La tarde de ayer en Las Ventas, por unas cosas u otras, cogió ese color gris plomo del querer y no poder, o del quiero y no puedo. No verlo claro, también hace estragos en una tarde de expectación y máxima responsabilidad. Por otro lado, los toros no dieron el juego deseado. Cabe decir que al quinto y sexto, les dieron tela marinera en el caballo, y eso pasa factura en el último tercio. Estructurar una faena y refrendarla con la tizona, es fundamental en los tiempos que corren, y más cuando los toros dan mínimas opciones.

Yendo al grano, la tarde de ayer tuvo sus más y su menos, y Pepe Moral, sin estar mal, tampoco estuvo bien. Simplemente no lo tuvo su tarde, y sólo nos dejó unos goterones de su torero al inicio de la faena del tercero de la tarde, y algún natural suelto en el quinto. El torero de Los Palacios, tiene esa esencia de «sevillanía», tan distintiva y tan característica de los toreros hispalenses, pero que en la tarde de ayer, navegó sin rumbo entre dos aguas, y precisamente turbias.

Madrid pesa, y una corrida de Victorino Martín, también. Con lo cual, una corrida de este hierro en Las Ventas, pesa quizá el doble. Estar fresco de mente, y en plenas facultades, es fundamental en una tarde de este calibre, y más cuando el respetable en un momento dado, puede tomar partido por el toro. Pero todavía, puede pesar un tanto más, cuando cuando quieres y no puedes, o cuando puedes por tu concepto y valor, pero quizá no lo ves claro. Todo esto, todavía es más plomizo y desesperante, cuando en el callejón hay un apoderado dándote voces y diciéndote en todo momento lo que tienes que hacer, como si fueses una marioneta, y él, sin jugarse el bigote, quiere mover los hilos.

Las voces de Julián Guerra, sobre todo en el quinto toro, chirriaban en los tendidos. ¿Una falta del respeto al torero? Evidentemente, una falta de respeto en toda regla, y más cuando se está jugando la vida delante de un cárdeno de la A Coronada, y lo más preciado que tiene el ser humano es su propia vida. La función del apoderado en el callejón, claramente es otra, y ayer Guerra, estaba fuera de lugar en todo momento. (López Simón, ya le mando al garete en mayo del 2017 en plena temporada y con la Feria de San Isidro por delante)

Pepe, ayer estuvo bajo de moral en el quinto, y el chispeante es muy trasparente y lo canta todo. ¿Cuantos vimos en la plaza una relación anormal entre apoderado y poderdante? Ahí dejo la patata caliente…Pero no, no seré yo, quién juzgue una situación, pero sí, la función y la figura del apoderado en la plaza.

Pepe, vuelve, vuelve con la distinción que te hizo volver al circuito en el tramo final de la temporada 2017. Vuelve con todas las de la ley, pero vuelve. Y siendo posible, vuelve sin Guerra…