En una tarde de toros, caben muchas emociones. Tantas como aficionados entren en una plaza. Sentimientos encontrados en los, para salir por la puerta  toreando con el programa de mano en la mano. Caben también miles de sensaciones, pero la mejor sensación, es saber que has visto un espectáculo en vivo, único e irrepetible y sin guión establecido, con tres toreros con la capacidad cada uno con su concepto, de crear arte desde lo más profundo del alma, abandonando por momentos el cuerpo. Hoy, en Las Ventas, y tras una tarde cincelada por la inspiración, el público calló y gritó por lo acontecido en el ruedo. Toros, y toreros, fueron el conjunto en armonía de una gran tarde de toros.

Suelto y sin la celo acudió el primero de la tarde al capote de Ferrera. De igual manera, sin celo y sin fijeza, sorteó los tercios de varas y de banderillas, pero acudiendo con prontitud la cite de los capotes. El bueno de Antonio, de nuevo se puso la toga y el birrete, dictando una lección de cómo, dónde, y por qué, se deben y tienen que hacer las cosas. Magisterio al natural por ambas manos, reuniendo y conduciendo la embestida del animal. Tiempos medidos, midiendo distancias y alturas, (Media altura) toreando con compás y con una buena dosis de magisterio pasa él mismo con la zurda, fueron la base y el fundamento de la faena. Ah, y todo esto, con caricias al aire. Estocada

Ferrera con el cuarto de la tarde, dictó la segunda lección de su tauromaquia particular. Distancias, alturas y tiempos, de nuevo para todos aquellos que busquen un por qué, de cómo hacer las cosas ante un toro que no se empleaba, y salia suelto en todo momento. El bueno de Antonio, lo recogió de manera discreta con el capote. En varas y banderillas, el animal buscaba la huida, pero…Ferrera basó la faena en la confianza en si mismo. Toreando de salón por ambos pitones, y recreándose un su obra, pues el toro tenía una embestida pausada, para permitir relajar las muñecas. De nuevo, la inspiración de un torero renovado, al servicio de la tauromaquia. Metisaca

Manzanares, sabe acariciar, y acarició con el capote la embestida del segundo de la tarde. En el tercio de varas y banderillas, todo se hizo de manera ordenada. El punto de genio del toro de Cuvillo, le dio ese plus de importancia a lo que acontecía en el ruedo. José Mari consiguió domeñar con la franela ese puntito de genio del toro, toreando con armonía por ambos pitones. Mientras tanto, la división se hacía presente en los tendidos. El toro al sentirse podido, bajó el cierre del kiosko, y el alicantino le recetó un espadazo sello de la casa.

Bonito y armonioso saludo capotero de Manzanares al jabonero sucio. Tras el pimer encuentro con el varilarguero, el alicantino pegó otro recital de verónicas, con la melodía inconfundible de los olés de Madrid. De buena condición este «Tristón» en banderillas se deslizó por el izquierdo, y el run run se hizo latente en los tendidos. José Mari metió al toro en la franela sobandole, y al mismo tiempo, el respetable iba entrando en la faena. El toreo fundamental con profundidad por ambos pitones, fueron la estructura de la faena, intercalando cambios de mano, y rematando las tandas con pases de pecho de gran largura. La buena condición del animal, permitió el toreo, pero sin apretarle en exceso, para rematar de forma más contundentes las tandas. Estocada fulminante sin puntilla.

Serio por delante el tercero de la tarde, salió desentendido de las verónicas de Talavante. En el caballo, el castigo fue medido, y en banderillas, de igual manera, mostró rechazo durante la colocación para los palos. Talavante, desde el inicio de faena, salió con el pie pisado en el acelerador y ya en la primera tanda con la diestra y con descaro mirando al tendido, el público rugió de una manera desmesurada. Alejandro estructuró una faena basada en la improvisación por ambos pitones. Mano baja con la zurda enfrontilado con el toro, cambios de mano, doblones por bajo, fueron la medicina al movimiento y punto de casta al toro de Cuvillo. Estocada

El sexto…El sexto…De salida, marcó buen compás en las embestidas al capote de Talavante. Bien picado, y bien no es ni menos, ni más. Es la medida justa de lo que requiere cada toro por su condición. El tercio de varas bien hecho, era el presagio de…Un buen tercio de banderillas por parte de Trujillo que saludó montera en mano. ¿Y Talavante? Pues…Distancia con la diestra para citar al último de la tarde, y lío gordo ya en la segunda tanda toreando al natural, rebozándose con el toro. Embrujado el torero cincelando la obra, y el toro, entregado al artista en ciernes. Con la diestra, tiempo entre tanda y tanda sin obligar al toro, culminando la última con luquesinas tras tirar la espada simulada al suelo. ¡Esta es la magia de un espectáculo en vivo sin guión establecido con 24.000 almas con la garganta desgarrada, gritando olé!

FICHA DEL FESTEJO:

Plaza de toros de Las Ventas «No hay billetes» Toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados y de juego variado que mantuvieron la emoción del aficionado, y se prestaron para el toreo.

Ferrera. Oreja y ovación

Manzanares. Silencio y oreja

Talavante. Oreja y ovación