Manuel Jesús Cid Salas, trenzará hoy su último paseíllo, el del adiós tras dos décadas de alternativa. El Coso de la Misericordia, el escenario elegido para tal ocasión.

Parecía que nunca llegaría, pero llegó. Todo en la vida tiene un principio y un final. Hoy El Cid, trenzará su último paseíllo en la Feria del Pilar, tras dos décadas vistiendo el chispeante, y dejando para el recuerdo y en la retina del aficionado, faenas que nunca olvidaremos. Las Ventas o La Maestranza, sin dejar de lado ninguna otra plaza de primera o segunda categoría, por ejemplo, Albacete, Castellón, Logroño o Santader, y mucho menos sin menospreciar las de tercera, has sido testigos directos de sus obras cinceladas y esculpidas con la zurda. Y en el corazón quedaran guardadas bajo llave, las sensaciones vividas con el torero de Salteras, cuajando toros de diferentes ganaderías. «Guitarrero» «Bola» «Borgoñes» o «Verbenero» por citar algunos, han marcado los pasos de la trayectoria del torero sevillano.

El Cid dice adiós, y con él, una década de bonanza en la tauromaquia como fueron los 2000. En dicha década, el número de festejos en España antes de la crisis, era muy superior, y Manuel, fue un puntal principal para la confección de las grandes ferias. El torero de Salteras, fue base de muchísimas ferias. Sin meterme en números, datos y fechas, sus actuaciones eran contadas por triunfos, y de no ser así, fue por la su garbanzo negro, la espada. Pero con todas y con esas, esas faenas malogradas con los aceros, siguen revoloteando por nuestra cabeza, y de igual manera forman parte de la historia del toreo.

Su historia…Sus comienzos no fueron nada fáciles, pues Manuel Jesús se forjó en el Valle del Tiétar. Pero el mismo torero, tenía en la mano cambiar su historia, y la historia de la tauromaquia,  ante la aspereza de cierzas ganaderías en el conocido «Valle del terror» cambió la hiel por la miel. No era nada fácil, pero cambiar la cruz de la moneda por la cara, sólo está al alcance de quien con una muleta y su mano izquierda, tiene ese poder de convicción de ponernos de acuerdo, y despejar dudas e incógnitas. Desde ese momento hasta la fecha, ya han pasado unos cuantos años.

En una trayectoria tan dilatada en el tiempo, también hay momentos para los altibajos. Temporadas mejores, y otras no tan buenas. Pero la historia ya queda escrita así, con sus más y sus menos. Y mejor dejarla tal cual y no tocarla. Nos quedamos con todo, con lo bueno, y no tan bueno, pero sobre todo con el recuerdo de un torero, que siempre bajo su concepto, fue esperado, querido y respetado. Simplemente bajo estas humildes líneas, queda decir, -Gracias por todo maestro-