«Quién no ha visto toros en el Puerto no sabe lo que es un día de toros” que razón tenía Joselito “El Gallo” cuando lo dijo y es que El Puerto es mucho Puerto y aquí se viven las tardes más especiales del año. Manzanares y Aguado brindaron un mágico mano a mano y los toros de Juan Pedro Domecq, quinto y sexto fueron los artífices de dos obras de arte efímeras pero que se quedarán en la mente de los cerca de 6.000 personas que colgaron el “No hay billetes” sobre el aforo permitido.

Manzanares volvió a ser el que era, el que tarde tras tarde triunfaba por toda España, y el que tantas veces enamoró al Puerto. Se fue a porta gayola dos veces, se lució de capote y se vació el la muleta. Al quinto le armó un lío. Cambió Manzanares sus formas, no toreó en círculos como estábamos acostumbrados si no que enganchaba y culminaba los muletazos y eso hace ganar en profundidad. Rotundo, macizo, torero. Con la espada un cañón. Aguado también estuvo más enfibrado y dispuesto que otras tardes. Dejó una obra de arte en el sexto. No se puede torear más relajado, con más arte y con más pasión que el sevillano. Hizo sonar la música con el capote y puso al público en pie tras cada tanda. Los dos triunfaron y el público despidió la temporada portuense por todo lo alto saliendo toreando de la plaza.

Arrebatado salió Manzanares. Hasta la puerta de chiqueros se fue de inicio para recibir a ‘Rañoso’ a ‘porta gayola’, el lance salió limpio y tras el otra larga de rodillas en los medios y un ramillete de verónicas a compás con gusto y empaque que hicieron conectar de inicio con los tendidos. Sensacional fue la lidia de Daniel Duarte y los pares de banderillas de Luis Blázquez y ‘Mambru’ que se destocaron. Llegó el ‘juanpedro’ muy justo de motor a la muleta. Embestidas defensivas, sin transmitir y escasa fuerza si se le bajaba en exceso la mano. Manzanares estuvo queriendo. Dándole los tiempos y jugando a la perfección con las alturas. Dejó algún natural suelto de bella factura pero no se pudo redondear la faena y todo quedó en nada. Pinchazo y estocada. Ovación.

Pablo Aguado replicó a Manzanares y se marchó a la puerta de chiqueros para recibir a ‘Tulipán’, un toro abanto y sin fijeza que demostró de inicio estar justo de fuerzas. Un par de verónicas templadas y con sabor y poco más de capote. Iván García se desmonteró tras parear de forma magistral como acostumbra y junto a él Pascual Mellinas. Aguado estuvo pinturero ante un enclasado y noble pero escaso de transmisión de Juan Pedro Domecq. La faena tuvo pasajes de torería, sabor y gusto. Sobre todo con los naturales en los que Aguado puso la sal que no tenía el toro. ¡Qué bonito torea Aguado! Y es que hubo naturales perfectos, que podrían ser carteles de toros y que rememoraron el toreo de la saga de los Vazquez. Los molinetes garbosos y el toreo final de ayudados por alto una delicia. Erró reiteradamente con la espada y eso le privó del trofeo. Ovación.

Sin pensárselo Manzanares volvió a la puerta de chiqueros. Más ajustado que en su primero se pasó al toro de rodillas. A continuación en el tercio un ramillete de verónicas de mano baja, con empaque y embarcando al toro desde el principio que fueron rematadas con una notable media. Brillaron en banderillas José Chacón y Luis Blázquez. En la faena de muleta el toro no se rebozaba, le costaba salirse de los engaños y tampoco tenía emoción. Manzanares puso todo de su parte para que el toro rompiera dejando una faena en la que primó la estética. La banda de música fue protagonista al interpretar, incomprensiblemente pero no por ello menos bello, el ‘Concierto de Aranjuez’ e hizo que la faena de Manzanares calara con más fuerza en los tendidos. Al natural llegó lo mejor, aunque nada se pudo rematar. Pinchazo y estocada. Ovación.

El cuarto de la tarde ‘Romántico’ de nombre aparentaba más trapío que sus hermanos pero no le sobraba tampoco fuerzas ni motor. Con la capa Aguado solo pudo dejar un par de medias verónicas muy gustosas. Llegó el ‘juanpedro’ a la muleta vacío de casta. No había mimbres para armar un cesto. Un pozo sin agua. Aguado lo intentó todo, incluso en exceso para su concepto. Sólo pudo dejar una tanda de naturales arrebatados que despertaron los ‘olés’ de un público aletargado ante la falta de emoción. Estocada entera. Palmas.

El quinto de la tarde duró más y transmitió más. Tuvo más genio que bravura y Manzanares lo entendió a la perfección recordando a aquel Manzanares rotundo y macizo que tanto gustaba. Recibió al toro por verónicas muy asentadas, acompañando con todo el cuerpo y ganándole terreno. En varas destacó Francisco Javier Sánchez que se agarró al palo tras una brusca embestida del ‘juanpedro’. En banderillas dio una lección de lidia José Chacón y de parear Daniel Duarte y Blázquez que se desmonteraron. Manzanares no perdió tiempo y apretó al toro desde el inicio en los medios. Toreo en redondo largo, profundo, sin ese circular que no se sabe cuando empieza y acaban los pases. Obligó al toro, lo crujió por abajo y el toro le respondió. Por el izquierdo el toro protestaba y no era igual. Rápidamente volvió a la diestra, otras dos tandas en redondo macizas, con empaque, con gusto, con pasión y con torería. Las tandas no podían ser largas pero el alicantino llenaba la escena con elegancia toreando sin toro. Finalizó la faena con una tanda de naturales meritoria. La estocada fue de libro. A recibir y lo reventó. 2 orejas.

Aguado desplegó su prodigioso capote en el sexto. Un recibo a la verónica con mucho sabor, cotilleando, recogiendo las embestidas del burel en un capotito chico, la figura natural… una locura, lástima que las dos últimas se engancharon y no pudo terminar de redondearse. En el quite llegó un momento de peligro cuando el toro prendió a Aguado por la pantorrilla cuando ejecutaba una chicuelina. Se levantó arrebatado y le dio otras dos antológicas, con garbo y ajuste máximo y una media eterna que hizo sonar la música. Hubo mucha pasión en la faena de muleta. Aguado realizó una obra de arte que hizo crujir los tendidos. No se puede torear mejor. El toro no quería nada por el izquierdo pero por el derecho tenía un son y un ritmo para paladear el toreo. ¡Y vaya si lo paladeó Aguado! En los medios dibujaba un toreo en redondo al ralentí, acompañando con la cintura, meciéndose con el cuerpo. Al salir de cada serie el público como un resorte en pie. Iba enganchando los muletazos adelante, se lo embarcaba con la bamba, a media altura, a su aire, y se los enroscaba. Las muñecas rotas y las gargantas del público… también. Aguado volvió a ser el de las tardes de Sevilla, Huelva, Ronda, Granada… la mejor versión. Tras un pinchazo lo mató y cayó rápido. El suceso ocurrió. 2 orejas.

Ficha técnica:

Plaza de toros del Puerto de Santa María (Cádiz). Cuarta de Feria. Se colgó el cartel de “No hay billetes”.

Toros de Juan Pedro Domecq. 1º sin transmisión, 2º clase sin emoción, 3º faltó recorrido, 4º sin emoción, 5º encastado y 6º enclasado y con motor que acabó rajado.

José María Manzanares (azul y oro). Ovación, ovación y 2 orejas.

Pablo Aguado (burdeos y oro). Ovación, palmas y 2 orejas.

Fotografías: Eva Morales.