Sin tener la etiqueta de figura del toreo, al margen de las dos orejas y la puerta grande, hoy Ureña, consiguió la consagración sagrada de, «torero de Madrid». Un Paco inmerso y sumergido en la tarde, tocó el corazón del público en el primero de su lote y la refrendó con el sexto y último. Esa distinción de torero de Madrid, te la da el respetable en forma de respeto, espera y admiración cada tarde. Hoy el lorquino cogía el testigo del recordado Iván Fandiño. (Ambos pasos por Las Ventas, guardan similitudes en la espera cada tarde)

Castella tras tres tardes y seis toros, decía adiós al ciclo isidril sin pena ni gloria. Roca Rey, con el peso de la feria sobre su espalda, no escatimó en esfuerzos y en ciertos momentos, sintió la intransigencia de cierto sector de público. La de Victoriano, tuvo un sexto toro de nota. «Empanado»

El primero de la tarde, no gustó de salida. Una embestida demasiado suave en el saludo capotero, y posteriormente el perder los cuartos delanteros en los primeros tercios, desencadenó la crispación del respetable. Esa crispación, siguió durante el tercio de muleta, y Castella, no pasó de la corrección, queriendo siempre hacer las cosas bien, pero sin repercusión en los tendidos. La falta de fuerza del toro, condicionó toda la lidia. Pinchazo, estocada trasera y caída y golpe de descabello.

El cuarto, no manifestó buen estilo en el saludo capotero de Castella. Durante el tercio de varas y posteriormente de banderillas, el de Victoriano no fue un toro definido. En la muleta, y tras el brindis del francés, todo quedó en un querer y no poder. Sebastián lo intentó por ambos pitones pero sin éxito. Media estocada desprendida.

El sentido y pausado saludo capotero por verónicas de Ureña caló tal cual en el tendido. La revolera para cerrar el saludo, encendió el tendido. Tras el encuentro con el jaco, Paco hizo el quite por el mismo palo, y vio las cualidades del pitón derecho del toro. La apoteosis en la plaza, llegó en el tercio de quites quitando el peruano por chicuelinas, y replicando el murciano por delantales. Durante el tercio de banderillas, el murmullo en la plaza era evidente…Murmullo de expectación…Con un Victoriano encastado, el torero orquestó una faena de corte clásico, soplándole los derchazos y naturales de uno en uno, pero con una tremenda autenticidad. Con la zurda, fue todo entrega y corazón toreando con el vuelo de la franela; la plaza mientras tanto, y durante los diez minutos de faena, entró en bucle en una locura colectiva con los quehaceres realizados. Pinchazo y estocada.

Ureña mató al sexto tras salir de la enfermería. La expectación por el torero lorquino, fue en el mismo momento que pisó el ruedo de Las Ventas. Las verónicas, surgieron con gusto, compás y armonía de las muñecas de Paco. «Empanado» apuntó buenas cosas, y estaba predestinado para la consagración de Ureña. «Ureña, torero de Madrid» Tras el brindis al respetable y el comienzo por estatuarios, el respetable ya se desbordó poniéndose en pie. El torero lo cuajó sin dudas por ambos pitones, estructurando una faena de corte clásico sentando cátedra. No tuvo dudas en ningún momento, y de forma sosegada, toreó con la diestra acariciando el morro del animal. Le dio el pecho, ofreció verdad y cerró así sin más con un par de series de naturales de antología, siendo estos el punto más álgido de una faena de cotas altísimas. Estocada y golpe de descabello

El tercero, salió un tanto desentendido del capote de Andrés, y aún teniendo movilidad en los primeros tercios, siempre fue con la cara alta. El peruano, ante un toro incierto que buscaba el abrigo de las tablas, pero cuando embestía lo hacia con fuerza, lo metió en la muleta y le pegó fiesta por ambos pitones. El de Victoriano entre tanda y tanda, intentaba la huida. La faena transcurrió entre exclamaciones en los tendidos entre ¡uy! y el ¡ay! y los aplausos entremezclados con algunos pitos. Pinchazo y estocada baja.

Andrés, y tras la espera de la salida de Ureña de la enfermería, mató al sexto en quinto lugar. Este de Victoriano, fue protestado de salida, y durante los primeros tercios, las protestas del tendido eran palpables y más cuando el toro durante el tercio de banderillas estuvo refugiado en tablas. ¡Una papeleta! El peruano de tanto sobar al toro y de intentar convencerle, lo acabó convenciendo y lo metió en la muleta sobre todo toreando al natural. La faena transcurrió entre la división de opiniones en el tendido. El temple de Roca Rey y el buen trato al animal, fueron la clave para sacar agua de un pozo seco. Pinchazo y estocada.

FICHA DEL FESTEJO:

Sebastián Castella. Silencio en ambos

Paco Ureña. Vuelta al ruedo tras petición y dos orejas

Roca Rey. Silencio en ambos