En la quinta corrida de la temporada de Urdiales, Madrid le rindió pleitesía en el quinto de tarde, (segundo de su lote) tras una tanda de siete naturales con la zurda. La plaza, enloqueció ante el magisterio del riojano. Las Ventas, guardó similitud con un manicomio en una locura colectiva.

La tarde, tenia expectación, y en el transcurso de la misma, la materia prima de Fuente Ymbro, puso el detonante de la emoción. El riojano, puso las cotas más altas e intensas en el quinto, realizando el toreo clásico y con bragueta. Chacón con el peor lote, (dos prendas ambos) Estuvo firme en todo momento y sin volver la cara. Mora, navegó entre dos aguas con un público en contra.

Con más encaje que plasticidad, recibió Urdiales al primero de la tarde por verónicas, para acto seguido y con chicuelinas al paso, poner al toro en el caballo. El castigo comedido en el peto, dio paso al tercio de banderillas. La buena condición de «Retama» colocando la cara en los capotes durante la brega, daba buen augurio. Diego, puso una buena dosis de bragueta primeramente para dominar la muleta levantada por el fuerte viento, y también para domeñar las primeras embestidas del Fuente Ymbro. (Encastadas y prontas) El riojano, estuvo sin dudas en todo momento, y la faena aún con altibajos, tuvo la característica de la emoción. El tramo final de la faena tuvo más fuste y verdad, sobre todo con la zurda. Urdiales se vació, y tras escuchar un aviso, le recetó una estocada en todo lo alto.

El cuarto de la tarde, grande y con romana, parecía un bisonte en el capote de Urdiales. Tras los encontronazos con el caballo, este de Fuente Ymbro estaba por definir. En banderillas, «Hurón» era un interrogante, con cierta templanza, y una incógnita por despejar en manos del riojano. Diego enseguida le cogió el pulso por ambos pitones, pero la exquisitez vino al natural con una tanda de siete, parando el tiempo, mientras Madrid rugía de verdad. Con la diestra, la plaza ya convertida en un manicomio, rindió pleitesía al toreo divino y majestuoso del gran ausente en la Feria de San Isidro. Conjunción entre toro, torero y el respetable. Cada tanda, era un capítulo sin punto y final, cargado de emoción y de verdad. Cerró de manera magistral con la zurda jugando las muñecas, y doblándose con un toro con clase y emoción. Estocada.

El segundo de la tarde hizo extraños de salida, frenándose en el capote de Chacón. Tras los encuentros con el caballo, este de Fuente Ymbro, salía despavorido del peto, sin querer cuentas con los capotes. Manso, con genio, y con toda la fuerza guardada, «Soplón» cortó en banderillas. Este en la muleta, tuvo guasa y teclas para tocar en firme. Octavio, tiró de oficio, y consiguió meter al animal en la muleta. Claro, no menos sin soltar la cara en la mitad cada muletazo, incluso en una ocasión, arrollando al gaditano aunque sin consecuencias ¡Ni una embestida igual! La faena, sin un ápice de plasticidad, estuvo caracterizada por la verdad de un torero que afrontó el compromiso, con un toro que vendió cara su piel hasta el final, y no ofreció ninguna facilidad desde el inicio. Estocada.

El quinto, salió de los chiqueros con ideas aviesas, no dejándose torear de capote, y sembrando el pánico durante el tercio de varas. En banderillas, la psicosis en cierto modo, planeaba sobre el ruedo, tras las no muy buenas intenciones de «Informador» La papeleta, quedaba en un de tú a tú con Chacón en el último tercio. El gaditano, lo intentó por activa y pasiva por ambos pitones, pero el animal buscaba el abrigo de las tablas no queriendo cuentas con la muleta por su falta de casta y de raza. Todo fue un querer y no poder, pero siempre con la verdad por delante, y ofreciendo el pecho. El respetable, reconoció el esfuerzo en todo momento del torero. Estocada caso entera.

Mora, jugó los brazos y cargó la suerte en el saludo capotero por verónicas, y los olés, afloraron rápidamente en los tendidos. Tras el encuentro con el caballo, el toro mostró sus buenas virtudes colocando la cara en el capote de Carretero. Otero tras parear, saludó montera en mano, tras la ovación cerrada del respetable. Una vez con la franela en mano, David tuvo que luchar contra el viento, y las raudas y enclasadas embestidas del toro. Por otro lado, la faena estuvo caracterizada por la emoción, pero también por la desigualdad su estructura, cambiando en cada momento los terrenos al toro. el de Boróx mostró firmeza por ambos pitones, pero según sucedían las tandas y la división de opiniones en el tendido, el torero menguó en actitud. Pinchazo y estocada.

El sexto, fue devuelto al corral tras partirse la pata trasera izquierda, y en su lugar salió un sobrero de El Tajo y la Reina. Este, estuvo sin definir en los primeros tercios. Ni bueno ni malo, pero David en todo momento le dio buen trato. Con la muleta en la mano y ya entrada la noche, Mora le dio distancia al sobrero, calibrando bien la altura y no forzarle demasiado en las primeras tandas con la diestra. Con la zurda, el de Boróx estuvo firme en todo momento, ante la intransigencia de algún sector del público. Estando correcto, no encontró rescoldo en tendido y cogió la espada. ¿Qué pasó? Simplemente, la tarde no era para él. Media estocada.

FICHA DEL FESTEJO:

Plaza de toros de Las Ventas con 3/4 de entrada. Toros de Fuente Ymbro encastados en líneas generales. Mejores tercero y cuarto. El peor, el quinto; descastado. El sexto bis, un pan sin sal de El Tajo y La Reina.

Diego Urdiales. Oreja y dos orejas

Octavio Chacón. Oreja y ovación

David Mora. Pitos y silencio