Llegaba el 8 de septiembre y arrancaba un año más la Feria Taurina de Albacete, una de las más importantes del panorama taurino nacional y de más peso para los espadas, a pesar de tratarse de una plaza de segunda. Una vez más, la empresa apostaba por conjugar en sus carteles a las figuras, los toreros emergentes y los matadores de la tierra. Carteles que resultaban muy atractivos sobre el papel, pero que una vez puesto el punto final a la feria, no han llegado a romper todo lo que se esperaba.

Podemos decir hoy, ya transcurridos unos días desde su finalización, que esta no ha sido precisamente una feria que pasará a la historia por su brillantez, sino todo lo contrario. Han sido más sombras que luces lo que se ha visto durante estos 10 días en “La Chata”.

El primer varapalo fue sin duda la ausencia de Roca Rey, anunciado dos tardes en Albacete, y que finalmente cortaba su temporada europea, incidiendo así de forma significativa en taquilla y siendo una difícil tarea para la empresa a la hora de buscarle sustitutos para esas tardes, que eran de las más esperadas. Los elegidos fueron Ponce y Emilio de Justo. Este último el salvador de la feria.

En una feria, lo protagonistas deberían ser los toros y los toreros, aunque este año las decisiones del palco, especialmente de la presidenta Genoveva Armero, han sido más comentadas que lo que sucedía en el ruedo. Son muchas las críticas que recibió desde el primer festejo al negarle la segunda oreja en el primer y quinto toro a Rubén Pinar el día de su encerrona. Orejas que fueron más que merecidas, o al menos así lo vio el público en la plaza. Muchos aficionados dicen que esta presidenta ha devuelto la seriedad a la Plaza de toros de Albacete, mientras que otros no entienden su dureza a la hora de sacar el pañuelo blanco que tantas puertas grandes puede abrir. Tampoco Joaquín Coy se ha librado de las críticas, pero por el polo opuesto, ser demasiado generoso con la segunda oreja con la que Castella abrió la puerta grande de “La Chata” la última tarde de feria. Opiniones encontradas.

Lo que sí es cierto es que puertas grandes en este año 2019 ha habido pocas y no todas igual de merecidas.

Abría la feria Rubén Pinar, en su tierra y en su plaza, donde ya en siete tardes consecutivas había abierto la puerta de la gloria. Era precisamente porque le debía algo a su gente y porque era el momento adecuado, por lo que decidía encerrarse con seis toros. Una gesta con la que, a pesar de salir de nuevo a hombros, no logró ese triunfo redondo y contundente que se merecía. El palco y los toros así lo quisieron, no porque Pinar no pusiera todo de su parte y demostrara una tarde más que a técnica y valor pocos le ganan.

Y es que los toros han sido otros de los protagonistas, para mal, de esta feria. Salvando a “Lagartijo” y “Alabastro” que lidió Pinar, “Iracundo” de juan Pedro Domecq que encumbró a Emilio de Justo y “Zapatillo” que salvó a Montalvo del descalabro del festejo que cerraba la feria y algún otro más, los astados han dado poco juego en la plaza. Toros que apenas embestían, descastados y mansurrones. Y ya se sabe, que cuando no hay toro, por mucho empeño que ponga el matador, poco o nada se puede hacer.

El fallo con los aceros ha sido otra de las sombras de esta pasada Feria de Albacete. Este es el ejemplo de Perera, Ponce, Román y Ureña. Faenas redondas y templadas, que no pudieron culminar y quedaron en nada tras fallar con el estoque.

¿Y la lluvia? La semana en Albacete estuvo marcada por el mal tiempo, amenazando muchos de los festejos y haciendo acto de presencia en una de las tardes más esperadas, la del 13 con la reaparición de Ureña y un cartel de campanillas con El Juli y Manzanares en la terna. Ni la lona que se había puesto en la plaza pudo salvar el ruedo del temporal, que estaba totalmente impracticable. Y esto junto la lluvia que no cesaba, hizo que se tuviera que suspender el festejo. Una auténtica pena, puesto que todo apuntaba a que sería la gran tarde de la feria, pero los aficionados lo agradecieron, ya que lo que no hubiera sido honesto habría sido comenzar el festejo y suspenderlo al primer toro. Sí se salvaron las tardes del miércoles con Román y Ginés en el cartel y la última de feria, que aunque llovió durante el festejo, Castella hizo que saliera un arco iris con su gran faena.

Pero aunque no haya sido una buena feria, sí es cierto que ha tenido varias cosas positivas. Una de ellas ver en los carteles a los matadores de la tierra, Andrés Palacios, Sergio Serrano y Diego Carretero. Lógicamente, cuando apenas se torean un par de festejos al año, las carencias en el ruedo se notan, pero eso no impidió para que esos tres matadores dieran un ejemplo de lo que es la entrega y el hambre de querer ser torero, dejando un buen gusto en el paladar de los aficionados.

En Albacete el futuro taurino está más que asegurado. Así lo dejó patente el novillero local José Fernando Molina, que cuajó una gran tarde saliendo a hombros de la Plaza de toros de su tierra. En la novillada también se vieron detalles por parte de Christian Pérez.

Si hablamos de las luces de feria, no podemos olvidarnos de Diego Ventura. Clase magistral del toreo a caballo un año más. Y sobre todo el regreso de Ureña… El público de Albacete lo esperaba con los brazos abiertos, y más porque justo en esta plaza y hace un año la vida de este torero cambió tras el percance que le costó la pérdida de visión en un ojo. Emocionado Ureña, recibió el cariño del público tras el paseíllo, siendo obligado a salir a saludar. Castella, que abría plaza, le brindó la muerte del primer toro de la tarde. Y el propio torero lorquino se dirigió emocionado con un brindis al cielo, al maestro Dámaso y al equipo médico que lo atendió aquella fatídica tarde. Y es que estos detales y estos valores son parte del torero. Una lástima que la tarde no le fuera propicia.

Ponce, Perera, Aguado y Castella, dejaron huella con su toreo clásico. Entienden a la perfección a su adversario, tienen un buen concepto del toreo, temple al torear e incluso algunas veces a los toros malos saben hacerlos buenos. Lástima de aceros y de toros en alguno de sus casos. Aquí se puede hablar de dos injusticias. Ni Ponce se mereció la pitada por parte de un sector del público cuando le fue imposible hacerse con su segundo toro el día 16. Ni tal vez Castella se mereciera salir a hombros en el festejo que cerraba la feria.

¡¡Y llegó Emilio de Justo!! Sin duda el extremeño brindó la mejor tarde de la feria. En su presentación en Albacete, por la vía de la sustitución, bordó el torero como solo él sabe hacerlo. Su paso por Albacete solo puede describirse con una palabra: torería. Encajado, dibujando tandas de ensueño con la izquierda, rompiéndose la cintura y sobre todo, dejándose el alma con una de las mejores estocadas que se recuerdan. Tal fue el alboroto que formó De Justo en la plaza, que ni la presidente Dña. Genoveva se dejó rogar esta vez y sacó los dos pañuelos blancos casi a la vez. La puerta grande más merecida de la feria y el arco iris que sale tras la tormenta.

Ahora, ya pasados unos días, es tiempo de análisis. ¿Qué falla en las ganaderías? ¿Qué toreros están pidiendo y ganándose su sitio en las ferias y se pueden considerar ya como figurones del toreo? ¿Está el público cansado de ver siempre las mismas convinaciones en lo carteles? ¿Ha recuperado Albacete la seriedad que tenía o ha robado triunfos contundentes?

Las puertas de «La Chata» se cierran por el momento, en una edición de su Feria Taurina que ha pasado sin pena ni gloria. Siempre tiempos pasados fueron mejores y ojalá que el próximo año se vuelvan a ver muchoas grandes tardes de toros, eso sí, si el tiempo no lo impide.