La francesa, Léa, está en buen momento y en progresión, y eso es notorio. Atesora esa doma y ese concepto clásico de la casa Peralta, pero con un toque de modernidad y frescura por su juventud. A parte, su distinción femenina, desparpajo y elegancia, la acompañan en cada tarde. Ayer, de nuevo, lo demostró en Bilbao ante un encierro manejable de Angel Sánchez.

Vicens, tras dos faenas de gran calado llegando con fuerza al tendido, cortó una oreja de cada uno de su lote, mientras que Hermoso padre e hijo, no firmaron sus actuaciones con el rejón de muerte. Pablo, un año más no defraudó, y Guillermo en su presentación, calentó los tendidos de manera considerable, dejando gratas sensaciones.