Metidos de pleno en el ecuador de la temporada, con los carteles de las ferias amables de verano encima de la mesa, llama la atención la ausencia de Alejandro Talavante en viarias ferias, siendo el triunfador de la feria de San Isidro 2018. El cual, dejó sensaciones inequívocas de su clase, en el círculo mágico de la plaza de toros de Las Ventas, hechizando al respetable. (Puerta grande incluida) ¿No es suficiente triunfar en Madrid? ¿Vale más hoy la situación actual de la tauromaquia según el sistema?

Triunfar en pleno ciclo isidril, tendría y debería ser un aval y carta de presentación de cara al resto de la temporada, y de esta manera por méritos propios, estar en las principales ferias de los meses de julio, agosto y septiembre. Y hablar de principales ferias, es hablar de ferias como mínimo en plaza de segunda categoría, y lógicamente primera.

¿Qué está sucediendo con Talavante? ¿El sistema es el culpable de su situación ingrata e injusta? Quizá tan ingrata e injusta, como la de otros toreros, cuando él sí perteneció al sistema. Esto, así tal cual, puede parecer un juego de palabras, pero es la pura y dura realidad de un gran ramillete de toreros devorados por el dichoso sistema taurino, siendo ahora Talavante una de sus victimas, con la diferencia del aval de ser el triunfador de la pasada feria de San Isidro. Todavía joderá más aún.

Algo exagerada y extremadamente rotundo, tiene y debe de pasar, para que de una vez por todas, cambie o cambiase la situación actual, no solamente de Alejandro. Hablo de la situación actual de muchos toreros con sueños rotos y desquebrajados en en mil pedazos, victimas queriendo o sin querer, de una situación actual para mirarla con lupa. Pero luego clamamos al cielo, y ponemos el grito en las redes sociales en contra de los colectivos anti taurinos, o partidos políticos no simpatizantes de la tauromaquia, cuando la verdadera miseria está dentro de las tripas del mundo del toro.

Y claro…Muy lejos quedan ya, y para el recuerdo las décadas de los 70, 80 y 90, cuando la figura actual de aquel momento, entraba o salia por méritos propios, de las grandes ferias según su actuación en el ruedo, y todo sea dicho, con un abanico abierto de encantes y ganaderías, y no siendo sota, caballo y rey, o rey, sota y caballo, tal cual pasa hoy en día. Claro, y todo esto con una rivalidad palpable en la plaza, dando un plus de emoción al espectáculo. ¡Ah! y con el aliciente de quererse medir la figura actual, con aquel torero emergente que venía apretando fuerte durante la temporada. Una pena ¿No?

De la tarta, hoy comen cinco, y no veinticinco. Prueba de ello, carteles repetitivos y ferias clonadas, sin ese factor sorpresa de la inclusión de algún torero revelación o con buenos mimbres, en algún cartel de campanillas, pá ver lo que sucede…¿Falta rivalidad y competencia? Sin duda alguna, afirmativo.

Pero sigamos con el viento que sopla del norte, o del sur, o de cualquier lugar de España, y sigamos con el dichoso y odiado «sistema». Hoy en día, triunfar o por lo menos tener una actuación notable en Madrid o Sevilla, (Dos plazas y dos ferias fundamentales en la temporada) No garantiza hacer una temporada decente y ocupar un hueco en las ferias, durante el intervalo de verano. Hoy en día las garantías son las grandes casas gestoras, con ganaderías de por medio y haciendo funciones de apoderamiento, osea un tres en uno, y ser amigo «de» con el correspondiente cambio de cromos. -Tú pones al mío, y yo pongo al tuyo- Eso queremos ¿No? Con lo cual, y me reafirmo una vez más en mis palabras escritas y habladas, el verdadero problema, no está fuera (Aunque también afecta) y realmente, lo tenemos dentro. Pues de nada sirven las fundaciones, plataformas y las firmas en defensa de nuestro patrimonio, cuando por dentro «el bicho» destruye sus propios valores. La tauromaquia con una buena dosis de autenticidad, y mostrando sus valores tal cual, no necesita estamentos internos en su defensa de ataques externos. La tauromaquia, sin el cáncer en sus entrañas queda defendida por ella misma ante cualquier situación.