Tarde entretenida la vivida en Algeciras donde hubo mucho contenido más por los toreros que por los toros de Santiago Domecq que no dieron el juego deseado.

Perera mantuvo su idilio con Algeciras, la plaza que lo vio triunfar el año pasado en el duelo con José Tomás. Estuvo entregado, muy concentrado y metido en la tarde. Salió por la puerta de la Feria tras cortar dos orejas, que pudieron ser tres si no fuera por la espada. Cayetano sacó su raza en el manso quinto al que le arrancó una oreja y Pablo Aguado volvió a realizar un toreo caro, lleno de naturalidad y clase que no fue refrendado con los aceros.

Negro de capa y bien presentado era ‘Ostrero’ que embistió con movilidad pero falto de ritmo al capote templado de Perera, que se salió a los medios lanceándolo a la verónica. Muy poco castigo recibió en varas. Muy arriesgado fue el quite de Perera por chicuelinas ceñidas y templadas. Destacó en banderillas un sensacional Javier Ambel. Extraordinaria fue la labor de Perera con la muleta. El de Santiago Domecq tuvo movilidad, un punto de genio y poca clase. El extremeño lo mejoró con el temple como principio fundamental. Le pudo toreando en redondo, con pases ligados, por abajo y largos, aunque el toro no se rebosaba. Fue de menos a más. Después con la izquierda el animal tuvo menos recorrido bajando la intensidad de la obra. Finalizó con muletazos por alto y la figura inmóvil. La estocada cayó baja. Oreja.

Buen recibo de capote realizó Cayetano. Verónicas toreras, con compás y empaque a un toro que apretaba por los adentros pero que embistió con franqueza. Manseó el toro en varas saliéndose suelto tras el puyazo. Esa misma condición tuvo en la muleta. Aburrido, sin celo, ni transmisión el de Santiago Domecq. Cayetano estuvo por encima, intentó poner gusto a cada muletazo, componiendo muy bien la figura y buscando la ligazón, aunque el toro apenas se lo permitió. La faena no rompió.  Estocada casi entera. Ovación.

Más pequeño de cuerpo pero más montado de pitones era el tercero. Salió sin definir imposibilitando el lucimiento de Pablo Aguado. Empujó con los riñones el toro en varas y bien lo picó Juan Carlos Sánchez. No tuvo opciones de lucimiento Aguado con la muleta. El toro sin humillar, desagradable y con peligro. Voluntarioso el sevillano probándolo por ambos pitones para enseñarlo al respetable. Estocada casi entera trasera y tendida. Silencio.

Preciosa capa la del cuarto de la tarde. Un toro colorado con buenas hechuras. Embistió brusco de salida sin permitir el lucimiento capotero de Perera. Cumplió en varas. Volvió Perera a realizar un inverosímil quite por gaoneras, casi sin espacio, asustando al miedo. Gran tercio de banderillas de Curro Javier con dos pares como marcan los cánones, cuadrando en la cara y asomándose al balcón. Perera impuso su ley con la muleta. Comenzó en los medios pasándoselo hasta en dos ocasiones por la espalda, cada cual más firme y más ajustado. Sonó la música de inmediato. Perera sacó la soga de su muleta para impedir al toro que parase. Temple y mando. El toro se le intuía que no tenía mucho fondo y en cuanto se vio podido se paró y soltó la cara. Fue entonces cuando Perera decidió acortar los espacios y pegarse un auténtico arrimón dejándose llegar los pitones al pecho. El público acabó entregado al extremeño. El único pero fue la espada que tras un mete-saca fulminó al toro. Oreja.

Emulando al maestro Antonio Ordóñez recibió su nieto, Cayetano, al quinto. Rodilla en tierra y a la verónica, con raza. Mucho tiempo estuvo el toro en el peto. Quite de raza y casta de Cayetano echándose el capote a la espalda y dando una serie de gaoneras cargando la suerte interrumpidas por una fea voltereta. Se repuso del trance Cayetano y comenzó la faena de rodillas, dándole los frentes, entregado. Hubo emoción e hizo sonar la música poniendo al público en pie. Duró una tanda más el toro, después se rajó. No pudo ser una faena redonda, compacta. Más bien fue la raza y el pundonor de Cayetano el que mantuvo el interés. Le planteó la pelea en tablas, con pases por alto y en búsqueda del toro. Entró a matar en tablas dejando una media estocada tendida rematándolo con un descabello. Oreja.

El que cerró plaza permitió a Pablo Aguado lucirse a la verónica, sobre todo con las tres medias de remate en los medios que estuvieron llenas de sabor. Cumplió en varas. Después Aguado saboreó la suerte de la verónica. Fueron tres por el pitón izquierdo llenas de temple y despaciosidad abrochadas con una media eterna. La faena de muleta fue muy medida en el tiempo, llena de naturalidad y torería. Hubo pasajes donde llegó a parar el tiempo. Por el derecho tenía más repetición el burel y por el izquierdo más clase. Encandiló al público con sus formas. Dio muletazos de cartel de toros, sobre todo al natural, citando de frente y corriendo la mano, toreando con los vuelos. Se le notó muy cómodo en la plaza y cuajó una gran faena que solo emborronó con la espada enterrándola al segundo intento. Oreja.

Ficha del festejo:

Plaza de toros de las Palomas (Algeciras).  Casi tres cuartos de plaza.

Toros de Santiago Domecq. 1º con genio, 2º manso, 3º descastado, 4º desrazado, 5º rajado y 6º falto de fondo. 

Miguel Ángel Perera (blanco y plata). Oreja y oreja. 

Cayetano (pizarra y oro). Ovación y oreja.

Pablo Aguado (verde esperanza y oro). Silencio y oreja.

Incidencia: al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio por el que fuera propietario de la cuadra de caballos. 

Sergio Maya / @sergiomaya7