No es la primera vez que nos azota una pandemia. Del año 1918 al 1920, en nuestro país nos sacudió la Gripe Española, dejando unos 300.000 muertos, y fue conocida así porque la pandemia ocupó una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que España no estaba involucrada en la guerra mundial y por tanto no se censuró la información sobre la enfermedad. Aunque el origen del virus  fue presuntamente en Estados Unidos. Por desgracia, esta es la pandemia, la de la Gripe Española, es la más devastadora conocida hasta ahora,  ya que en solo un año mató entre 20 y 40 millones de personas en todo el mundo.

Durante los años que duró la Gripe Española, aquí en España, había una gran diferencia en relación con la pandemia de coronavirus que nos está azotando en estos momentos. Esa gran diferencia, es la libertad en su máxima extensión de la palabra. A parte de otra gran diferencia, lo avanzada que está la medicina en estos momentos. Casi 100 años de por medio, y una diferencia abismal entre la sociedad de antes y la de ahora. Una sociedad quizá menos polarizada, y evidentemente menos crispada. La única similitud y nexo de unión, es el uso de la mascarilla para prevenir más contagios.

Pero yendo al punto de la libertad, y con una sociedad menos polarizada, y siendo los festejos taurinos el primer espectáculo de masas en España, la gente vivía el ir a los toros con una intensidad sublime. Era todo un acontecimiento social, y no había tantos ataques orquestados hacia el sector taurino. Entonces, al aficionado, no le tachaban con un aspa en color rojo, ni al profesional del sector le tachaban de asesino. Entonces la libertad, no estaba cortocircuitada, aunque en esos momentos, cada persona tenía su propia forma de pensar. Unas mentes no tan contaminadas, eran la idiosincrasia y la identidad de un pueblo levantado sobre sus hombros. Curioso, ¿Verdad?  Saquen sus conclusiones, de éste arresto y privacidad de nuestra libertad, y en consecuencia de nuestros derechos amparados por la Constitución Española. Lógicamente, la cantidad de festejos era mucho menos, y las ferias estaban estructuradas de otra manera.

Pero mientras tanto, y con la libertad cortocircuitada, el coronavirus recorre sin tregua los cuatro costados de la geografía española sin dar ni un minuto de tregua y con las Navidades llamando al timbre de nuestras casas. Por otro lado, las prohibiciones dictatoriales están a la orden del día con un Gobierno  que lleva una hoja de ruta que está dañando los cimientos de un país, atacando nuestra libertad, y asaltando de manera canalla y rastrera nuestra Constitución Española. Ahora bien, con estos ataques a la libertad, y el asalto a la Constitución dentro del Congreso de los Diputados, el mundo del toro está siendo ferozmente atacado y nefastamente defendido. Una ecuación difícil de resolver, cuando la solución forma parte del problema. ¿No? Y no, no es un juego de palabras, es la triste y cruda realidad.

En resumidas cuentas, durante la pandemia de la Gripe Española, ni los derechos de los ciudadanos estaban tan asaltados, ni la libertad estaba secuestrada con el pueblo español en calidad de rehén. El presenciar un festejo taurino, no era sinónimo de un acto canalla. Ni vivir del toro, estaba mirado con lupa, siendo hoy por hoy el profesional del sector, una persona totalmente discriminada.