los caballos. Y montar. Y torear a caballo. Y fueron varias las veces en que lo hicieron juntos en el campo. Ocasiones que ambos aprovechaban para hablar sobre cómo eran las cosas. A Iván le gustaba aprender de Diego y a Diego le gustaba compartir sus conocimientos con alguien de la sencilla humildad de Iván. Hubo un vínculo sincero entre ambos. Una complicidad. Una buena amistad. Por eso pesó tanto el homenaje de hoy, el refresco del recuerdo, la nostalgia doliente, la pregunta sin respuesta del por qué, ese dolor…

Pero justo por él, por Iván, trató Diego hoy, como siempre, de sacar lo mejor de sí mismo para brindárselo al amigo en su pueblo, ése que Fandiño puso en el mapa del toreo a partir de su valentía, su esfuerzo por ser y su fe en que podría ser. Y lo ha hecho a pesar de que no colaboró nada el novillo de José Luis Pereda, que no tuvo clase, que se puso por delante y no se entregó nunca. Prueba exigente, pues, para tantas novedades en la cuadra como hoy puso en liza Ventura. Era día propicio para ello. Para empezar, se estrenó Bombón de salida, cuando hasta ahora lo había utilizado en el último tercio. Y demostró pulso el caballo para domeñar las destemplanzas del novillo. Como Universo, uno de los potros que más ilusiona al rejoneador de La Puebla del Río y que se expresó con el valor necesario para llegar y dejarse llegar mucho al novillo, metérselo bajo el estribo y clavar con ajuste. Como luego Bronce, que hoy fue el veterano entre tanta novedad, y que se expresó con esa versatilidad suya para ser capaz de dominar todos los terrenos por comprometidos que éstos sean. En el último tercio, se produjo también el debut de Prestigio, otra de las incorporaciones de este 2018 que pretende resumir en su desarrollo todo lo que ha sido hasta ahora la trayectoria del torero cigarrero. Y mostró Prestigio que su nombre no lo es al azar y que en su presente hay mucha promesa con la que ilusionarse. Por ejemplo, lo despacio que llegó al novillo para que Ventura recetara un soberbio rejón, el colofón a una actuación contundente y suficiente. Brillante y de peso. Cargada de todos esos matices para buenos aficionados de los que tanto hablaron Iván y Diego en el lenguaje de la admiración y el cariño que se profesaban mutuamente. Por eso pesó hoy en el alma este homenaje que, ojalá, nunca hubiera sido necesario.