Sevilla había marcado la tarde en rojo en su calendario taurino. Se conjugaban en el cartel tres toreros con arte y muy del gusto de la afición pero el resultado no fue el esperado. El culpable, una vez más, los pupilos de Juan Pedro Domecq.

El legendario hierro trajo a Sevilla una corrida sin casta, motor, clase ni emoción. Una ‘juanpedrada’ en toda regla que debe hacer reflexionar a la empresa Pagés su comparecencia en el abono de 2020.

Los toreros estuvieron por encima. Lo más destacado lo hizo un Diego Urdiales que enamoró a Sevilla gracias a su pureza, gusto y torería con el capote y la muleta pero falló con la espada. Lástima que no tenga otra tarde, porque este es su año. Morante estuvo más voluntarioso que otras veces, se peleó y se inventó una faena al cuarto de la tarde que emborronó con la espada. Manzanares estuvo a punto de tocar pelo en el último tras una faena a media altura, sin apreturas pero de empaque. 

Abanto de salida el primer Juan Pedro de capa castaña al que Morante lo recibió pacientemente hasta que lo fijó y le recetó media docena de verónicas con compás y torería rematadas con una media barroca.   Cumplió en varas recibiendo un castigo largo. Tras el picador el toro demostró poca fortaleza y motor. No hubo faena de Morante. El toro llegó escaso de vida a la muleta. Mucha nobleza pero nula transmisión. Detalles toreros al inicio y en una tanda de derechazos. Nada más. Pinchazo y estocada caída. 

Poca fuerza desarrolló de inicio el segundo, atacado de kilos. Urdiales lo recibió por verónicas muy templadas, con mucho gusto y figura relajada que fueron jaleadas por el público. También se sintió el riojano en el quite. Otra vez por verónicas, otra vez la pureza y otra vez los olés. El tercio de varas fue medido y el toro cumplió. Se desmonteró “Pirri” en banderillas. La faena de Urdiales fue una pura delicia para los buenos aficionados. El de Juan Pedro muy venido a menos, sin motor y sin transmisión. Urdiales lo entendió, le dio sus tiempos, sus espacios, su temple y sus toques. De uno en uno, con media muleta, la figura como si estuviera toreando de salón. Derechazos de trazo perfecto, naturales de toreo eterno, despacio, perfectamente colocado. Sin prisas, sin brusquedad. Todo el mundo entró en la faena menos la banda pero ¿Qué mejor que los olés del estómago para ponerle música a una faena? El único pero a la actuación de Urdiales, la espada. Cayó baja y le robó la oreja. Vuelta al ruedo.

Tampoco salió sobrado de fuerzas y motor el tercero. Manzanares lo recibió por verónicas a las que les faltó transmisión. Se midió el castigo en varas. En banderillas sufrió un susto “Suso”, el toro lo alcanzó pero por fortuna no le hirió. Se desmonteró tras haber colocado dos buenos pares. Estuvo centrado Manzanares con el toro. Muy voluntarioso sacando todo lo que tenía el astado. Muy justo de raza, de vida, sin emoción ni emoción. El alicantino dejó algún muletazo de gran estética pero no se pudo redondear la faena. Estocada a la cuarta. Silencio.

Se resbaló en reiteradas ocasiones de salida el cuarto de la tarde. No se pudo lucir con el capote Morante esta vez. Tras el caballo el toro se desplomó y levantó el enfado del público. El toro fue devuelto a los corrales.

Otro de Juan Pedro Domecq saltó al ruedo. Manseó de salida y demostró poco poder. Morante se empeñó en intentar lancearlo a la verónica dejando tres de gran trazo y un remate muy torero a una mano. También se derrumbó en varas. Se mantuvo en el ruedo. Por encima del toro estuvo el de la Puebla. Más voluntarioso que nunca, se inventó la faena poniéndole sal a un toro que era muy soso. Consiguió muletazos sueltos con sabor, despaciosidad y torería. Llenó el escenario aprovechando los terrenos de toriles para ayudar al Juan Pedro. Los mejores momentos llegaron al natural. De uno en uno y con el recurso del ‘zapatillazo’ consiguió arrancar los olés más fuertes de su actuación. Estocada entera al tercer intento. Ovación.

Justo de fuerzas salió el quinto. Lo intentó a la verónica Urdiales y ante la justeza del toro desistió para cuidarlo. Muy poco castigo recibió en varas. Detalles únicamente en la faena de Urdiales. Un toro muy descastado, sin clase, sin emoción y un torero intentando ponerle mucho a cada pase. A destacar una tanda de naturales muy toreros, de gran colocación y trazo. El pozo estaba seco. Pinchazo y media estocada. Falló con el descabello. Silencio.

Tampoco albergó esperanzas el sexto de salida. Manzanares lo pasó por ambos pitones. Buena pelea en varas hizo el toro, arrancándose de largo y empujando al peto. Bien “Chocolate”. Se desmonteró por el segundo par Daniel Duarte. La faena de Manzanares mantuvo el interés en líneas generales. El toro a media altura pero con movilidad y Manzanares ligando pases sin obligar al astado y con su empaque innato. Las tandas no eran largas por la condición del animal pero Manzanares le puso gusto a cada pase. Fue a menos y no le dejó redondear la obra. Pinchazo y estocada. Ovación. 

Ficha del festejo: 

Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 8º de abono. Lleno de “No hay billetes”.

Toros de Juan Pedro Domecq. 1º noble sin transmisión, 2º justo de todo, 3º sin raza, 4º devuelto por inválido, 4º bis soso, 5º deslucido y 6º movilidad sin clase.

Morante de la Puebla (azul pavo y oro). Silencio y ovación. 

Diego Urdiales (gris plomo y oro). Vuelta al ruedo y silencio.

José María Manzanares (azul marino y oro). Silencio y ovación.

Sergio Maya / @sergiomaya7