Esto, podía ser el titular de una crónica, de cualquier crónica. De Valencia, Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao, o…Es igual el sitio, la plaza. Todo da igual. Silencio, Ferrera torea…

Silencio, es el que guarda Ferrera cuando torea y sus actuaciones son retransmitidas por Canal Toros. Ya pudimos verlo en anteriores ferias, Feria de Abril de Sevilla y en San Isidro. Antonio se lía en el capote de paseo en la capilla, y hoy lo reafirmó una vez más en Pamplona. ¿Por qué? Ni una declaración antes, durante, y después de la corrida. Sin embargo, para Castilla-La Mancha Media, habló en una retransmisión taurina hace escasamente un mes.

Un torero, instantes antes de hacer el paseíllo, es consciente de que su vida está en juego, y la vida, es lo más preciado que tiene el ser humano. A parte de jugarse la vida, la responsabilidad que entraña una feria de gran calibre. En ocasiones, o mejor dicho por regla general, osea siempre, el periodismo taurino no respeta el espacio del torero, invadiendo su terreno instantes antes de pisar la plaza. Y ahora digo yo, y me pregunto…¿Donde está el límite de la información? ¿Qué líneas no debe cruzar un periodista taurino, y más siendo licenciado? ¿Cual, cuando y donde está la frontera para no pasarla y respetar la intimidad del torero cuando más le afloran los nervios por la responsabilidad? ¿No hay un momento para todo, durante el transcurso de una tarde de toros? ¿Cuando empieza y termina la moralidad?

Con estas líneas, no pongo en duda ni mucho menos la profesionalidad de cierto sector del periodismo taurino, pero dudo en ciertas ocasiones que sean realmente conscientes del trago amargo y sin saliva en la boca, cuando un hombre está enfundado en el chispeante.

Ni un micrófono, ni una cámara de fotos o de televisión, te dan la licencia de la libertad para hacer o deshacer a tú libre antojo, con tal de sonsacar unas palabras, una imagen o una instantánea. En esta vida, no todo vale, y el respeto es la base fundamental de todo, y más en el mundo del toro.