Diego Ventura ya ha tomado en los últimos días su primer contacto con la Monumental Plaza México, a la que regresa después de seis años para inaugurar la Temporada Grande.
El rejoneador se encerró con tres novillos de la ganadería de Rancho Seco, que ofrecieron un juego excelente, por movilidad y clase, que le permitieron avanzar en su puesta en a punto de cara a la gran cita de mañana, y sobre todo, también en el proceso de adaptación de sus caballos a la altura mexicana.
Disfrutó el torero con el juego de los utreros de Rancho Seco y se explayó para deleite de los pocos privilegiados que le acompañaron. Tal fue la cosa, que el jinete de La Puebla del Río dio incluso rienda suelta a su impulso por torear a pie en tamaño escenario y se atrevió a parar con el capote a uno de los novillos a los que se midió. Fue una prueba extraordinaria y definitoria. El prólogo que aspira a tener ya mañana, el día de la verdad, la continuación soñada.