En el cementerio de San Fernando de Sevilla, como si de un museo se tratara, podemos contemplar una obra de belleza y realismo extraordinaria, el mausoleo de Joselito el Gallo. Este monumento funerario está a la altura del Rey de los toreros, porque en él se representan todas las características que su figura desprendía, y por supuesto detrás de la mayor devoción del torero, su virgen de la Esperanza Macarena.

Tras la trágica muerte de Joselito “el Gallo”, su cuñado y testigo de lo ocurrido, D. Ignacio Sánchez Mejías, junto a la familia del diestro, decidieron honrar su memoria con la construcción de un panteón que mantuviera vivo su recuerdo. Para ello D. Ignacio contactó con uno de los mejores escultores del momento, el valenciano D. Mariano Benlliure, afincado en Madrid. El encargo se realizó hacia 1921, aunque no se vería concluido hasta 1924. Un año más tarde, una vez en Sevilla, sería expuesto en el antiguo Palacio de las Bellas Artes, hoy Museo Arqueológico y no sería emplazado en su lugar definitivo hasta 1926.

La representación del cortejo se realiza tomando los modelos costumbristas de la época y que tan relacionados estaban con el mundo de la tauromaquia. Benlliure aprovecha el trágico suceso y lo que ocurrió en torno al mismo, para reunir en éste cortejo a todas las clases sociales del momento, demostrando así que no existe división social ante la muerte. De esta forma representa a ganaderos, artistas, personajes relacionados con el mundo cultural, gitanos y anónimos. Igualmente el escultor distingue las diferentes edades del hombre, mostrando en la obra la infancia, la juventud y la madurez, recurso que también le sirve al escultor para demostrar su capacidad creadora.

D. Mariano Benlliure en un alarde más de su capacidad como escultor realizó una serie de retratos dentro de los personajes que se incluyen en el cortejo. Se han querido identificar con la gitana María, esposa del cantaor Curro “el de la Jeroma”, que es la mujer que preside el cortejo y que porta en sus manos una réplica en miniatura de la Virgen de la Esperanza Macarena ataviada de luto por la muerte del torero.

También se han querido ver retratados al ganadero D. Eduardo Miura, reconocible por sus grandes patillas, y tras él D. Ignacio Sánchez Mejías, que clama al cielo por la muerte de su cuñado. La representación de Miura es una licencia tomada por el escultor para representar a los ganaderos, ya que éste había fallecido años antes que Joselito. Pero sin duda el mejor retrato que nos encontramos en el monumento es el del propio Joselito, tomado quizá de una mascarilla funeraria, o de las representaciones gráficas que se tomaron en la capilla ardiente del torero. El finado aparece en el ataúd que se muestra abierto y cuyo cuerpo se cubre por una sábana, tal y como se mostró el día de su fallecimiento. El féretro se cubre a su vez por el capote de paseo del diestro, apreciándose en él los detalles del bordado.

¡Gloria eterna a Joselito!

Imagen: Carlos Grasa.

Texto: Carlos Grasa y Ayuntamiento de Sevilla.

Carlos Grasa Pejenaute.