El primer festejo mayor post COVID-19, una novillada mixta, se celebraba en la localidad toledana de Torrijos. 3/4 de entrada, y el respetable bajo las medidas de seguridad establecidas, respondió con ganas de toros, y con mucha amabilidad para pedir los trofeos, y una vuelta al ruedo totalmente inmerecida al segundo novillo. Pero el respetable es libre y soberano, paga su entrada, y democráticamente pide o no lo que considera oportuno.

Abrió la tarde el rejoneador Martín Burgos. Dos rejones de castigo al novillo de Alcurrucén, y el rejoneador totalmente desajustado en banderillas. Él por un lado, los caballos por otro, y el novillos con la cara por las nubes. Erró con el rejón de muerte, pero el respetable de manera cariñosa pidió la oreja.

Con el cuarto de la tarde, Martín Burgos, repitió el patrón del anterior. Rejón de castigo, y ninguna armonía ni ajuste con las banderillas. Él por un lado, el caballo por otro y el novillo sin ver por la mala elección de los terrenos. Con el rejón de muerte, estuvo totalmente desacertado.

El segundo novillo, fue recibido por el novillero Rafael González. Bajó la mano con el capote, pero tras el encuentro con el caballo, el de El Cortijillo, ya cantó que en el último tercio sería noble, pero de corto recorrido. Dos tandas por la diestra, y poco más. Con la zurda le tuvo que dejarle la mano muy puesta para arrancar las envestidas del animal. La nobleza del animal, le dejó estar a gusto al novillero y por lo menos mostrar sus mimbres. Cerró la faena con la diestra toreando de rodillas, y enterró la espada en todo lo alto marcando excepcionalmente los tiempos. Vuelta al ruedo al novillo incomprensible.

El quinto de la tarde, no tuvo celo en el saludo capotero. Tras el encuentro con el caballo y el tercio de banderillas, el de Alcurrucén aún estaba por definir. En tierra de nadie. En el último tercio, el novillo quiso y no pudo, y todo lo tuvo que poner el novillero. Todo lo que tenía, lo ofreció en las primeras tandas. Rafael en el último tramo de la faena buscó las cercanías. Un recurso cuando el novillo ya no puede más, y aún queda algo por hacer. Pinchazo y media estocada.

El tercero de la tarde, tuvo una expresión más seria en el saludo capotero de Álvaro Alarcón. Tras el encuentro con el caballo, quite artístico, que dejó de manifiesto la intención del novillero, y la condición de querer humillar del novillo. Alarcón inició la faena con un pase cambiado de rodillas por la espalda. Tras ese inicio bullicioso, le precedió el toreo clásico y de buen gusto con el toreo fundamental. La faena tuvo ritmo y armonía por ambos pitones. Sobre todo con la izquierda. La planta erguida de Álvaro con las zapatillas clavadas en el suelo, le dio más importancia a la estructura de la faena. Cerró con la diestra toreando con desmayo y calando de manera considerable en los tendidos. Algo más de media estocada y golpe de descabello.

El sexto, manifestó de salida que no estaba sobrado de fuerzas. Ausencia de casta. Tras el encuentro con el caballo, en banderillas ya dejó patente su condición. Todo quedaba en manos del novillero en el último tercio. La faena estuvo más bien basada en la improvisación propia de un novillero, pero con la firmeza del que busca más allá de solo trenzar el paseíllo. Alarcón buscó recursos para llegar al tendido, pero sin estructurar una faena con sentido, pero con ganas. Le tragó, pues el novillo no tuvo ninguna fijeza. Estocada

Ficha del festejo:

Plaza de toros de Torrijos. 3/4 de entrada

Novillos de Alcurrucén y El Cortijillo de juego desigual, siendo el mejor el tercero de la tarde.

Raúl Martín Burgos. Oreja y silencio

Rafael González. Dos orejas y oreja

Álvaro Alarcón. Dos orejas en ambos