Eran las seis de la tarde cuando arrancaba el último paseíllo de la mini feria de San Miguel. Los protagonistas de la tarde Morante de La puebla, El Juli y Ángel Jiménez, este último tomaría la alternativa. Los toros de Daniel Ruiz, protagonistas también, pero por mansos ¡Menuda corrida!, el ganadero no debió cobrar con lo que echó.

Ángel Jiménez, capote en mano salió al tercio y recibió a su primer oponente Tirachinas II, realizando unas verónicas con mucho gusto. En varas el toro no se empleó, mostrando su mansedumbre en todo momento.

Hubo intercambio de palabras de la terna cuando el de La Puebla, le hizo entrega de la espada y la muleta, momento con el que el  de Écija habría soñado mas de una noche. La faena comenzó deslucida, Ángel muy acelerado en su inicio con la muleta, entendible sabiendo lo que había en juego, no se entendió con el toro, le enganchó la ayuda en más de una ocasión hasta que lo desarmó. Y claro, de los errores se aprende, a partir de ahí, el ecijano supo templar y mandar al de Daniel Ruiz, que se iba apagando cada vez más, con la mano izquierda no defraudó, y de forma exquisita pudo dar una tanda de naturales que arrancaron los aplausos y a la banda. Siguió toreando un par de tandas más, el respetable estaba con él. Pinchazo, un aviso y estocada caída. Vuelta al ruedo.

Morante de La Puebla no comenzó con buen pie su faena al segundo de la tarde, con el capote no mostró interés y recibió los primeros pitos de la tarde. Lo dejó mal colocado en el caballo y eso no fue del agrado del público. Con la muleta maquilló mínimamente su actuación, dejando detalles de su toreo, pero no hubo más. Y como es de costumbre, con la espada erró en dos ocasiones. Media estocada y descabello. Silencio.

 El Juli se mostró con ganas, con el capote leves destellos y remató con una media en el centro del ruedo. Ahí quedó todo, no se le podía llamar toro a lo que se enfrentó, 515 kg. de carne sin clase, casta ni bravura, menudo esperpento. Y el responsable de esto ¿quién o quiénes son? Pues… cada uno que haga sus propias conclusiones, pero está claro que no es de uno sólo.  Un pinchazo y media estocada.

El cuarto animal que saltó al piso, no se le pudo llamar toro, era un cordero con astas, es inexplicable que en una plaza de primera permitan echar semejante cosa. Morante también tuvo su bronca, sin actitud ninguna lo despachó rápido con dos pinchazos y media estocada. Silencio de indiferencia. Seguramente algún espectador desde el tendido pensó “menuda estafa, lo que me estoy tragando”.

Los de Daniel Ruiz continuaban en su línea y el quinto fue más de lo mismo, da pena que se celebre un festejo con animalitos de esa clase. El Juli, intentó pero tampoco se mostró mucho, recibió una voltereta al entrar a matar, pero todo se quedó en un susto. Dos pinchazos y estocada. Aplausos.

El último toro de la tarde lo recibió Ángel a portagayola, lanceó con gusto y ganas y consiguió que comenzara a tocar la banda. Tuvo suerte y el joven se llevó el mejor lote de la tarde, tampoco fue muy complicado, el listón estuvo por los suelos en todo momento. La faena de muleta tuvo buen comienzo con aceptables tandas de derechazos, pero no se terminaron de encontrar ni toro ni torero, tal vez le faltó un poco de maña a Jiménez. Poco a poco se fue acabando el animal y la faena se deslució. Lo que es indiscutible son las ganas con las que este millennial ha dado el salto al escalafón. Estocada, un aviso y oreja. 

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería. 3/4 de entrada.

Toros de Daniel Ruiz de regular presentación, inservibles, mansos y descastados todos menos el 1º y el 6º.

  • Morante de La Puebla: Celeste y azabache. Silencio y silencio.
  • El Juli: Oliva y oro. Aplausos y aplausos.
  • Ángel Jiménez: Rosa pastel y oro. Vuelta al ruedo y oreja.

Juan Luis Muñiz Bueno // @juanlumub