El primer “No hay billetes” en el coso de la Calle Xátiva, ardía la pólvora en Valencia con una figura del toreo con necesidad de reivindicar su posición, Julián López El Juli, (Aunque se llevó el peor lote) Un peruano, Andrés Roca Rey que venía con una escoba bajo el brazo para barrer dudas y con las pinturas de guerra en la cara (Este quiere mandar por lo criminal o lo civil) Complementaba el cartel el pupilo de “El Soro”, Jesús Chover, para subir un peldaño al escalafón superior. ¡Y explotó!, explotó la pólvora, la pirotecnia y los tendidos.

Chover recibió al primero de la tarde en la puerta de chiqueros a portagayola. Desde ese punto, encendió la pólvora con el capote toreando de manera vistosa al de Victoriano del Río. Airoso y solvente, llevó al animal al caballo galleando por chicuelinas, y con la misma solvencia y vistosidad, puso los palos mientras sonaba el pasodoble que portaba su mismo nombre, Jesús Chover. Tras la ceremonia de alternativa, planteó el recién doctorado una faena de tintes inteligentes en terrenos ante un buen toro, con más bondad y fijeza que transmisión. Cómodo estuvo el torero con ambas manos realizando el toreo fundamental, pero con esos chispazos explosivos más para el gran público por su vistosidad. Ahí lleva esos goterones de su mentor El Soro. Una estocada un tanto caída, puso la negativa en el palco para conceder la primera oreja.

El sexto lo recibió Chover, más caliente que el cenicero de un bingo. No podía ser menos ante la actuación del peruano. Aturullado y atropellado con el capote, puso más disposición que plasticidad y estética. El último de Cortés, recibió una lidia desordenada, o más bien caótica. Chover tenía una papeleta sumada junto con la brusquedad del animal en la embestida. Poco pudo hacer con la muleta excepto mostrar disposición pero de manera desordenada. Palmas cariñosas tras fallar con los aceros, fueron el consuelo del valenciano.

Al segundo de la tarde, lo recibía Julián recuperando la antigüedad y orden de lidia. Este de Victoriano, mostró buen son el capote y protagonizó un buen tercio de varas bajo el palo de Salvador Núñez. El Juli, sin someter en exceso al animal, le recetó una faena midiendo los tiempos, las alturas y los cites por ambos pitones. pues el animal arrastraba los cuartos traseros. El de Victoriano se quedaba en la mitad del muletazo sin poder pasar. El verbo “cuidar” fue el denominador común de la faena. Estocada defectuosa tras una entrada poco ortodoxa.

Con ritmo, compás y un tanto de mando, recibió Julián al cuarto de la tarde en el saludo capotero. Tras el encuentro con el caballo, el animal embistió con cierta templanza, pues su salida fue un tanto brusca. El torero de Velilla vio ciertas opciones, y brindó la faena de muleta al respetable. Con cierta división en los tendidos, “El Juli” cinceló una faena basada en la inteligencia y en el valor, pues el de Victoriano soltaba la cara en cada muletazo, y nunca estuvo metido del todo en la muleta. Julián le consintió, expuso y se lo dejó llegar por ambos pitones, pero…Le fue tarea imposible, aunque no escatimó en esfuerzos. Estocada vulgar en ejecución y colocación.

El tercero de la tarde del hierro de Cortés, salió con un trote cansino y tras el encuentro con el caballo, el animal se desplomó y en los tendidos hubo cierta crispación. El peruano desde el principio, supo cuidar y medir las embestidas del animal. Eso si, no escatimó en el quite por chicuelinas rematando con una larga calentando en positivo los tendidos. Tras el brindis, Andrés conectó con los tendidos dejándose llegar al animal con esos péndulos o pases cambiados por la espalda tan característicos en él. A partir de ahí, el toreo con la diestra fluyó con una tanda de gran calado. Con la zurda y con toques suaves, terminó de reventar el cuadro del coso de la Calle Xátiva. Al natural, vino la eclosión definitiva de Roca Rey. Al de Victoriano le pegó fiesta para dar y tomar, no faltando los arrimones y las morisquetas tras el toreo fundamental. Estocada al segundo encuentro.

Roca, recibió al quinto de la tarde sin escatimar en intercalar bajo la improvisación, chicuelinas tras las verónicas. Bajo el breve encuentro con el caballo, el recién doctorado fue por el mismo palo en el quite, por chicuelinas. Con la muleta, Andrés sacó toda la artillería pesada bajo los acordes de “Puerta grande” De largo, en corto, por la espalda, enfrontilado al burel, con las zapatillas atornilladas en el suelo, consintiendo en cada uno de los muletazos. Quieto, muy quieto…Pases improvisados de la capacidad de quién no duda ni un ápice. Andrés Roca, “El Rey” Aunque lo bueno llegó en el último tramo de faena al natural, y posteriormente con con la diestra. Hizo lo que quiso con el toro, y los tendidos quedaron rendidos ante quién no duda en mandar. Diez minutos de faena intensa, pasaron por alto una estocada baja del peruano.

FICHA DEL FESTEJO:

Plaza de toros de Valencia. Cartel de “No hay billetes” Toros de Victoriano del Río y Cortés, nobles y manejables, excepto el cuarto y el sexto de peor condición. El mejor, el quinto con más transmisión y codicia.

El Juli. Palmas y silencio.

Roca Rey. Oreja y dos orejas.

Jesús Chover. Vuelta al ruedo tras petición y palmas.