Son tiempos difíciles. El Coronavirus acapara todas las noticias y paraliza el mundo entero, pero La Tierra del Toro se adentra en pleno campo bravo madrileño para conocer una de las historias ganaderas más curiosas.

En la finca Los Linarejos, pastan los toros de los Hermanos González Rodríguez, ganadería que se ingresa en la Asociación de Ganaderías de Lidia en el año 1982. Dos hermanos que habían sido socios de don Pablo Mayoral, pero que a principios de la década de los 80 deciden emprender su propia andadura, llevándose una parte del ganado de Santa Coloma al que añadirían una punta de vacas de origen veragua. Además, y es aquí donde aparece la parte más curiosa de esta historia, cuando compraron la finca de Collado Villalba se quedaron con el ganado que pastaba allí, con procedencias muy variadas y en la que se dice había animales de más de 25 ganaderías. Los hermanos siempre lo han llevado todo junto, confluyendo por lo tanto en su hierro una espectacular variedad de procedencias, que hace de esta ganadería un encaste propio.

Esta peculiar mezcolanza de sangres hace que podamos ver en la ganadería de los Hermanos González Rodríguez una gran variedad tanto en sus pelajes como en sus hechuras. Salen toros cárdenos que inmediatamente nos llevan a reconocer su origen santacolomeño, pero de repente aparece un jabonero que por sus hechuras hace muy reconocible su procedencia veragüeña. También salen toros castaños, colorados o negros, que pueden tener reminiscencias del encaste Martínez. Con toda esta mezcla de sangres, hubo unos años que salían toros con muchas dificultades. Por ello y por la amistad que une a los propietarios con los ganaderos de Los Eulogio, deciden hace unos años probar con algún semental de esta casa, lo que les ha traído muy buenos resultados y esta sangre Domecq vía Algarra, ha permitido rebajar ese picante que tenían antes y los toros han ganado en nobleza, lo que les ha dotado de una mayor toreabilidad.

Según palabras de su mayoral, Ángel Merenciano, ahora salen toros muy buenos, que siempre sacan ese picante y ese fondo. Son toros a los que hay que hacerles muy bien las cosas, o si no, se enteran y no dejan pasar ni una. Ángel tiene más que comprobado que todos salen de chiqueros rematando en el burladero hasta el final, y eso es quizás a que en esta casa no se utilizan fundas. Al toro se le toca lo menos posible y todo se le hace a caballo y a campo abierto. Hecho que sin duda dificulta mucho el trabajo diario, pero que se aprecian los resultados en la lidia.

Actualmente cuentan con aproximadamente 130 vacas y para esta temporada tienen seis novilladas picadas, una sin picar y una corrida de toros que quedó de la temporada pasada. Gran parte de estos lotes se lidiarán en la Comunidad de Madrid, aunque veremos a ver qué pasa este año con la reducción de festejos y si vuelven a pueblos en los que han sido asiduos en temporadas pasadas. Pero así está el sistema para unos toros que no todos los que conocen sus procedencias están dispuestos a lidiar, y que por el momento, tampoco ha entrado en el mercado torista francés, a pesar de que hace un par de años hubo contactos para lidiar en alguna localidad del país vecino.

Sin embargo, por casa de los Hermanos González Rodríguez hay figuras del toreo que son fijas todos los años, como es el caso de José Tomás. El diestro de Galapagar toreó en esta casa su primera vaca cuando apenas era un niño, y desde entonces todos los años está presente en sus tentaderos y su preparación invernal.

Desde estas líneas queremos agradecer a esta casa ganadera su hospitalidad, y en especial a su mayoral Ángel la amabilidad y las facilidades para poder conocer desde dentro esta curiosa historia. Suerte.

Texto: Ricardo Fuertes
Fotografías: Nacho Blasco