Hoy me entregas un sueño cumplido. Tantas veces pasé por ti como admirador de los toreros que te cautivaban y a quienes distinguías con tu cariño para siempre, esa vitola que a los toreros nos da marchamo de toreros grandes. Tantas veces estuve en ti y sentí en mí ese cariño, esa vitola y ese marchamo que te hace tan especial para mí. Para siempre ya. Porque fuiste tú quien me cautivó a mí desde el primer ole que me dedicaste aquella tarde del 4 de mayo de 2014, el día de mi alternativa, la primera de un rejoneador contigo como testigo, y ya te me has hecho del todo necesaria. ¿Cómo pretender prescindir de una emoción como la que tú provocas…? Es imposible. Por eso cada año esperaba la fecha de nuestra cita con la ilusión de la primera vez y por eso te marcaba en el calendario de mi tiempo como el horizonte de todos mis esfuerzos. Buscaba lo que necesitaba: tu cariño, tu vitola y tu marchamo.
Puedo presumir –permíteme que lo haga- de no haberme ido nunca a pie de ti. Siempre has querido dejarme flotar en el loor de tu complicidad. Por entero me di cada vez que estuve en ti y casi todo me diste tú, recompensando mis expectativas. Me faltaba alcanzar casi la cima del sueño (el de tu Puerta abierta de par en par, el sueño por excelencia, aún lo tengo pendiente) y la alcancé el año pasado. Porque es un sueño que alguien como tú me declare a mí el mejor de los rejoneadores de cuantos por ti pasamos. Ni te imaginas cuánto me sirvió saberlo y sentirme así, cuánto más torero me ha hecho sentir. Y pensaba que eso me iba a servir para este año volver al privilegio de sentirte, que otra vez podría marcarte en el calendario de mi tiempo como el horizonte de todos mis esfuerzos. No he dejado de montar a caballo ni un solo día, ni de entrenar ni un solo día, ni de trabajar duro ni un solo día, ni de tratar de aprender un solo día para cuando volviera esta primavera a ti poder darte más que nunca. Justo como mereces, justo como exiges. Pero no, no me han dejado volver a tener el pulso acelerado por tu inminencia.
Me han privado del privilegio de sentirte aun cuando me lo había ganado por derecho propio, donde siempre se ganaron los toreros su vitola y su marchamo. Este año no toreo en Sevilla y aún me cuesta entender por qué. Hay quien me dice que el toreo es así, pero
yo prefiero pensar que el toreo es de otra manera. Que tiene que ser de otra manera. Que si no, se le profana. Hoy me entregas un sueño cumplido. Hoy recojo el premio como el Mejor Rejoneador de la Feria de Abril de Sevilla de 2018. Y lo recibiré como siempre recibo tus cosas: con el alma en fiesta. Pero, aun con el premio en mis manos, hoy pisaré tu arena con un deje de tristeza clavada también en el alma porque en esos días de toros en los que tú eres más tú, yo no estaré contigo.
No es la primera vez que me pasa, pero nunca me acostumbraré a que pase. Volveremos a vernos, no lo dudes. Hasta entonces, no dejaré de montar ni un solo día, ni de entrenar ni un solo día, ni de trabajar duro ni un solo día, ni de tratar de aprender un solo día para volver mejor torero el día que me toque volver. Como tú mereces. Lo haré en busca de ese cariño, esa vitola y ese marchamo que ya me has dado y que hago mío con tu permiso siempre, Sevilla.