Nada más regresar a los corrales con toda su vida a cuestas, «Sereno» número 9, el toro indultado por Miguel Ángel Perera ayer en La Merced, recibió las primeras atenciones y curas en la propia plaza y, nada más terminar la corrida, fue embarcado y puesto rumbo al campo, a El Toñanejo, donde ya vivirá a sus anchas hasta que el destino quiera. Antes de abandonar Huelva, el aspecto que presentaba el toro era muy bueno. Tranquilo, sereno como su nombre, igual de noble y de pronto cada vez que se le llamó, ya caída la noche, para que volviera al camión.

Aún en la misma meseta de toriles, Juan Núñez, mayoral de Torrealta, se mostró «tranquilo y confiado» en la plena recuperación del toro, ya que «las heridas que tiene no son muy profundas. No se le ha castigado mucho en el caballo y, nada más que llegue, le retiraremos las banderillas y lo curaremos cuanto antes». Los próximos pasos son «limpiarle esas heridas, aplicarle antibióticos y antiinflamatorios», según el propio mayoral, como primera medida para garantizar su recuperación. Bien ganada la tiene, como todo lo que le venga a partir de ahora, una vez que para él no hay más tiempo que todo el tiempo por delante.