César Rincón, y sus seis puertas grandes en Las Ventas, siendo cuatro de ellas consecutivas en el año 1991.

En pleno mes de mayo, mes de la feria más importante del orbe taurino, La Feria de San Isidro, para los que peinamos alguna cana, es imposible no acordarnos de el El César de Madrid, el César de Las Ventas; César Rincón, el de las seis puertas grandes en La Monumental.

Corría el año 1991, y Rincón, solo tenía un contrato para ese ciclo isidril (21 de mayo de  1991) en Las Ventas, junto con Curro Vázquez y ‘Armillita Chico’. La corrida anunciada era de los herederos de don Baltasar Ibán Valdés. Dos orejas de toro «Santanerito» fue la primera piedra angular que puso el torero de Bogotá en Madrid, y su primera puerta grande de las cuatro consecutivas. La segunda puerta grande vino al día siguiente, pues cogió sustitución de Fernando Lozano. (Herido días antes) Ese día, el 22 de mayo del 91, compartió cartel con Ruiz Miguel y Espartaco. Al toro «Alentejo» de Murteria Grave, le cortó las dos orejas, y en consecuencia y en 48 horas y dos puertas grandes consecutivas, Julio César Rincón, se puso en figura del toreo. La tercera puerta grande consecutiva, vino el  6 de junio de 1991 en la Corrida de la Beneficencia, mano a mano con Ortega Cano. Esa tarde los toros fueron de Samuel Flores. Ambos, Rincón y Ortega Cano, salieron a hombros junto con el ganadero. El 1 de octubre de 1991. César Rincón entró en la historia al lograr la cuarta salida a hombros seguida en su temporada venteña. Entró en la Feria de Otoño, y formó un lío muy gordo con tras desorejar a su lote de toros de Joao Moura. Con esta última, y con cuatro puertas grandes consecutivas en cuatro tardes en ese mismo año, Rincón entró de lleno en el ‘guiness’ de la plaza de toros Monumental de Las Ventas

En los años 1992 y 1993, el torero colombiano también estuvo presente en la Feria de San Isidro, dejando actuaciones notables, pero la eclosión total y la locura colectiva en los tendidos bajo el paraguas de la emoción, vino con mítica faena al toro «Bastonito» de Baltasar Ibán el 7 de junio 1994. Esa tarde cortó una oreja. La combinación fue épica. No hubo puerta grande, pero es de esas faenas que todos guardamos en la retina. Cada tanda, era un asalto para ver el poder de cada uno. ¡Histórico! ¡Heroico!

Luego vinieron las puertas grandes de 1995 y 2005 para completar el total de seis. Antes de esas puertas grandes. Entre medias, 1999 y 2002 la ya figura consagrada del toreo, estuvo apartado del mundo del toro debido a una grave enfermedad, Hepatitis C.

Pero el César de Madrid, el César de Las Ventas; César Rincón, el de las seis puertas grandes, no solamente fue torero de Madrid. Fue torero de Sevilla, Valencia, Zaragoza…En Resumidas cuentas, fue torero de todas las plazas, querido y respetado por el aficionado y público más genérico. La prensa de aquellas décadas, también le respetaron, y detonaban admiración en las crónicas.

En esa década, en la de los 90, (Ya han pasado 30 años) el aficionado venteño era diferente, ni mejor ni peor. Más exigente, y no intransigente como en la actualidad. Un aficionado duro, pero justo sabiendo reconocer la labor o exposición del torero. Madrid, lanzó al torero de Bogotá, evidentemente por méritos propios. Entonces en esa época, en aquellas décadas, con una oreja firmabas 20 contratos. Con una puerta grande, firmabas una temporada entera. Con cuatro puertas grandes consecutivas, sin duda alguna, un torero era el reclamo de todas las grandes ferias, y sin duda alguna, máxima figura del toreo y de forma indiscutible.