«Ombú» fue un oasis en el desierto de una infumable ‘Juanpedrada’ Así, sin más, ‘Juanpedrada’ en toda regla. Y «Ombú» y afirmo, un buen toro, no salvó una tarde, ni salva lo visto en el día de hoy el círculo mágico de la plaza de toros de Las Ventas. Pues un toro, tiene y debe tener unos mínimos para propiciar emoción al espectáculo. El toro que se para y no transmite, es el que no vale ni aquí, ni en Sevilla, ni en Jerez de la Frontera.

Con esos chispazos de sentimiento y sintiéndose, recibió el fino al primero de la tarde. Cuatro medias, fueron la antesala del buen presagio que trae Juan. Poco castigo en varas, la lidia con los capotazos justos en banderillas y sin tirones, y mientras tanto el fino con la muleta en la mano, eran la señal inequívoca de que el torero lo veía claro. El animal, noble y de buena condición, pero sin esos mínimos de casta. El torero catalán, dejó chispazos, buenas formas, y su sello personal toreando con las musas posadas en el hombro. Naturales sueltos, propios de carteles de toros, fueron el entrante de menú. Finito se atascó con la espada.

El fino se distingue toreando, y de calle por su elegancia, y con la elegancia propia de un torero que escapa de la vulgaridad, recibió al cuarto de la tarde por verónicas, rematandolas con una torera media. Poco castigo, y sin asfixiar al JP en banderillas, fueron la medicina al descastado animal. Suaves caricias cargadas de sabor, fue la receta de Juan al invalido. Y hoy el fino venía inspirado, y con las musas posadas en hombro para crear arte…Chispazos con duende y poco más.  Media estocada.

Román salió al ruedo con las pinturas de guerra en la cara. Dos lapas y capote a la espalda. Aturullado el recibo capotero, pero con disposición. En varas, el castigo fue medido, y en banderillas, el animal ya llevaba medio metro de lengua fuera. El toro, se desplazó por inercia en los primeros compases de la faena, con lo cual, la conexión de Román con los tendidos…Sin casta y sin clase, el de Juan Pedro deambuló por el ruedo sin ton ni son.

El quinto de la tarde, tampoco fue un derroche de codicia. Y así lo apuntó de salida. Castigo medido y soltando la cara en banderillas, síntoma de defensa…Román ejerció de nuevo la profesión de enfermero cuidando al descastado de Juan Pedro. Pero no, Román no es enfermero, y este torero luce más con otro toro. Ni dos tandas duró el moribundo animal

Con mejor son salió el tercero de la tarde, y con un buen ramillete de verónicas, recibió el mediano de los adame al jabonero claro. La vara medida en el castigo, y ausencia de capotazos absurdos, fueron la medicina para el jabonero claro. Pero sobre todo, imprimiendo mucha suavidad en todo. El mediano de la saga Adame, estructuró una faena sentida y de corazón realizando el toreo fundamental por ambos pitones. Sin tirones, sin brusquedades, sin obligar al toro… Broche de oro con bernadinas con cambio de mano incluido, fueron la eclosión total de la ralentizada faena de Luis David, ante un buen toro de Juan Pedro Domecq. Estocada

El sexto, otro infumable animal no apto para un espectáculo en vivo, cantó su condición en el saludo capotero de Luis David. Picado con mimo, y sin tirones en banderillas, fueron la medicina para un toro que buscaba el abrigo de las tablas. Luis David con la franela, mostró disposición iniciando la faena con un pase cambiado pasándose al toro por milímetros de los glúteos. Este de Parladé mostró un genio confuso, que muchos confundirían con «encastado» pero que tuvo emoción para el espectáculo, y para el mediano de los Adame. El mexicano tiró por la vía de la épica metiéndose entre los pitones mostrando firmeza y capacidad para el arrimarse en un momento dado. El bueno de los Adame, tuvo problemas con los aceros y…

Plaza de toros de Las Ventas con algo más de media plaza. ‘Juanpedrada’ tal cual, excepto el tercero de la tarde. Toro con clase, movilidad, y un puntito de casta propicio para dar emoción al espectáculo.

FICHA DEL FESTEJO

Finito de Córdoba. Silencio en ambos

Román. Silencio en ambos

Luis David Adame. Oreja y ovación con saludos