La tauromaquia, en ocasiones queda descrita en momentos inenarrables e indescriptibles, y otras, en estadísticas numéricas. También puede ser el binomio de ambas. Momentos inenarrables, acompañados de cifras. Aunque una cosa, no tiene por qué ir una con la otra. ¿Y sí las unimos? En la tarde y ya metida noche de hoy en Ciudad Real, de la mano del cigarrero Ventura y de Léa Vicens, algunos de los momentos fueron así.

Abría la tarde el joven Oscar Mota. Con su primero de la tarde, el toro de su alternativa y tras la ceremonia con Ventura en calidad padrino y Vicens de testigo, Mota elaboró una faena de menos a más, con un toro de más a menos. Le puso raza, pundonor, incluso ese punto de soberbia y chulería, a veces tan necesario. Tras los dos rejones de castigo, la faena subió de tono en banderillas cambiándole los terrenos al toro, incluso clavando al quiebro al hilo de las tablas. Tras una voltereta (Fractura del peroné), clavó un par de banderillas a dos manos sin cabezada, poniendo al respetable en pie. Tras fallar con el rejón de muerte y tener que descabellar, perdió los posibles trofeos. Pero aún así el de Tarancón, dejó buen sabor de boca.

Ventura con su primero, jugó sus cartas, y las tablas tras 20 años de alternativa, son notorias. El cigarrero, hizo de las suyas encandilando una vez más al respetable. tras el fallo con el rejón de muerte, escuchó ovación. Con su segundo, Diego dominó absolutamente el escenario, conectando rápidamente con el respetable. Faena de alto voltaje haciendo gala de una gran doma y cuadra. Tras enterrar el rejón de muerte, cortó las dos orejas del manejable toro de Lora Sangrán. En el sexto, tras no poder salir Mota por su rotura de peroné, formó collera Ventura con Vicens, recordando en cierto modo las décadas de los 70, 80 y 90. Ambos, formaron un lío gordo al buen toro de Lora Sangrán. Tras matar Ventura de forma certera, ambos pasearon las orejas del sexto.

Vicens, fiel al clasicismo imprimido en la casa del maestro Peralta, elaboró una faena al primero de su lote, (tercero de la tarde) pulcra de corte clásico, malograda por el rejón de muerte. Aún así, escuchó ovación. Lea con su segundo, un toro parado y sin celo en el caballo, lo tuvo que poner todo. De igual manera, elaboró una faena basada en el clasicismo, y con esa distinción de elegancia tan propia de la rejoneadora francesa. Léa, algo tiene, que sin salirse del tiesto, y sin la espectacularidad de otros rejoneadores, (Y sin hacer comparaciones ni mucho menos) Mete rápidamente al respetable en la faena. Con este quinto de Lora Sangrán, y tras meterse al público en el bolsillo, falló de nuevo con el rejón de muerte.

En el sexto capítulo, y tras no poder salir el joven y recién doctorado Mota, formaron collera Ventura y Vicens ante un toro encastado y con raza de Lora Sangrán. Nos trajeron el recuerdo de las décadas 70, 80 y 90. Diego y Léa, Léa y Diego. La furia incontestable del cigarrero, y la elegancia con esa distinción femenina de la francesa. Muchos, lo verán un abuso. Dos contra uno. Pero el abuso es cuando no tiene ventaja el toro, y este de Sangrán tuvo ventajas y raza para acometer. Ventura y Vicens, en banderillas, uno y la otra y la otra y el uno, pusieron la plaza en pie, pero el delirio y la locura colectiva en los tendidos, llegó con las cortas. Tras enterrar Ventura el rejón de muerte, ambos pasearon las orejas del mejor toro de la tarde.

Una alternativa soñada. ¿Quién lo diría y quién la firmaría? La de Mota, ¡Claro! Pero con ese sabor agridulce, tras el percance sufrido en el primero de la tarde, y primero de su lote.  El sexto, el mejor del encierro con diferencia de Lora Sangrán, el toro segundo de Oscar, y paradojas de la vida, cayó en manos de los rejoneadores citados. Aún con todas y con estas, la vida profesionalmente hablando, empieza ahora para el rejoneador de Tarancón. Y en sus manos y en su cabeza, está su carrera. Mimbres no le faltan. Cuadra tampoco. Y fechas, ya tiene unas cuantas hasta el final de temporada. Con lo cual, de no ser hoy, será mañana. Pero lo será.

En resumidas cuentas…En tardes así, oreja arriba o abajo por los aceros, es de lo de menos, siendo lo fundamental, lo acontecido en el ruedo, lamentando lógicamente, el percance del recién doctorado.