Nada más trenzar el paseíllo, precedió al mismo un minuto de silencio por todos los fallecidos por este maldito virus que nos está cambiando nuestros hábitos. Acto seguido, el respetable rompió en una clamorosa ovación para que la terna saliese al ruedo y saludase. Lo hicieron. Era de ley y de justicia. La novillada de San Isidro, una «tía» con toda la extensión de la palabra. Los novilleros, pusieron sin escatimar, toda la carne en el asador. Mérito para ellos, matar la primera del año en un 31 de agosto, y ante una novillada tremendamente seria y sin afeitar. En puntas, pero de verdad. El debutante con caballos, Leandro Gutiérrez, puso la guinda al pastel cortando las dos orejas al sexto de la tarde.

El primero de San Isidro, fue ovacionado de salida. Montero, lo saludó con una larga cambiada para acto seguido realizar el toreo por verónicas ganando terreno. El novillo, ya cantó la gallina antes de entrar al caballo y se fue al que guardaba la puerta. En banderillas, buscó las tablas y apretó con peligro. ¡Papeleta para Montero! El novillero estructuró la faena al hilo del las tablas en los terrenos del 3. Con la diestra, realizó toda la faena mientras el novillo entraba de manera informal, soltando la cara y buscando la salida. Más digno con un animal materialmente imposible, es difícil. El novillo en más de una ocasión, le pudo mandar para la enfermería. Cerró con bernadinas de infarto para terminar de calar en los tendidos. Dos pinchazos y estocada trasera.

Francisco saludó al cuarto por cordobinas. En el caballo, romaneó en los tres encuentros. Buen augurio dio este de San Isidro. Generosidad de Montero de lucir al animal en el caballo. En banderillas, el animal pronto y fijo, mostró sus virtudes. Montero quiso agradar poniendo un par y lo hizo. El novillo al ver la muleta montada con la diestra, acudió raudo y veloz. Montero estructuró la faena sabiendo calibrar las distancias al citar con la diestra. El novillo, con ese punto de casta y emoción, también tuvo sus complicaciones, y aguantar esas embestidas y en puntas, es de querer ser torero por encima de todo, y más en una temporada tan atípica y casi sin torear. Por el pitón izquierdo, el animal al tocar la tela soltaba la cara. Entró a matar con el brazo estirado, y queriendo matar de verdad, aunque cayó baja.

Rubén recibió al segundo a porta gayola para acto seguido soplarle media docena de verónicas y poner la plaza en pie. Este segundo, también cantó rápidamente su condición de manso en el caballo y en banderillas. Tras el brindis de Fernández, la estructura de la faena realizada fue de corte clásico basada con la diestra. Le tapó mucho la cara al manso, para que no viese nada más que muleta. El novillero hizo mejor al novillo de lo que era. Con la zurda, la faena no mantuvo el mismo ritmo y ya el novillo terminó de agriarse. Dejó apuntes de tener buenos mimbres para hacer un cesto. Cerró al hilo de las tablas con circulares para terminar de calentar al tendido. Con la espada adoleció de estar verde y pinchó en varias ocasiones.

El quinto, también mostró su condición en el saludo capotero de Rubén, y de igual manera acudiendo al caballo que guardaba la puerta. En banderilla, no tuvo mal comportamiento. Rubén apostó con el novillo totalmente crudo y estructuró la faena prácticamente por el pitón derecho. Supo darle distancia entre tanda, pero el novillo entraba y salía con una embestida muy informal, y al rematar soltaba la cara. ¡Peligro! Al mismo tiempo valor el del novillero, para querer hacerse un hueco en este escalafón. Con la zurda, supo correr la mano para meter al novillo en la muleta. Los mimbres los tiene. Las oportunidades por ley, las tiene ganadas para novilladas venideras en ésta, o en la próxima temporada. Con la espada, pecó de estar verde y erró en varias ocasiones y tuvo que usar el descabello.

Leandro saludó al tercero de manera acompasada por verónicas. Este tercero, también buscó al caballo que guardaba la puerta. Manso sin más. En el turno de quites, hubo rivalidad entre Leandro y Montero. Cada uno por un palo, pero llegaron ambos al tendido. En banderillas, el novillo navegó entre dos aguas, y el novillero tuvo que exponer en el último tercio. La la estructura de la faena fue con la diestra, y el de San Isidro sabía lo que había detrás de la mata. Por el pitón izquierdo, entraba y salía con la cara alta. De embestida informal, este tercero le puso en apuros al debutante con caballos, aunque solventó la papeleta de manera decorosa. Con la espada, adoleció de estar verde y erró en varias ocasiones.

El sexto, con una guadaña por pitón derecho, salió suelto y desentendido del capote de Leandro, aunque lo consiguió soplar alguna verónica suelta. Tras el encuentro con el caballo y el tercio de banderillas, el novillo fue empeorando su comportamiento. Los dos pares de Adalid, y el la lidia de la cuadrilla al completo, pusieron en pie al respetable. Gutiérrez lo intentó, por ambos pitones cuando el novillo buscaba la salida. Con la diestra le sopló un par de tandas con cierto decoro, pero la condición del animal le puso en una tesitura difícil. Eso sí, estando cruzado, lo consiguió meter en la muleta con la diestra. El novillo por el izquierdo, cuando el novillero cruzaba la línea al pitón contrario, también entraba y llegó al tendido. En toriles le enganchó toreando al natural sin aparentes consecuencias. Bajonazo.

Ficha del festejo:

Plaza de toros de Añover de Tajo. 50% de aforo según normativa. Novillos de San Isidro bien presentados, y con mucha leña por delante. Mansa en líneas generales excepto el que cuarto fue aplaudido en el arrastre

Francisco Montero. Ovación con saludos y palmas

Rubén Fernández. Ovación con saludos y palmas

Leandro Gutiérrez. Ovación con saludos y dos orejas.